El dimorfismo sexual es responsable de la extinción de muchas especies, pero también puede suponer una ventaja evolutiva.

El dimorfismo es la existencia de dos formas anatómicas diferentes dentro de una misma especie. Cuando estas diferencias son fisiológicas, morfológicas y de comportamiento, y dependen del sexo biológico del individuo hablamos de dimorfismo sexual.

Estamos familiarizados con los pavos reales. Unas aves asiáticas cuyos machos presentan espléndidas plumas de color azul iridiscente además de una cola secundaria muy llamativa con ocelos. Las hembras, sin embargo, son marrones y menos vistosas. Claramente, el dimorfismo sexual de los pavos reales confiere a las hembras mayor camuflaje, mientras que los machos son blancos para depredadores. Pero los machos no solo están más desprotegidos ante sus predadores, sino que también se ha convertido en un apreciado ornamento en jardines y parques de todo el mundo.

Megalocero macho

Dimorfismo sexual y extinción

Otro ejemplo conocido es el del alce irlandés o megalocero. Estos alces vivieron durante el Pleistoceno y se extinguieron durante la primera parte del Holoceno -hace unos 10.000 años-. Los machos de este cérvido tenían astas gigantes de un máximo de 3.65 m de punta a punta con un peso de hasta 40 kg. En cada estro o época de celo, los machos regeneraban un nuevo par de astas, utilizando muchísima energía anualmente. De hecho, puede ser que tal consumo energético no fuera viable durante el Pleistoceno tardío y que esta falta de recursos causara la muerte de los machos. No obstante, se han encontrado restos fósiles de cornamentas más pequeñas. Esto contrargumenta la hipótesis anterior porque indica la adaptabilidad evolutiva de la cornamenta del megalocero permitiendole regenerar cornamentas de mayor o menor tamaño en función de la cantidad de recursos disponibles.

La selección sexual, por tanto, no tiene por qué mejorar la especie desde el punto de vista evolutivo

Sea o no el dimorfismo la causa de la desaparición del megalocero, existen casos en la naturaleza de extinciones impulsadas por dimorfismos sexuales extremos. Un estudio realizado por el Instituto Smithsoniano, en Washington D.C., y publicado en la revista Nature ha desvelado que muchas especies de ostracodos (unos crustáceos minúsculos) se extinguieron a causa del dimorfismo sexual de los machos. En la investigación, demostraron que aquellos crustáceos bivalvos con mayor dimorfismo sexual presentaban tasas de extinción diez veces mayores que aquellas especies con menor dimorfismo.

Muchos otros seres vivos también presentan un fuerte dimorfismo sexual. Las hembras de los peces Lophiiformes son considerablemente más grandes que los machos y además presentan un órgano luminiscente (esca) ausente en el sexo opuesto. Este orden de peces no está extinto, así que su dimorfismo no parece que les suponga una desventaja.

Hembra de Bufoceratias wedli , especie de Lophiiformes

Dimorfismo sexual en Homo sapiens

Los seres humanos presentan dos sexos biológicos distintos -XX y XY-. Esta diferencia genética es tal vez el principal factor de dimorfismo en nuestra especie, pues conlleva expresión genérica diferente entre ambos sexos.

Algunas de las diferencias físicas más notables son: la distribución de grasas, la proporción de masa muscular, la altura, el volumen pulmonar, la proporción de componentes sanguíneos o el tamaño cerebral. Estas diferencias no hacen más aptos a unos individuos de un sexo biológico que a otros, pues todo depende de las necesidades del individuo en un determinado momento. Por ejemplo, la distribución de la grasa en mujeres* ha evolucionado, entre otras cosas, para proteger al feto durante el embarazo. Esta cualidad sería inútil en hombres*.

¿A qué se debe el dimorfismo sexual?

Alfred Russel Wallace propuso que el ambiente  podía potenciar el dimorfismo sexual de una especie. En las especies en las que cada sexo ocupa un nicho diferente, el dimorfismo sexual explica las adaptaciones pertinentes y distintas en cada sexo para asegurar la supervivencia de los individuos.

La selección sexual es un factor más importante a tener en cuenta según Charles Robert Darwin. De hecho, esta tesis tuvo mayor aceptación en el mundo científico y actualmente sigue teniendo validez. La selección sexual se puede dar cuando uno de los sexos prefiere determinados caracteres en su pareja reproductiva y excluye a aquellos individuos que no cumplen esta condición. Este tipo de selección se llama selección intersexual. La selección intrasexual también es un tipo de selección sexual. En este caso, son individuos del mismo sexo los que compiten para aparearse; así se fomenta la conservación de unos caracteres específicos ventajosos en la competición. La selección sexual, por tanto, no tiene por qué mejorar la especie desde el punto de vista evolutivo.

Un ejemplo curioso

Si estudiamos el caso de Megalagrion calliphya, especie de caballito del diablo, observaremos un ejemplo muy curioso de dimorfismo sexual. Las hembras de esta especie son polimorfas. Esto es, pueden ser rojas, como los machos, o verdes. Los machos prefieren a las hembras verdes, así que con el tiempo, las hembras rojas terminarían por desaparecer. Sin embargo, la selección sexual no ha sido suficiente para eliminar el fenotipo (o rasgo físico) rojo en hembras. ¿Por qué? Primero, los machos prefieren a las hembras verdes, pero también se aparean con las rojas. Y segundo, los machos son muy agresivos durante el apareamiento haciendo que las hembras sufran bastante; las hembras rojas tienen una ventaja de supervivencia frente a las verdes.

Megalagrion calliphya

Según Cooper, la bióloga evolucionista que investigó este dimorfismo sexual, hay más causas que pueden explicar la diferencia de coloración. Cooper se dio cuenta de que la cantidad de hembras rojas aumentaba con la altitud, igual que la radiación solar. Esto indica que el polimorfismo está relacionado con la termoregulación del insecto o con la protección que aporta el pigmento rojo frente a los rayos ultravioletas. Entonces, no podemos darle toda la razón a Darwin; el dimorfismo sexual puede suceder por diferentes causas.

Podemos concluir que no hay una causa única que explique el dimorfismo sexual, y que tanto Wallace como Darwin tengan algo de razón cada uno. La variabilidad genética intraespecífica puede deberse a múltiples causas y es necesario analizar cada especie en su hábitat para entender su evolución.

*En este artículo los términos hombre y mujer se basan en la definición biológica de los mismos, es decir, en la presencia/ausencia de cromosoma Y.

 

 

Bibliografía

Cooper, I. A. (2010). Ecology of sexual dimorphism and clinal variation of coloration in a damselfly. The American Naturalist, 176(5), 566-572.

Fernandes Martins, M. J., Puckett T.M., Lockwood, R., Swaddle J. P. & Hunt G. (2018). High male sexual investment as a driver of extinction in fossil ostracods. Nature DOI: 10.1038/

Shine, R. (1989). Ecological causes for the evolution of sexual dimorphism: a review of the evidence. The Quarterly Review of Biology, 64(4), 419-461.

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