Eugenio Salvador Dalí fue pintor, escultor, grabador, escenógrafo y escritor español del siglo XX. Se le considera uno de los máximos representantes del Surrealismo, movimiento inscrito en el marco de lo que denominamos Vanguardias Artísticas. El Surrealismo es un movimiento artístico surgido en Francia en los años 20, en torno a la personalidad del poeta André Breton, quién describió sus bases en el Manifiesto Surrealista.

La finalidad del artista surrealista era la de conocerse a sí mismo a través de la exploración de su mente, del inconsciente. Los temas más recurrentes son precisamente los que exploran los instintos más primitivos del hombre: La brevedad del paso del tiempo, la sexualidad, o lo complejo y enigmático de la vida y la muerte.

Salvador Dalí fue la máxima representación del movimiento en España, aunque técnicamente terminó por alejarse del automatismo propio de esta vanguardia. En este artículo se mostrarán cinco de sus obras más importantes y las claves de su simbología para llegar a entender la mente de este genio.

LA PERSISTENCIA DE LA MEMORIALa-persistencia-de-la-memoria

Para entender esta obra debemos prestar atención a tres elementos clave que aparecen en ella. Por una parte, y lo que parece más evidente, son los propios relojes derritiéndose. Cada uno de ellos marca una hora, menos el reloj rígido, que se encuentra boca abajo. Dalí emplea estos relojes para representar la fugacidad del tiempo y, con ello, la de la propia memoria. Al fondo a la derecha de la composición hay unos acantilados, pétreos y perennes. Son la representación de lo que sí perdurará; el escenario siempre se mantiene, mientras que nosotros somos seres finitos que además, van perdiendo capacidades y “pudriéndose” como una fruta muy madura. Las hormigas son el tercer elemento, asociadas a la mortalidad, y a la propia finitud del hombre, que caminan sobre el reloj rígido advirtiendo de la presencia permanente de la muerte. En el centro podemos ver una cara deformada, la del propio Dalí.

LA TENTACIÓN DE SAN ANTONIO
La-tentación-de-San-AntonioSe trata de una de las obras de Dalí que más fácilmente se puede interpretar. Aunque la pintura está cargada de símbolos, son mucho más generalizados que los que él mismo inventó para representar su subconsciente.

San Antonio, desnudo y sin ningún arma con la que defenderse más allá de un simple crucifijo, se enfrenta a la imagen que se cierne irremediablemente sobre él. Un caballo, seguido de unos elefantes representados al estilo de Dalí enseñan a San Antonio las peores tentaciones a las que podría enfrentarse un hombre. La ambición, representada por el caballo; la tentación y la sexualidad a través de la mujer desnuda del primer elefante, y la avaricia con los últimos elefantes que cargan oro y un templo.

Al fondo de la composición hay varias figuras. Conviene remarcar que las dos últimas son un padre y un hijo. Dalí declaró en varias ocasiones la obsesión que su padre le trasladó por las enfermedades venéreas, derivadas sin duda de una vida de exceso sexual, que es lo que representan la mujer desnuda y el torso que se ve en el templo.

EL GRAN MASTURBADOREl-gran-masturbadorEsta obra es una representación de la sexualidad del pintor en su máxima expresión. Se sabe que el padre de Dalí le proporcionó una educación ciertamente peculiar, inculcándole miedos ligados a la sexualidad. Dalí siente por Gala, su mujer, una pasión irrefrenable; y esto es justo lo que representa este cuadro. La masa central amarilla es un retrato de Dalí, en cuya boca reposa una mantis, representación de la mujer fatal por ser un animal que se come al macho. La mantis sería Gala, y los peligros de la sexualidad (como el contraer enfermedades). La mujer que se acerca a los genitales masculinos y de la que surge un lirio es la seguridad que proporciona la masturbación, como único método para sentirse a salvo.

Las piedras, las plumas verdes y rojas, y la silueta del hombre de la izquierda simbolizan la complicada relación con su padre, que propició la turbia visión a la que se enfrentaba el pintor en aquel momento.

Dalí | ¿What’s my line?

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