Durante prácticamente doscientos años (entre los años 1096 y 1291), en la Edad Media, la cristiandad se embarcó en una serie de campañas militares con el firme objetivo de recuperar los lugares santos, así como restablecer la soberanía sobre Tierra Santa. Era el Papa quien convocaba estas santas cruzadas, llamando a las armas a todos los reyes cristianos para que los designios divinos se vieran cumplidos, luchando principalmente contra los musulmanes.

En este contexto belicoso, plagado por un rosario de sucesivas cruzadas, se produjo un hecho que, cuanto menos, resulta curioso. Además, las fuentes documentales solo lo confirman parcialmente, ya que la realidad queda a menudo empañada por la leyenda. Y es que en el año 1212, un niño francés llamado Esteban de Cloyes elaboró una serie de cartas por inspiración del propio Jesucristo, instando al Rey de Francia a que iniciara una nueva cruzada (la Quinta Cruzada). Pero el monarca, al recibir la visita del joven y escuchar sus demandas, se negó a emprender una nueva campaña militar. Cuando Esteban regresó a su ciudad, parece ser que fue visitado de nuevo por el hijo de Dios, el cual lo reconoció como el niño que habría de liderar una Cruzada Infantil que recuperaría Jerusalén, arrebatándosela a los musulmanes sin emplear armas ni derramar sangre, sino que rendirían la ciudad con el poder del amor.

Esteban de Cloyes recorrió así Francia predicando su divino mensaje, llegando al sur de Francia (las fuentes apuntan a Niza o Marsella) liderando a una hueste de entre 20.000 y 30.000 almas, siendo la inmensa mayoría de ellos niños. No obstante, este nutrido número se vio reducido, ya que las demandas de intendencia que una empresa así necesitaba no se vieron cubiertas, permaneciendo fieles tan solo un tercio de todos ellos. Finalmente, tras esperar en vano a que el poder divino obrase en su favor para cruzar el Mediterráneo, unos comerciantes se ofrecieron a poner a disposición de los jóvenes unas embarcaciones para que pudieran cumplir con su objetivo. Esteban accedió, y los niños embarcaron para proseguir con su particular cruzada. Pero ya no se supo más de estos niños hasta que en el año 1230 un sacerdote, que regresaba de Oriente, informó de que algunos de esos barcos se hundieron y que otros habían sido capturados por piratas (incluso los propios mercaderes pudieron haber vendido a los niños como esclavos).

Resulta curioso señalar que en el Sacro Imperio Romano sucedió un hecho similar al que protagonizó Esteban de Cloyes en Francia. En este caso el protagonista fue Nicolás, un niño que vivía en una pequeña población del Rin. Su marcha lo llevó hasta la mismísima Roma, en donde el Papa Inocencio instó a los pocos que  mantuvieron su firmeza de ideales junto a Nicolás (muchos se quedaron en Génova o volvieron sus a casas) a que regresaran a sus hogares, y que cuando fueran más mayores dieran cumplimiento a sus deseos de reconquista convirtiéndose en verdaderos cruzados.

Ambas Cruzadas Infantiles tienen su origen precisamente en dos de las principales potencias de la Europa cristiana que en esta época contribuyeron en mayor medida a aportar ejércitos para la recuperación de Jerusalén: la Francia de los Capeto y el Sacro Imperio Romano Germánico. Históricamente, se ha llegado incluso a cuestionar la veracidad de estos hechos, pero lo que parece más o menos claro es que estos testimonios hablan de una realidad muy extendida en esta época. Amplios grupos de gentes desfavorecidas se veían movidas a vender y abandonar sus tierras por la crisis económica, alimentando lo que se conoce como Cruzadas Populares (o de los pobres), ya que ésta era la única vía de escape a su malograda condición social y económica. A estas gentes se les denominaba de forma amable y condescendiente como ‘pueri’ (del latín chico), llevando a error a los cronistas que posteriormente tuvieron acceso a estas fuentes. A la hora de traducir este término se haría referencia erróneamente a niños o chicos, concluyendo de forma equivocada que eran cruzadas infantiles.

BIBLIOGRAFÍA:

-Donado Vara, J. y Echevarría Arsuaga, A. La Edad Media: siglos V-XII. Editorial Uni-versitaria Ramón Areces, UNED. Madrid, 2009.

-Donado Vara, J.; Echevarría Arsuaga, A.; Barquero Goñi, C.: La Edad Media: siglos XIII-XV. Editorial Uni-versitaria Ramón Areces, UNED, Madrid, 2009.

-Russell, F. H.: “Crusade, Children’s”. En Dictionary of the Middle Ages, vol. 4, 1984.

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