Don Rodrigo Díaz de Vivar, también conocido como Ruy Díaz o el Cid Campeador, fue un osado infanzón burgalés, jefe de una mesnada propia de caballeros que batallaron en tierras, cristianas y musulmanas, de una España medieval dividida en diversos reinos, donde las guerras y conquistas se desarrollaban con frecuencia en un mundo siempre enfrentado.

Sus hazañas llegan hasta nuestros días, máxime a través del Cantar del Mio Cid, un texto en verso de inigualable valor cultural y literario, escrito en castellano antiguo. En él se relatan las hazañas de nuestro héroe, forjando en leyenda su causa y combinando certeza y mito, luces y sombras en un tiempo cruel, cuando los hombres se mataban a golpes de acero; y, también, grandes gestas que pasarían a los anales de la historia y marcarían a todo un pueblo, el nuestro: España, la vieja Iberia helena. Sin duda, el Cid es el héroe principal de la Reconquista, proeza gestada tiempo atrás por otro ídolo, don Pelayo, en el norte peninsular.

Como en toda leyenda, el Cid ―o Sidi― (cuyo significado es “señor” en árabe), el señor de los moros y de los cristianos, empuñó las míticas espadas Tizona y Colada, y cabalgó a lomos de Babieca, su célebre caballo de guerra.  No obstante, hay quien niega esto, o, por lo menos, expone que los citados nombres no corresponden con los reales, pues solo aparecen descritos en el Cantar de Mio Cid, en definitiva una obra épica no histórica. Con todo, muchos los aceptamos con lealtad y rechazamos otros, pues estos están marcados a fuego en nuestras mentes y, sobre todo, en nuestros corazones.

Tampoco podemos olvidarnos tanto de la esposa del Cid, doña Jimena, la bella de cabellos rubios, como de sus hijas Cristina y María. Las tres permanecieron confinadas en el monasterio de San Pedro de Cardeña hasta la llegada del Cid, que había sido desterrado por su rey Alfonso VI de León. El destierro se había producido cuando el infanzón exigió al monarca, aun con riesgo de perder su propia vida, jurar que no estaba detrás de la muerte de su hermano Sancho II, el anterior rey castellano y señor del héroe. Como a menudo sucede, el poder no conoce la humildad, y el Campeador sufriría un injusto destierro decretado por el monarca humillado. Mientras, Jimena anhelaba con pena su llegada, vislumbrando desde la alta torre del monasterio los parajes solitarios y abruptos que se distinguían en el horizonte, por donde más tarde regresaría su esposo.

Otro de los firmes pilares que hacen aún más legendaria la historia del Cid Campeador es su “camino”. El Camino del Cid, según relata el Cantar del Mio Cid, comienza en Vivar, su pueblo, y finaliza nada más y nada menos que en Orihuela, en la actual provincia de Alicante, ciudad perteneciente al antiguo Reino de Murcia, muy distante de las frías tierras de Burgos. El Cid y sus hombres recorrieron muchas leguas en sus aventuras y hasta conquistaron Valencia, la capital del sureste español.

Hoy por hoy, el Camino del Cid es una ruta pública y de interés turístico, que se puede realizar tanto caminando o en bicicleta como en vehículo a motor. Además, gran cantidad de establecimientos de hostelería y turismo colaboran sellando con su cuño el salvoconducto oficial, un documento que acredita la realización de la ruta. En la misma portada del salvoconducto aparece el dibujo de una corneja, símbolo del Camino del Cid, con la siguiente leyenda: “A la salida de Vivar tuvieron la corneja a la derecha”, perteneciente al Verso II del Cantar del Mio Cid. Debajo, y toda en mayúscula, la palabra: Salvoconducto; y a continuación: “para andar y viajar a salvo por las tierras e reynos que yo, rodrigo, caminare e viare e conociere”. Así aparece en el excelente poema:

Allí piensan aguijar, allí sueltan las riendas.
A la salida de Vivar, tuvieron la corneja diestra.
Y, entrando en Burgos, tuviéronla siniestra.
Meció mío Cid los hombros y movió la cabeza:
―¡Albricias, Álvar Fáñez, que echados somos de tierra!

Como ya se ha relatado al principio, la historia de don Rodrigo Díaz de Vivar combina certeza y mito; es leyenda y realidad, caminos antiguos, magnos castillos y agitados estandartes al viento.

Información sobre el “Camino del Cid”

Esta web dispone de toda la información necesaria para hacer el Camino del Cid: https://www.caminodelcid.org/.

Bibliografía

  • Cantar del Mio Cid. Austral, 2010.
  • David Porrimas González. El Cid. Historia y mito de un señor de la guerra. Desperta Ferro Ediciones, 2019.
  • Arturo Pérez-Reverte. Sidi. Alfaguara, 2019.
  • Gonzalo Martínez Díez. El Cid histórico. Booket, 2001.
  • José Luis Corral. El Cid. Editorial Planeta, 2016.

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Miguel Costa
Miguel Costa nació en Murcia (España) en 1975. Es amante de la Historia y desde muy joven aficionado a la lectura, sobre todo a la literatura fantástica, de terror y policíaca. Es seguidor empedernido de escritores como Stephen King, R. A. Salvatore, J.R.R. Tolkien, Gustavo Adolfo Bécquer o Edgar Allan Poe, entre otros. Es miembro fundador del grupo literario de escritores de genero fantástico Círculo de Fantasía, y autor de la saga de novelas de fantasía épica “Los Señores del Edén”, de los libros de relatos “El Pasaje del Diablo”, “El mercader y el samana”, “El sendero de la sangre”, “Las voces de la demencia” y “Cantos de Tierra Leyenda” y de los poemarios “Para Virginia” y “En tierras de penumbra”; y “La bruma del infierno”, “La morada de las sombras” y “La habitación de la bestia”, tres libros de relatos de terror con la escritora Virginia Alba Pagán, al igual que el poemario “Versos de Medianoche”. Y pertenece a la Asociación Literaria Cultural La Estación de las Palabras. En 2019 queda finalista en el V Concurso de Haikus de la Librería Haiku de Barcelona, siendo publicado su poema en un libro de la editorial Shinden Ediciones. También ha participado en las antologías de relatos “Dragones de Stygia I, II, III y IV” y en el poemario “Versos de Stygia I y II” del Círculo de Fantasía.