Los mamuts fueron una especie de mamíferos gigantes que se extinguieron hace casi 4000 años. De enorme tamaño, trompa y colmillos de marfil, forman junto a los mastodontes los antepasados de los elefantes actuales.

Aparecieron por primera vez durante el Plioceno (era geológica que comenzó hace 5,5 millones de años), y se han encontrado restos de ellos en todos los continentes, a excepción de Oceanía y Antártida.

Con un peso aproximado de entre 6 y 8 toneladas, (llegando a alcanzar hasta 12 en algunas especies) y una altura de hasta 10 metros en las especies más grandes, la mayoría de sus poblaciones vivieron en las zonas más gélidas del planeta.

Representación aproximada de un ejemplar de estos “gigantes amables” ancestrales.

No es casualidad que Manny, el protagonista de la exitosa franquicia de películas Ice Age, sea un gigantesco mamut lanudo, una de las especies más grandes y conocidas de este género de animales.

En cuanto a su fisionomía, eran elefantes prehistóricos: proboscídeos (nariz en forma de trompa larga y musculosa), cabeza abombada, colmillos grandes, curvados y afilados, plantígrados y peludos en el caso de las especies que vivían más al Norte, para protegerse del frío polar.

Su colosal tamaño y piel increíblemente dura (como la de un rinoceronte) hacían de estos animales los reyes del mundo durante las épocas de las glaciaciones.

Aunque no llegaron a convivir con los dinosaurios, su aparición desde finales del período Cuaternario hasta llegar a compartir el tiempo con los primeros seres humanos hacen de este impresionante titán una especie inmortal, cuyo halo de grandeza y misterio ha sido capaz de perdurar hasta nuestros días.

Colmillo de mamut frente a un lago ártico.

Tratándose de una criatura tan prominente, lo normal es que dejara huellas físicas en el mundo actual.

La mayoría de los fósiles de mamut han sido encontrados en las latitudes más septentrionales del planeta: Europa, Asia y Norteamérica. Por lo general, se han conservado restos criogenizados y enterrados en el hielo, pero también han podido ser descubiertos trozos de pezuñas, pelos, huesos y colmillos.

El principal responsable del buen estado en el que se han encontrado estos tesoros paleontológicos ha sido precisamente el frío: las extremadamente bajas temperaturas de glaciares y tundras han permitido que la conservación de estos fósiles de mamut haya rozado la perfección: la mayoría de los colmillos, por ejemplo, se encuentran intactos, e incluso ha sido posible conocer la dieta de estos enormes mamíferos gracias a que los últimos alimentos que ingirieron todavía se encontraban en sus estómagos, perfectamente conservados: sin haber sido digeridos durante 4000 años de Historia.

Actual cazador de mamuts desenterrando un enorme colmillo en Siberia, Rusia.

Pero, ¿es cronológicamente posible que existan cazadores de mamuts actualmente? La respuesta es .

No existen personas capaces de capturar o matar un mamut vivo hoy en día, evidentemente. Pero sí que existe gente que ha conseguido hacer de la búsqueda de mamuts su modo de vida.

Debemos pensar que cuando se construyeron las pirámides de Guiza en Egipto, todavía quedaban mamuts caminando sobre la faz de la Tierra, así que su relativa “juventud” como especie, unida al frío extremo, hace bastante sencilla la conservación de sus restos.

Una gran cantidad de colmillos de mamut han sido conservados prácticamente intactos por el frío en la tundra siberiana.

Existen recolectores que se dedican a rastrear algunas zonas frías en busca de estos colosales fósiles para luego venderlos. Por una buena pieza, como puede ser un colmillo completo, pueden llegar a conseguir más de 1.500 dólares por kilo. Los colmillos más grandes pueden llegar a medir hasta 6 metros de longitud, y su masa puede alcanzar incluso 100 kilogramos de peso. Un buen ejemplar puede superar los 150.000 dólares.

 

Cazador de mamuts descansando junto a su almacén de fósiles. Entre su botín podemos apreciar colmillos y huesos.

La pieza más codiciada son los colmillos, pero también pueden ganar cantidades nada despreciables de dinero con uñas, huesos, trozos de piel o cualquier otro tipo de resto biológico que haya pertenecido a algún mamut.

Actualmente se calcula que existen miles de toneladas de colmillos de marfil esparcidos por todo el territorio siberiano, y la producción anual a día de hoy oscila entre 40 y 70 toneladas.

Cazadores yakutos recuperando colmillos de mamut enterrados en el hielo ruso.

Extraer una pieza puede conllevar trabajar en ella durante horas e incluso varios días. También es habitual que estos “cazadores” dejen ofrendas o pequeños regalos (tales como collares, colgantes, pulseras o piedras) en los lugares donde obtienen estos restos.

Un hombre trata de obtener dos colmillos de mamut que se empiezan a entrever en las hendiduras de la roca.

Aunque la abundancia reduce el valor de estos tesoros, se han convertido ya en una parte muy importante del sustento vital de los pueblos siberianos que se dedican a recogerlo.

Pila de restos de mamut junto a la casa del cazador que los recogió.

A pesar de que gran parte de estos fósiles acaban en el mercado negro, vendidos por cantidades muy superiores a la que los intermediarios pagan normalmente a los recolectores que los obtienen, gran cantidad de pueblos siberianos han conseguido sobrevivir gracias al tráfico (no siempre legal) de colmillos y otros restos de mamuts.

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