El único mortal que osó escuchar el dulce canto de las Sirenas y vivió para contarlo fue el legendario Ulises, episodio narrado en la Odisea. Estas criaturas mitológicas tenían la malévola costumbre de seducir a los marineros incautos para después atraparlos y matarlos.

Ulises y las Sirenas. Museo del Bardo, Túnez

Las misteriosas Sirenas

Proseguía Ulises su viaje hacia Ítaca y su amada Penélope acompañado por sus incansables hombres. Durante tres días y tres noches, permaneció Ulises inmerso en sus pensamientos. ¿Tal vez pensaba cual sería la próxima eventualidad? Después de una “entrañable” visita por el Hades, la tripulación continuó en dirección a su destino. Pero a pesar de superar este obstáculo, a nuestros protagonistas todavía les esperaban muchas sorpresas. De hecho, el siguiente desafío que tendrían que afrontar iba a ser uno de los más recordados de la Odisea, por sus tintes de lo más dramáticos.

Mientras se encontraban navegando, los vientos que les habían guiado durante su travesía desaparecieron de forma repentina. Las aguas permanecieron inmóviles, como si flotaran en un estanque. Estas extrañas circunstancias parecían presagiar un terrible augurio para Ulises y el resto de la tripulación. Poco a poco, lograron distinguir la costa de una hermosa isla a la que se dirigían de forma irremediable. Aparentemente nada peligroso se advertía en el horizonte. Pero entonces Ulises recordó lo que Tiresias le había narrado y pronto comprendió que se estaban acercando a la misteriosa isla de las Sirenas.

¿Pero qué eran exactamente estos seres? ¿Por qué eran tan temidos por los marineros? No nos debemos dejar llevar por nuestras primeras apreciaciones. En la actualidad, solemos representar a estas criaturas mitológicas como bellísimas mujeres con la mitad inferior de su cuerpo en forma de pez. A primera vista, no parecen tan siniestras, ¿verdad? Sin embargo, pese a esta amable apariencia (en teoría), en la Antigua Grecia eran representadas de forma muy diferente y ciertamente mucho más inquietante. Los habitantes de la Hélade se imaginaron a la Sirenas como terribles monstruos, mitad hembras, mitad aves. ¿Entonces como atraían a los hombres que surcaban los mares? Muy sencillo. A través de su hipnótico canto conseguían hacerles perder la cabeza y conducirles hacia su fatal perdición.

Estatua funeraria de sirena. Museo arqueológico de Atenas

El encuentro con las Sirenas

Debido a estas vicisitudes, casi era mejor no trata de sucumbir a su encanto, por muy tentador que fuese. Ulises conocía muy bien la tenebrosa leyenda de las Sirenas. Demasiados marineros habían caído bajo las garras de estas maléficas criaturas. Por esta razón, advirtió a sus hombres de los peligros a los que se exponían de atreverse a escuchar esa seductora melodía. Pero el propio Ulises quiso arriesgarse a pesar de lo que pudiese ocurrir. Para evitar un trágico destino, siguió los consejos de la hábil maga Circe y ordenó a sus hombres que lo ataran fuertemente al mástil del barco y que remaran lo más rápido posible sin detenerse ni por un instante. Además, antes de lo que atasen, nuestro héroe reblandeció un puñado de cera y lo repartió entre sus marineros para que se taponaran los oídos. Así las malvadas artes de las Sirenas no surtirían ningún efecto.

Todo se hizo de acuerdo a sus órdenes. Ulises quedó amarrado al mástil sin apenas poder moverse y el resto de la tripulación había sido ensordecida debido a los tapones de cera. Ya estaban listos para la prueba de fuego. Según se iban aproximando a la isla, un dulce y misterioso canto, el más hermoso de todos cuantos se habían escuchado, empezó a resonar. Las Sirenas trataron de seducir a los marineros, con una voz angelical que les prometía la felicidad plena si arribaban a sus costas. Era una música celestial, digna de los mismísimos dioses del Olimpo. Pero pese a esta maravillosa experiencia, tan solo se trataba de un astuto cebo. La tripulación permaneció impasible, sordos como estaban a causa de la cera en sus oídos. Mejor para ellos, desde luego. No ocurrió de la misma manera con Ulises. Su osadía de querer escuchar a toda costa el seductor cántico de las Sirenas le acabó jugando una mala pasada.

Ulises atado al mástil de su barco mientras escucha el cántico de las Sirenas. Fuente: abcblogs.abc.es

Nuestro héroe conocía de sobra las historias que se contaban acerca de estos horribles monstruos. Pero de nada le sirvieron estos conocimientos, pues al escuchar a las Sirenas, su mente y corazón quedaron bloqueados. Ahora solo deseaba quedarse en aquel “paraíso terrenal”, que él pensaba equivocadamente que se trataba de su hogar Ítaca. Gracias a las perversas acciones de estas criaturas mitológicas, Ulises podía escuchar la voz de su esposa Penélope y de su hijo Telémaco. Pero todo era un engaño de las Sirenas para darse un sabroso festín con nuestro héroe. Desesperado por liberarse de las cuerdas que le mantenían atado, Ulises suplicó a sus hombres que le dejaran libre con el fin de reencontrarse con su imaginaria familia. A pesar de sus ruegos, la tripulación no le hizo el menor caso. Mejor para él, y para todos, claro. Completamente fuera de sí, Ulises gritó y gritó además de tratar de zafarse de las cuerdas que le protegían. Tan fuertes eran sus movimientos, que incluso le llegaron a sangrar los tobillos y muñecas. Cuando hubieron pasado de largo la isla, los cánticos cesaron y Ulises cayó exhausto. Ya bien lejos de las Sirenas, su compañero Euríloco le soltó. Fue entonces cuando les narró lo que había experimentado, una auténtica pesadilla. Después sopló un viento propicio y prosiguieron con su periplo.

Reflexión del mito

Para los antiguos griegos, la seducción era ciertamente muy peligrosa. ¿Quién no representaba mejor este deseo que las terribles Sirenas? Provistas con alas y afiladas garras, no obstante, serían sus cánticos el arma más poderosa de cuantas poseían pues con ellos podían atraer sus víctimas sin que opusieran ninguna resistencia. En contraste con este aspecto clásico, en el imaginario actual estos seres casi siempre son representados mitad mujeres, mitad peces, dotadas de una extraordinaria belleza, capaces de seducir a cualquier mortal. Sin duda, en todas las leyendas en las que aparecían, constituían uno de los peligros más temidos por los navegantes, a pesar de su amable apariencia. Un funesto desenlace acechaba a todos aquellos con demasiada curiosidad en conocer más de cerca a estos seres. ¿Pero cómo acabaron cambiando de forma? Posiblemente esta “transformación” se debiera a su íntima relación con los mares y océanos. Pero lo que sí parece claro, es que con el paso de los años, se las asoció con la tentación y el pecado femenino. ¿Qué nos podría ocurrir si nos dejamos llevar por nuestras emociones antes que por la razón? Nada bueno, o al menos eso es lo que nos contaron los antiguos griegos.

Representación de una sirena con cola de pez. Pintura de John William Waterhouse

En este mito, otra vez Ulises supo superar la adversidad gracias a su temple y astucia. Estamos ante un líder que se prepara debidamente para enfrentarse al peor de los escenarios, guiando a sus hombres en todo momento para salvarles de una muerte más que segura. Pero por otro lado, también observamos a un hombre impulsivo y temerario, que se pone a sí mismo en peligro con tal de experimentar los más tiernos placeres de la vida. Todos los grandes héroes albergan ciertas contradicciones, debatiéndose a menudo entre el bien y el mal. Pero pese a estas diatribas, Ulises se encargó de engañar a la misma seducción. Incluso se podría decir que fue nuestro protagonista el que se encargó de seducir a las Sirenas, y no al revés. Para no caer en la trampa, se hizo atar al mástil y obligó a sus hombres a taponarse los oídos. Haber esquivado la seducción hubiera constituido la acción más prudente, sin embargo Ulises prefirió arriesgarse de todos modos. Para su fortuna, las Sirenas no pudieron hacer nada frente al ingenio. En los tiempos actuales, somos constantemente seducidos de maneras muy variopintas para alcanzar unos objetivos, a veces no demasiado éticos. Pero no siempre podremos tener la misma suerte que Ulises.

Bibliografía:

Commelin, P. (2017). Mitología griega y romana. La Esfera de los Libros, S.L.

Goñi, C. (2017). Cuéntame un mito. Editorial Ariel.

Hard, R. (2004). El gran libro de la mitología griega. La Esfera de los Libros, S.L.

Mas, L. (2021). Sirenas griegas, los pájaros de la muerte. HistoriaNationalGeographic. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/sirenas-griegas-pajaros-muerte_16864

Schwab, G. Leyendas griegas. Editorial Taschen