Hablar de los caminos llamados reales que la Corona española abrió y consolidó en América, es valorizar la importancia que supuso esta red en la integración y comunicación de aquellas tierras tras su descubrimiento. Es resaltar la relevancia que representó su creación para el avance social y económico de América.

No se puede entender el desarrollo y progreso de aquella nueva sociedad que se estaba creando sin mencionar los caminos españoles, que se abrieron como vías de comercio, de civilización y como puentes de unión entre culturas diferentes. Los caminos reales fueron una prioridad de la política de la Monarquía desde el principio. Hoy, cinco de los diecinueve caminos catalogados como Camino Histórico Nacional (National Historic Trail) en EEUU, son españoles. Uno de ellos, el Camino Real de Tierra Adentro es Patrimonio de la Humanidad.

Fotografía del Camino Real de Tierra Adentro.

Los Reyes Católicos sabían desde la toma de Granada de la importancia de los caminos para el desarrollo y ampliación de sus reinos. Los caminos se convirtieron en el motor de toda la organización económica tanto peninsular como en las Indias. Permitieron el transporte de mercancías y personas. Fueron por tanto de interés público, y la Corona asumió su competencia y los colocó bajo su protección, legislando sobre ellos. Por eso, según explica María Luisa Pérez González, en su estudio sobre Los caminos reales de América en la legislación y en la historia, el camino real en América consolida la colonización como una empresa Real. “El interés de la Corona estaba en que las leyes propiciaran que los caminos se extendieran en todas direcciones, viéndose así articulado y consolidado todo el territorio. El camino real en América posibilitó, quizá más que ninguna otra institución, la vinculación de estas nuevas tierras y sus moradores al resto del imperio español”.

Los Caminos Reales

El interés por los Caminos Reales en el Nuevo Mundo se manifiesta casi desde el momento mismo del Descubrimiento de América. Era imprescindible conectar todo el territorio. En 1573 las Ordenanzas de Descubrimiento, nueva población y pacificación de las Indias establecen en su artículo 37 que las nuevas poblaciones “tengan buena salida por mar y por tierra de buenos caminos y navegación para que se pueda entrar fácilmente y salir a comerciar y gobernar, socorrer y defender”.

Las sendas que se encontraron los españoles cuando llegaron a América, eran veredas por donde solo podían transitar personas, pero no carros ni animales de tiro, de los cuales carecían, salvo en algunas zonas del Perú donde utilizaban las llamas. Al principio los españoles utilizaron estas vías primitivas de los indios para su orientación. Pero los nuevos caminos no siguieron en la mayoría de las veces estas rutas indígenas, sino que fueron de nueva creación. Se ensancharon, se rebajaron sus pendientes, se eliminaron escalones… Los españoles construyeron dos tipos de caminos: unos de gran longitud como el Camino Real de Tierra Adentro, desde la ciudad de México hasta Santa Fe de Nuevo México; y otros más cortos, pero cuya apertura era igualmente imprescindible. Es el caso del Camino de Veracruz abierto en 1540 y que unió la capital del virreinato de Nueva España con el puerto de Veracruz. De los primeros surgieron ramales o caminos secundarios cuya función era la misma, integración y consolidación de los nuevos territorios. Otra seña de identidad de los caminos reales era su amplitud, entre ocho y doce varas de anchura, unos diez metros.

¿Quiénes construían estos caminos? Durante los siglos XVI y XVII las obras de ingeniería civil fueron realizadas por ingenieros militares y por maestros de obra. Con la llegada a España de la monarquía de los Borbones en el siglo XVIII se creó la organización del Cuerpo de Ingenieros Militares para la construcción de edificaciones defensivas y caminos. A falta de expertos, en todas las expediciones de colonos que recorrían los caminos americanos no faltaban aprovisionamiento de madera, carpinteros y obreros para acometer la reconstrucción de puentes por las crecidas de los ríos, o mejoras en el terreno para el paso de mulas y carros.

El Camino Real de Tierra Adentro

El Camino Real de Tierra Adentro unía a través de 2.560 kilómetros Ciudad de México en Nueva España con Santa Fe de Nuevo México, convirtiéndose en uno de los más largos y antiguos de América. La parte sur del camino pasaba por ciudades como San Luis de Potosí, Durango, Chihuahua y El Paso del Norte, actual Ciudad Juárez, en la frontera del Río Grande. La parte norte, perteneciente hoy a EEUU, es obra de la expedición de Juan de Oñate en 1598, una expedición compuesta por casi cien carretas y colonos que atravesó el Río Grande para adentrarse hacia lo desconocido. El camino discurría durante cientos de kilómetros por territorios nada integrados en el Imperio. Con el nombre de Tierra Adentro se calificaban aquellas regiones del norte que eran poco conocidas y estaban escasamente pobladas, apunta la escritora Elvira Roca Barea. El destino final era la ciudad de Santa Fe, capital de Nuevo México. Todos los caminos españoles de los siglos XVIII y XIX en el Oeste, según el Doctor en Ingeniería de Caminos Luis Laorden, estaban orientados a esta ciudad. “La Plaza Mayor era el sitio deseado de todos los viajeros, el kilómetro cero para nuestros días”. Recorrer todo el camino entre Ciudad de México y Santa Fe podía durar seis meses. Era largo y peligroso. Había que enfrentarse al calor del desierto, la sed, el desbordamiento de ríos y a los indios, que en muchas ocasiones eran hostiles, especialmente los apaches.  Nadie se aventuraba a recorrerlo en solitario, sobre todo su parte norte. Había que esperar que se reuniera un grupo suficiente de viajeros que garantizase la seguridad. Precisamente para proteger el camino se fundaron presidios, fuertes españoles con guarniciones militares. Parajes con nombres como Jornada del muerto (desierto de Chihuahua) o pueblos denominados como Socorro, muestran la dureza a la que se enfrentaron los españoles.  El nombre de Socorro “se lo puso Oñate al poblado en el que encontró indios amables que dieron agua y alimentos y gracias a los cuales sobrevivieron los expedicionarios” asegura Luis Laorden.  A pesar de las penurias, los esfuerzos, la dureza del terreno y la hostilidad de los indios, el camino se hizo y perduró en el tiempo. Fue recorrido por misioneros, exploradores, colonos, y transitado por carros y animales de carga que transportaron metales, plata y mercurio. Este camino, considerado una obra maestra del genio creativo del hombre, fue declarado por la UNESCO en 2010 Patrimonio de la Humanidad.  EEUU utilizó este y otros caminos españoles para la invasión de México en 1846 y para su expansión hacia el Oeste en la segunda mitad del siglo XIX.

Mapa del paso del Camino Real de Tierra Adentro.

Caminos Reales de las Misiones

La necesidad de enviar suministros de manera segura a las Misiones de California motivó el llamado Camino de Anza, otro de los catalogados por EEUU como Camino Histórico Nacional (National Historic Trail). Se trata del camino seguido por el explorador Juan Bautista de Anza en sus dos expediciones a California entre 1774 y 1776. Había que recorrer una zona ya conocida, pero de difícil acceso, cuyo abastecimiento por tierra era complicado. El camino, de más de 2.000 kilómetros, comenzaba en el norte de México, y finalizaba en la actual ciudad norteamericana de San Francisco. Junto a casi trescientos colonos, Anza abrió el camino en el que se eligieron aquellos terrenos más fértiles para ubicar asentamientos. Al puerto de San Francisco ya habían llegado los españoles cinco años antes. Pero es Anza el que trazó una ruta terrestre segura para unir México con California. Las tribus indias del Norte, ante el empuje y la presión que sufrían por la expansión de los británicos y norteamericanos hacia el Oeste, se iban desplazando desde las Montañas Rocosas hacia el sur. Anza quiso asegurar las comunicaciones entre Santa Fe y los asentamientos situados hacia el oeste. Y lo consiguió gracias a una red defensiva de fuertes y su lucha con indios comanches principalmente.

Antes de que Anza realizara su expedición y abriera un camino seguro, existían cuatro misiones españolas en la zona. Su paso por una de ellas, la Misión de San Gabriel, supuso la fundación de la ciudad de Los Ángeles. En la actualidad se celebran todos los años las expediciones de Juan Bautista de Anza para conmemorar la creación de la ciudad norteamericana.

Las Misiones de Alta California fueron las últimas que fundó España en América. Los españoles crearon un sistema de misiones “que incorporase para España a los pobladores indios sin necesidad de guerra y actuase como escudo protector en caso necesario”, escribe Laorden.

En el norte de América podríamos seguir hablando de otros caminos, como el Camino de Santa Fe, de unos 2.000 kilómetros, abierto por el explorador Pedro Vial en 1792. Esta ruta ya había sido pisada antes, en 1540 por otras expediciones españolas. Atraviesa los Estados actuales de Missouri, Kansas, Oklahoma, Colorado y Nuevo México; el Camino Real de los Tejas, fruto de las expediciones militares de Alonso de León a partir de 1686 y que partía del Camino Real de Tierra Adentro. San Antonio, una de las ciudades creadas a raíz de este camino es hoy en día una ciudad emblemática del Estado de Texas. Más de la mitad de su población tiene sangre hispana. Y en el sur de América hablamos, entre otros, del Camino Real de Chiapas, desde México a Guatemala; del de Buenos Aires con Potosí, en la actual Bolivia; o el Camino Real de Lima a Venezuela. Pero hay muchos más…

Caminos principales, secundarios, ramales… que unían ciudades, poblados, misiones, fuertes. Caminos que tendieron puentes entre culturas, sociedades, hombres y mujeres, españoles e indios. Una obra con seña de identidad. España se echó a andar en América abriendo caminos.

Referencias:

  • María Luisa Pérez González. Los caminos reales de América en la legislación y en la historia. Universidad de Sevilla
  • Luis Laorden Jiménez. Los caminos españoles en el oeste americano que son National Historic Trails de Estados Unidos. Biblioteca Universidad Francisco de Vitoria
  • Ángel Hernández Sobrino. Los caminos reales en España y en la América colonial: los caminos del azogue. www.lanzadigital.com
  • Elvira Roca Barea. Imperiofobia y Leyenda Negra. Ed. Siruela
  • Ignacio del Pozo Gutiérrez. Juan Bautista de Azna y la exploración de la Alta Californiarevistadehistoria.es