El 25 de octubre de 1415, junto a la aldea de Azincourt, tuvo lugar una de las batallas más memorables de la Guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia. Un grupo de soldados ingleses desesperados lograron derrotar contra todo pronóstico a un ejército francés mucho más numeroso. El resultado de este enfrentamiento propició que en los años siguientes Inglaterra se adueñase de la mitad norte de Francia, dejando a este reino en una situación límite. No sería hasta la profética llegada de Juana de Arco, apodada la Doncella de Orleans, cuando las tornas volvieran a cambiarse.

Batalla de Azincourt. Miniatura del siglo XV

Contexto histórico: Guerra de los Cien Años (1337-1453)

Para poder entender el contexto histórico de la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra, debemos retrotraernos en el tiempo varios siglos atrás. La victoria de Guillermo I el Conquistador en la batalla de Hastings de 1066, dio como resultado que el ducado de Normandía y el reino de Inglaterra quedasen vinculados políticamente. Posteriormente el rey inglés Enrique II de Plantagenet (1154-1189) se casó con Leonor de Aquitania, añadiendo este territorio a sus dominios. De esta manera, Inglaterra fue acumulando grandes extensiones en la costa y el interior francés. Estas disputas territoriales constituyeron el germen del conflicto que se prolongaría durante más de un siglo.

En 1328, falleció Carlos IV de Francia, el último rey de la dinastía de los Capetos. Su primo hermano Felipe VI de Valois (1328-1350) fue reconocido como rey de Francia en virtud de la Ley Sálica. No obstante, esta situación sería aprovechada por Eduardo III de Inglaterra, el cual reclamó el trono francés a través de su madre Isabel, hermana del fallecido Carlos IV de Francia. En el año 1337, Felipe VI de Francia reclamó a Eduardo III el territorio francés de la Gascuña, bajo poder de Inglaterra, lo que desencadenaría el enfrentamiento entre las dos naciones. Otro hecho que favoreció el inicio de las hostilidades fue el apoyo tácito de Francia a Escocia en contra del rey inglés.

Durante la primera fase de la Guerra de los Cien Años, Inglaterra tomó ventaja sobre los franceses consiguiendo importantes victorias como en Sluys (1340), Crécy (1346) y Poitiers (1356). Por si fuera poco, en 1358 estalló la Jacquerie, una revuelta campesina antiseñorial que tuvo grandes consecuencias. Posteriormente Francia se vio obligada a firmar el humillante tratado de Brétigny (1360) por el cual cedía a Inglaterra la Gran Aquitania, Calais y sus alrededores, además del rescate de tres millones de escudos por la liberación de Juan II de Francia, que había sido hecho prisionero. En contrapartida, Eduardo III renunciaba al trono francés. No obstante, el reino de Francia había quedado bastante debilitado.

División de Francia tras la firma del tratado de Brétigny. En rosa, los territorios ocupados por Inglaterra. En verde, el reino de Francia.

A pesar de la firma de este tratado, Francia e Inglaterra volverían a enfrentarse a raíz del estallido de la guerra civil castellana entre Pedro I el Cruel (apoyado por Inglaterra) y Enrique II de Trastámara (apoyado por Francia). En esta nueva fase, Francia fue recuperando paulatinamente parte de los territorios que le habían sido usurpados en el tratado de Brétigny. Mientras tanto, al otro lado del canal de la Mancha tras la muerte de Eduardo III de Inglaterra en 1377, sería su nieto Ricardo II el que heredaría la corona ya que su primogénito, el Príncipe Negro, había fallecido con anterioridad. Tanto Ricardo II de Inglaterra como Carlos VI de Francia acordaron una tregua y forjaron una alianza a través del matrimonio del rey inglés con Isabel, hija de Carlos VI. Sin embargo, la llegada al trono de Enrique V de Inglaterra en 1413 cambiaría los designios de la guerra.

Preparativos

Nada más hacerse con el poder, Enrique V se propuso retomar el control de las posesiones inglesas perdidas en territorio francés y hacer efectivos sus derechos dinásticos a la corona de Francia. Primero lo intentó por la vía diplomática, al tratar de pactar un matrimonio con Catalina de Valois, hija de Carlos VI, sin demasiado éxito. Fue entonces cuando el rey inglés decidió acudir a las armas para solucionar la cuestión sucesoria. Para la consecución de su plan, Enrique V dobló su disponibilidad de navíos y confiscó todas las embarcaciones atracadas en los puertos ingleses. Posteriormente reunió a todos los caballeros y grandes señores de Inglaterra, obligados a prestar el servicio de armas. En 1414, el Parlamento votó financiar la campaña militar del monarca a través de un doble subsidio. Pero ante la lentitud de la tramitación de este doble subsidio, Enrique V decidió pedir préstamos a la Iglesia y a las ciudades teniendo que entregar como garantía las joyas del tesoro real.

El 16 de junio de 1415, Enrique V marchó de Londres hacia el puerto de Southampton para embarcar a su ejército. Para el 11 de agosto, la flota formada por unas 12.000 guerreros zarpó rumbo a las costas de Francia. Dos días después, se produjo el desembarco frente a la fortaleza de Harfleur, el primer objetivo de Enrique V. Sin embargo, la conquista de esta localidad requirió mucho más tiempo del previsto. Durante el asedio, el ejército inglés fue víctima de la disentería. Finalmente, el 22 de septiembre de 1415 Harfleur se rindió y las tropas de Enrique V se dirigieron hacia la plaza inglesa de Calais por lo que debían atravesar el río Somme. No obstante, el ejército francés había derruido todos los puentes imposibilitando el paso hacia el otro lado. Por esta razón, los ingleses debieron buscar un sitio alternativo por el que poder cruzar el Somme. Para su suerte, encontraron un vado por el se trasladaron durante el 19 de octubre. Los franceses eligieron un campo abierto, cerca de Azincourt, para esperar al enemigo. Cuando los ingleses hicieron acto de presencia era el 24 de octubre. Estaban mal alimentados y agotados por tantos días de campaña.

Desarrollo de la batalla

La ventaja para los franceses jugaba a su favor en orden de tres a uno (algunas fuentes la elevan a 5). Debido a esta superioridad numérica, en el bando francés se había instalado una peligrosa sensación de seguridad. Al amanecer del día 25 de octubre, se dispuso su formación en un campo que se hallaba lleno de barro debido a las anteriores lluvias. Al frente del ejército francés, se encontraban los grandes señores con sus armaduras relucientes. Detrás de ellos, los soldados estaban bien armados y exultantes ante las condiciones supuestamente inferiores del enemigo. Los ingleses estaban desesperados y desmotivados, pero entonces Enrique V apareció a lomos de su caballo infundiendo fuerza y ánimos entre sus hombres. El rey inglés llevaba un sobreveste bordado con las armas de Inglaterra (tres leones dorados sobre fondo rojo) y las de Francia (flores de lis doradas sobre fondo azul). A su vez, portaba en su yelmo una corona adornada con la flor de lis, en su clara pretensión al trono francés. La batalla definitiva que iba a sellar los destinos de Francia e Inglaterra estaba a punto de comenzar.

Enrique V dispuso un frente alargado con tres cuerpos de hombres de armas, flanqueados por otros dos cuerpos de arqueros. Por otro lado, se habían cortado estacas afiladas de madera de 1’8 metros de largo para clavarlas en el suelo y así frenar a la potente caballería francesa. Frente a ellos, el conglomerado francés había seguido el esquema tradicional compuesto por la vanguardia, el centro y la retaguardia. En la vanguardia, se hallaban Boucicaut y D’Albret junto con la caballería de élite para ejercer una carga contra los arqueros ingleses. Los hombres de armas se vieron obligados a luchar a pie en un terreno completamente embarrado, lo que les restaba efectividad. Al no obtener respuesta del enemigo, los hombres de Enrique V avanzaron hasta colocarse en posición de ataque. Una densa lluvia de flechas procedente de los arqueros oscureció de pronto el cielo de Azincourt y los franceses realizaron su carga. Fue entonces cuando quedaron atrapados entre las estacas de madera. Algunos quedaron empalados, otros murieron a flechazos.

Arqueros ingleses en Azincourt. Fuente: HistoriaUniversal

Por sino fuera ya de por sí penosa su situación, el lodo impedía el avance francés hacia la vanguardia inglesa. Los supervivientes se amontonaban unos con otros tratando de entablar combate desesperadamente. Lo más ilustre de la nobleza francesa halló la muerte en el campo de Azincourt aquel fatídico día. Los arqueros ingleses atacaron con espadas, dagas y mazas de plomo mientras que soldados franceses se movían con dificultad debido a sus pesadas armaduras. Un grupo de escuderos borgoñones había apostado acabar con la vida de Enrique V, fracasando todos en su cometido. No obstante, uno de ellos consiguió arrancarle la flor de lis de su corona antes de morir. La encarnizada lucha se prolongó unas horas más hasta cobrarse la vida de la plana mayor de la caballería francesa. Los ingleses lograron capturar miles de prisioneros. Aún tuvo lugar un último ataque procedente de otro batallón francés que acabó en fracaso por la diligente actuación de los arqueros ingleses y las estacas. Para evitar que se les unieran, Enrique V había ordenado ejecutar a casi todos los cautivos, excepto a los de mayor linaje. La derrota para Francia en Azincourt había sido total y absoluta.

Consecuencias

Concluido el enfrentamiento, el ejército inglés avanzó hacia Calais, como tenía previsto. Desde allí se embarcó a Inglaterra. El 16 de noviembre de 1415, Enrique V llegó a Dover y posteriormente a Londres. Mientras iba de camino a la capital, se detuvo en la catedral de Canterbury donde fue recibido con honores por el arzobispo junto con un buen número de clérigos. Hallándose dentro de la basílica Enrique V dio gracias a Dios por su singular victoria y realizó ofrendas a las reliquias de Thomas Becket. Posteriormente se dirigió al lugar donde estaban enterrados su padre Enrique IV y Eduardo de Woodstok, el Príncipe Negro. Esta visita tenía una gran carga política pues de alguna manera, Enrique V deseaba enlazar su victoria con las de Crécy y Poitiers, encabezadas por el Príncipe Negro. A su llegada a Londres, fue aclamado por la población como el gran héroe de Inglaterra.

La victoria inglesa de Azincourt permitió afianzar las posesiones inglesas en Francia, las cuales irían aumentando hacia el sur hasta alcanzar el valle del Loira. Por otro lado, tras su triunfo incontestable Enrique V firmó con Francia el tratado de Troyes en 1420, a través del cual Carlos VI de Francia le entregaba a su hija Catalina de Valois en matrimonio reconociéndole como legítimo heredero. Por ello, dejaba fuera del trono a su propio hijo el delfín Carlos (futuro Carlos VII) sobre el cual pesaban además ciertos rumores de que era bastardo. Las consecuencias de este tratado suponían el fenecimiento de facto de la corona francesa, al fundirse en una misma persona los tronos de Inglaterra y Francia. La situación no podía ser más delicada para el desafortunado pueblo francés.

No obstante, Enrique V de Inglaterra falleció en 1422 por lo que sería el hijo de este y de Catalina de Valois, Enrique VI, el que sería coronado como rey de Inglaterra con apenas ocho meses de vida y posteriormente rey de Francia en 1431. Sin embargo, su contrincante el delfín Carlos todavía controlaba la mitad sur del reino. Su situación era poco menos que desesperada cuando entre los años 1428-1429 los ingleses pusieron en asedio a la estratégica ciudad de Orleans. Parecía que su final como monarca estaba próximo. Pero entonces hizo su aparición una enigmática doncella que afirmaba haber sido enviada por el mismo Dios para una difícil misión: expulsar a los ingleses de Francia y permitir su coronación como Carlos VII. Su nombre, Juana de Arco.

Juana de Arco
Captura de Juana de Arco en Compiègne. Óleo por Adolphe-Alexander

Bibliografía:

Barker, J. (2005). Agincourt: The King, the Campaign, the Battle. Little Brown, Londres.

Grant, G. R. (2017). 1001 batallas que cambiaron el curso de la Historia. Penguin Random House Grupo Editorial S.A.U, Barcelona.

Historia National Geographic. Grandes batallas de la Edad Media. Edición especial.