El bad painting es una corriente artística que tiene su origen al final de la década de 1970. La denominación procede de la expresión que empleó la crítica y comisaria artística Marcia Tucker para referirse al estilo de los artistas de una exhibición en el New Museum of Contemporary Art de Nueva York.

La exhibición tuvo lugar en febrero de 1978 y los artistas para aquel entonces eran más bien desconocidos. Se trata de una tendencia de pintura figurativa norteamericana que mostraba un rechazo por los estilos recientes. Sus manifestaciones artísticas no tienen que ver con la incompetencia técnica, con el desconocimiento o con la falta de juicio estético. Su resistencia contra el supuesto “buen gusto” y contra lo convencionalmente aceptado hizo que el término “bad” (malo) adquiriese un sentido contraventor respecto a los modos clásicos de dibujo. Muchas de sus representaciones tienen un carácter irónico y humorístico mezclado con una visión personal de la realidad.

Entre el final de los años 70 y el principio de los 80 del siglo XX los fuertes cambios sociales trajeron consigo alteraciones en la escena artística internacional. El predominio del arte conceptual se vio interrumpido por las llamadas transvanguardias internacionales entre las que destacaban los nuevos fauves o neoexpresionismo alemán, la transvanguardia italiana y el bad painting norteamericano. Los catorce artistas de la exposición de 1978, además de subvertir a nivel técnico los estilos tradicionales, a nivel estético transgredieron el “buen gusto” y el intelectualismo que era propio de las expresiones del arte conceptual.

Los artistas del bad painting combinaron fuentes tradicionales de la historia del arte con recursos que no son propiamente artísticos. Se retorna a la figuración, pero se trata de una figuración personal y deformada que presenta una visión subjetiva del mundo. Se reivindicó la subcultura y, con su exhibición, se consiguió institucionalizar el “mal gusto”. Con esto se pretendió una relativización de las nociones de “los bueno” y “lo malo”, poniendo de manifiesto la flexibilidad de criterios y sus condiciones subjetivas e institucionales. En suma, Marcia Tucker declaró que “badpainting era un título irónico para obras que en realidad eran “goodpainting, las cuales se caracterizaban por la deformación figurativa y el contenido irrelevante o fantástico presentado con una mezcla de medios artísticos y no artísticos.

La naturaleza subversiva del bad painting iba acompañada de la reivindicación del valor de la imagen, puesto que es el correlato espontáneo de la oposición a la desmaterialización plástica imperante en la corriente que pretendía “la reducción del arte a una idea pura que no suponga la intervención de ningún ‘oficio’ artístico”, según el historiador del arte Robert Atkins. En cierto sentido, se puede entender al bad painting no tanto como una corriente transgresora, sino más bien como un retorno figurativo y subjetivista conservador respecto a la subversión real de las tendencias que cuestionaban el concepto tradicional de “obra de arte” que reaccionaron contra la estética formal y se abrieron a la performatividad. De hecho, las expresiones del bad painting pueden ser consideradas como reflejos perturbadores de la realidad tamizados por la particularidad individual. El subjetivismo, la afección y la lógica representacional siguen desempeñando un papel fundamental para estos artistas. La denuncia social y la crítica de la realidad son también elementos relevantes para muchos artistas del bad painting.

Las obras del bad painting se realizaban normalmente en tela o lona cuando eran pinturas al óleo, pero también usaron soportes de madera cuando empleaban materiales sólidos para la creación de sus trabajos. Además, algunos artistas usaron materiales heteróclitos como fragmentos de cerámica. Abordaron tanto temas académicos como temas cotidianos y triviales. Sus composiciones destacan, en general, por su descentramiento, por la supresión de puntos de anclaje visual, por las marcadas disonancias cromáticas y por una ejecución en apariencia poco trabajada, sin calidad y apresurada.

Los artistas más representativos del bad painting son Neil Jenney y los trece artistas estadounidenses restantes de la exposición de 1978. Sin embargo, existen otras figuras importantes cuyas obras se consideran relacionadas con esta tendencia artística. Hacemos una sucinta selección de obras.

1. Neil Jenney | Man and machine

 

2. Julian Schnabel | Painting Without Mercy

 

3. Eduardo Carrillo | Las tropicanas

 

4. Earl Staley | Mermaid

 

5. Shari Urquhart | Interior with Aquanauts or Two Tubs in a Tub

 

6. Judith Linhares | Turkey

 

7. Judith Linhares | The Ghostly Lover

 

8. Judith Linhares | Mona is Watching

 

9. James Albertson | Momento Mori

 

10. James Albertson | Sex, Religion and the Good Life

 

11. Joseph Hilton | Annual Event

 

12. Charles Garabedian | Culver City Flood

 

13. Charles Garabedian | Adam and Eve

 

14. Shari Urquhart | Interior with Sugar Talk

 

15. Jean-Michel Basquiat | (Sin título)

 

16. Stephen Buckley | Les Flons Flons

 

 

Fuente

The New Museum Press Release. BadPainting. New Museum Digital Archive, Exhibitions.

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