Acerquémonos a la mesa de operaciones y comencemos nuestro propósito. Eso sí, después de haber sometido a asepsia nuestras manos, útiles para lo que a continuación viene. Una higiene integral es imprescindible para del desarrollo de una óptima operación. La operación es la siguiente: procederemos a realizar la autopsia al cuerpo que tenemos tendido junto a nosotros y que será quien nos indique las causas fundamentales de su ser y el estado de su cuerpo.

Comenzamos. Procedemos con extremada cautela y precisión. Nos servimos del instrumental que tenemos a nuestra disposición para abrir y explorar el ser constitutivo del cuerpo que vamos a analizar. Empezamos con el bisturí, si el tejido es blando, o con el escalpelo, y realizamos un corte incisivo en el lugar que se presupone nuclear. Se nos abre, entonces, el tejido superficial, dejando ver el interior: de la epidermis superficial a los tejidos constituyentes del cuerpo. Nos introducimos, después, ahondando en el tejido hasta las proximidades de lo que pretendemos sanar: de los síntomas visibles al tuétano más nuclear y fundamental.

Y comienza nuestra andadura con el proceso de sanación: la radiografía nos enseñó en qué estado se hallaba el cuerpo dañado. Por ello, no vamos a ciegas en el proceso de sanación del cuerpo. Después de ver los distintos estratos histológicos y llegar al tuétano del asunto comprobamos el contenido dañado y vemos su constitución, extrayendo parte de su composición para someterlo a análisis y, así, reducir su capacidad tanática y necrófaga. En el caso de que el asunto a análisis sea un tumor dañino debe procederse a su extirpación.

Una vez realizada la terapia, (reparación del tejido dañado o extirpación del tumor), y asegurándonos de la curación del cuerpo dañado, procedemos a cerrar el tejido. Del tuétano nuclear a la epidermis superficial. Y esperamos la total curación del cuerpo dañado después de la operación a que ha sido sometido.

Lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp. Pintado por Rembrandt.

ALEGORÍA HERMENÉUTICA HISTÓRICA

La mesa de operaciones simboliza nuestro ámbito de estudio. Serán las condiciones iniciales de partida, el presupuesto con el que partimos para realizar el estudio de análisis.

La asepsia integral es tan importante como estar libre de prejuicios, o en la medida que estos sean imposibles de evitar, que se expliciten y se hagan patentes de modo claro y diáfano.

El historiador es ante todo un auscultador del pretérito que adquiere su conocimiento merced a la investigación, un sujeto que tiene en sus ojos (opsis) y sus manos (praxis) los instrumentos de análisis.

El cuerpo dañado será el objeto primordial de análisis. El campo de estudio con el que pretendemos sacar los contenidos del pasado, para traerlos al presente y hacerlos conscientes y patentes. Los datos, libros, contenidos y residuos que conservemos del pasado.

La cautela y la precisión serán el rigor y la prudencia.

El corte realizado con el instrumental podemos ilustrarlo del modo como sigue: en la diacronía histórica, una intersección sincrónica que permita dejar a la vista y a las manos el tuétano nuclear del que se pretende obtener datos significativos. La epidermis superficial será el conjunto de tópicos y de conocimientos previos, insuficientes y banales en muchos casos, por los cuales comenzar. El tuétano nuclear será el ámbito primordial en el que debemos centrar el análisis y de donde extraer lecciones fundamentales y conocimientos valiosos que nos ayuden a interpretar nuestro presente. De la epidermis superficial de los contenidos banales al tuétano nuclear de los contenidos y lecciones primordiales.

Los síntomas visibles son las repercusiones que las ideas pretéritas tienen en el presente. Son las resonancias vibrantes que llegan hasta nuestra época y que hacen de eco de la voz principal. Un trasunto fundamental de los contenidos primordiales.

Los estratos histológicos serán las distintas épocas históricas en las que esas ideas o contenidos se han ido reproduciendo y transmitiendo. A medida que nos acerquemos al tuétano desde la superficie se irán haciendo cada vez más familiares y sonoros los síntomas. Desde la superficie del presente hasta el tuétano del pretérito.

La comprobación del tejido dañado o el tumor será el estudio del asunto de análisis, el proceso de información de contenidos y extracción de lecciones fundamentales del pretérito que nos ilustrarán acerca del pasado real, desvelando sus causas y sus desarrollos para comprensión y fundamento del presente. De sus contenidos surgirán deliberaciones, dudas, interrogantes y aseveraciones, unas categóricas y otras más parciales. Válido todo como elementos imprescindibles del que realizar el compendio del estudio.

Reducir la capacidad tanática será dotar al cuerpo y a la época en que uno desarrolla su estudio de contenidos de sentido vital, individual y colectivo, para los pasos del presente. La extirpación del tumor será aprender las lecciones que en el ámbito nuclear se producen para no repetir los mismos errores pasados.

La curación se realiza, por consiguiente, tanto en el cuerpo del paciente como en el analizador del presente, si las lecciones que se extraen del pasado funcionan en el presente, si son dadoras de sentido vital en nuestra actualidad y contribuyen a ser líneas de fuga para el futuro y el porvenir.

Así, la historia se convierte en el estudio de las causas y desarrollos del pretérito desde un presente de actualidad determinada y con vistas a proyectar líneas de provenir en dicha época actual.

1 COMENTARIO