Originarios de Asia Central, el pueblo turco protagonizó una de las expansiones territoriales más exitosas abarcando tres continentes: Europa, Asia y África. La dinastía otomana, fundada a finales siglo XIII, consiguió hacerse con el control de buena parte del mar Mediterráneo en clara lucha contra la cristiandad en plena Edad Moderna. La simbólica victoria de Lepanto de 1571 no significó el fin de las hostilidades, puesto que la Sublime Puerta siguió constituyendo una amenaza para la fe de Cristo en los siglos venideros.

Lepanto
Batalla de Lepanto. Fresco de los Museos Vaticanos.

Orígenes

Los orígenes del pueblo turco se hallan en las estepas de Asia Central. A mediados del siglo XI, las llamadas tribus selyúcidas se empezaron a establecer en la península de Anatolia, región por otra parte ocupada por el Imperio bizantino. En la batalla de Manzikert de 1071, los bizantinos sufrieron una aparatosa derrota que les ocasionó la pérdida de las llanuras interiores de Anatolia. Después de este trágico evento, los desastres para Bizancio se fueron sucediendo uno tras otro, lo que fue aprovechado hábilmente por los turcos.

Posteriormente, una nueva victoria de los turcos selyúcidas aconteció en Miriocéfalo (1176). No obstante, a mediados del siglo XIII las invasiones de los mongoles provocaron la desintegración del sultanato de Rüm. De los restos selyúcidas, surgió una dinastía fundada por Osmán I hacia el año 1299. Los sucesores de Osmán I se encargaron de extender sus dominios hacia Asia menor y Europa del este, constriñendo cada vez más a los debilitados bizantinos. Se estaba forjando el poderoso Imperio otomano.

Caída de Constantinopla (1453) y avance otomano sobre Europa

Uno de los eventos más trascendentales para la historia universal fue la conquista de Constantinopla a manos de Mehmet II el 29 de mayo de 1453. Por aquel entonces, el Imperio bizantino había quedado reducido a la antigua capital del emperador Constantino, la península del Peloponeso y algunas islas dispersas. Sin apenas ayuda externa y con unas fuerzas muy mermadas, Constantinopla sucumbió ante la fe islámica tras mes y medio de intenso asedio. Si bien las crónicas cristianas exageraron el alcance destructor de los conquistadores, el sultán trató de ser lo más integrador posible pues quería emular de alguna manera al gran Alejandro Magno.

Después de su conquista, el Imperio otomano conectó definitivamente sus posesiones en Europa y Asia convirtiéndose en una de las mayores potenciales mundiales. Con el paso del tiempo, Constantinopla pasaría a llamarse Estambul. En los años siguientes, Mehmet II consolidó su poder en el Mar Egeo, el Imperio de Trebisonda, los Balcanes y el emirato de Karaman (el último emirato independiente de Anatolia). Entre 1480-1481 tuvo lugar el cruento asedio de Otranto, al sur de la península itálica. No obstante, este tuvo que ser abandonado una vez conquistada la ciudad por la repentina muerte del sultán y el ascenso de su hijo Bayaceto II.

Asalto Constantinopla
Cien mil combatientes turcos asaltaron Constantinopla

La Jornada de Mazalquivir (1505)

Tras finalizar la Reconquista con la toma de Granada en 1492, los intereses Reyes Católicos se centraron en las costas del norte de África. El cardenal Cisneros era partidario de conquistar este territorio para la cristiandad con el objetivo de disminuir los ataques piratas efectuados contra las costas peninsulares. En 1497, la ciudad de Melilla había pasado a manos castellanas gracias a la actuación de Pedro de Estopiñán, al servicio duque de Medina Sidonia. El siguiente objetivo era Mazalquivir, cuya conquista fue encargada a Ramón de Cardona y a Diego Fernández de Córdoba. Contaban para ello con 7.000 hombres y 170 navíos. El 13 de septiembre de 1505 se culminó con éxito la conquista de Mazalquivir.

Conquista española de Orán (1509), Bugía y Trípoli (1510)

Tras la toma de Mazalquivir (1505) y del Peñón de Vélez de la Gomera (1508), el cardenal Cisneros propuso a Fernando el Católico (Isabel había muerto en 1504) una nueva expedición bajo su financiación a la ciudad costera de Orán. En mayo de 1509, los soldados a cargo de Pedro Navarro lograron tomar la ciudad liberando a los cautivos cristianos y provocando graves altercados entre su población. Esta victoria cristiana sirvió para emprender nuevas campañas contra las poblaciones de Bugía y Trípoli, las cuales cayeron en 1510.

Conquista otomana de Egipto (1516-17) y Argelia (1519)

Mientras tanto, el Imperio otomano continuaba expandiéndose. El nieto de Mehmet II, Selim I, emprendió una campaña contra los mamelucos de Egipto en 1516 después de haberse enfrentado al imperio safávida (Persia). Primero se dirigió a Siria y una vez sometida, depuso al califa de Egipto Al-Mutawakkil III en 1517. A su vez, en 1519 se hizo efectivo el control sobre la costa de Argelia. A la muerte de Selim I en 1520, se había consolidado el control sobre las provincias árabes más ricas (incluidas las ciudades de Medina y La Meca) así como el comercio entre el Mediterráneo oriental y el Índico. Con la llegada de Solimán el Magnífico, el Imperio otomano alcanzó su máximo esplendor poniendo en jaque a los reinos cristianos a través de sus ambiciosos planes de conquista.

Solimán
Solimán el Magnífico (1520-1566)

Toma de Rodas por Solimán el Magnífico (1522)

El primer paso de Solimán fue la conquista de la isla de Rodas, controlada por los Caballeros Hospitalarios de la Orden de San Juan. Estos caballeros se habían refugiado en la isla después de la pérdida de Tierra Santa por los cristianos y tras una breve estancia en Chipre. En 1480 ya hubo un intento de tomar la isla sin éxito. En esta ocasión, la cristiandad se hallaba dividida entre Francisco I de Francia y Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico, por lo que resultaba más difícil para los hospitalarios pedir ayuda del exterior. Después de seis meses de asedio, los caballeros y civiles cristianos abandonaron la isla. Todo el mediterráneo oriental estaba ahora en poder de los otomanos, a excepción de Creta, Chipre y Naxos, posesiones de la República de Venecia.

Expedición a Túnez por Carlos V (1535)

La flota del corsario otomano Jeireddín Barbarroja se apoderó de Túnez en 1534 expulsando al Bey Muley Hasan. Los territorios costeros de la Monarquía Hispánica sufrían constantemente ataques procedentes de la piratería berberisca, por lo que Carlos V organizó una imponente escuadra junto con refuerzos de Portugal, los Estados Pontificios y la República de Génova para hacerse con esta estratégica plaza. Entre los meses de junio y julio de 1535, se conquistó el puerto de La Goleta y la ciudad de Túnez con la ayuda de prisioneros cristianos que se unieron a las fuerzas atacantes. Como consecuencia de este triunfo, el Bey Muley Hasan, partidario de Carlos V, fue restablecido en el trono de Túnez.

Asedio de Castelnuovo (1539)

La plaza costera de Castelnuovo (actual Herceg Novi, en Montenegro) había sido tomada por un destacamento de tercios españoles poco después de la victoria otomana en la batalla de Préveza (1538). El triunfo en Préveza había permitido el control otomano sobre el mar Adriático, por lo que Solimán encargó a su fiel corsario Jeireddín Barbarroja la conquista de Castelnuovo en 1539. El 18 de julio empezó el asedio, el cual se prolongó hasta el 7 de agosto con grandes bajas en el bando musulmán debido a la férrea resistencia mostrada por los sitiados. Aunque los otomanos lograron el control de Castelnuovo, la valentía demostrada por el comandante Francisco de Sarmiento junto a sus hombres fue motivo de admiración y elogio en la Europa cristiana.

La Jornada de Argel (1541)

A finales de octubre de 1541, Carlos V organizó una expedición con el objetivo de arrebatar Argel a Barbarroja y así acabar de una vez por todas con el problema de la piratería berberisca. No creyó que hubiera grandes dificultades para este proyecto, pues seis años antes había tenido éxito en la conquista de Túnez. Esta vez, sin embargo, la mala planificación y las condiciones climatológicas altamente desfavorables conllevaron a un absoluto fracaso de la campaña, algo que ya le había predicho al monarca sabiamente el célebre marino genovés Andrea Doria.

Mapa del sitio de Argel de 1541

La toma de Mahdía (1550)

Este episodio constituyó una gran victoria española al lograr conquistar la plaza de Mahdía (Túnez), uno de los centros de operaciones del almirante corsario Turgut Reis (también conocido como Dragut). Los artífices de esta gesta fueron el célebre genovés Andrea Doria y Bernandino de Mendoza, Capitán General de las galeras de España. Sin embargo, a pesar de este triunfo, los españoles se vieron obligados a evacuar Mahdía tres años después debido a las dificultades logísticas que entrañaba mantenerla.

Conquista otomana de Tripolitania (1551) y de Bugía (1555)

En 1510, Trípoli había sido conquistada por tropas españolas pues sus costas constituían un nido de piratas. Veinte años más tarde, esta plaza fue cedida, junto con las islas de Malta, Gozo y Comino, a los Caballeros Hospitalarios de San Juan. Sin embargo, en 1551 Trípoli fue el escenario de un ataque llevado a cabo por el almirante corsario Turgut Reis (Dragut) que se la consiguió arrebatar a los Caballeros Hospitalarios. Este triunfo permitió a su vez recuperar para la Sublime Puerta la plaza de Bugía en 1555, que había permanecido bajo el control de los españoles desde 1510. Con estas nuevas adquisiciones, se afianzaba el control efectivo de los otomanos sobre el norte de África.

Batalla de Mostaganem (1558)

Recién estrenado Felipe II en el trono español, este monarca heredó los múltiples frentes que mantenía su padre Carlos V contra sus enemigos, incluido el mar Mediterráneo en clara oposición con el Imperio otomano. En agosto de 1558, tropas españolas al mando de Martín Alonso Fernández de Córdoba, conde de Alcaudete y gobernador de Orán, trataron de tomar la plaza de Mostaganem en la costa argelina. Sin embargo, sufrieron una espantosa derrota a manos de los otomanos comandados por Hasán Bajá (hijo de Barbarroja) que se saldó con la muerte del propio conde y con miles de soldados capturados, entre ellos Martín de Córdoba, hijo del conde.

Batalla de Los Gelves (1560)

Después de la pérdida cristiana de Trípoli ante la Sublime Puerta, se creó una gran coalición formada por Génova, la Monarquía Hispánica, Florencia, los Estados Pontificios y los Caballeros de San Juan de Malta. A finales de febrero de 1560, la flota cristiana llegó a la costa de Trípoli. Sin embargo, la excesiva cautela de Giovanni Andrea Doria (sobrino del famoso marino Andrea Doria) hizo que se retirasen a la isla de Djerba (Túnez), donde se levantó un fuerte por orden de Juan de la Cerda. El 11 de mayo hicieron acto de presencia las fuerzas otomanas, que lograron hundir más de la mitad de la flota enemiga. Finalmente, el 31 de julio de 1560 los pocos supervivientes cristianos se rindieron. Como curiosidad, los otomanos dejaron una montaña de huesos procedentes de los vencidos como recordatorio de su hazaña. Este ‘monumento’ permaneció en la zona hasta 1848, cuando la retiraron los británicos para dar una digna sepultura a estos restos humanos.

Tapiz del ataque a Túnez por parte de los ejércitos de Carlos I, el epílogo del desastre de Los Gelves de 1560. Fuente: ABC

Sitios de Orán y Mazalquivir (1563)

Entre abril y mayo de 1563, el hijo de Barbarroja y gobernador de Argelia, Hasán Bajá intentó tomar las estratégicas plazas de Orán y Mazalquivir que se encontraban en poder de la Monarquía Hispánica desde 1509 y 1505 respectivamente. La resistencia mostrada por parte de los hermanos Alfonso y Martín de Córdoba junto a una flota de refuerzo al mando de Francisco de Mendoza, evitaron el desastre. Este renovado triunfo permitió la recuperación del Peñón de Vélez de la Gomera al año siguiente y socorrer la isla de Malta ante un feroz ataque otomano en 1565.

Asedio de Malta (1565)

En los últimos años de reinado de Solimán, se planeó la conquista de Malta, una isla sumamente estratégica que controlaba las rutas entre el Mediterráneo occidental y oriental. Después de estar varios años vagando por diversos lugares tras su expulsión de Rodas, los Caballeros Hospitalarios se habían establecido en Malta en 1530 por intermediación de Carlos V. Esta vez los hospitalarios sí contaron con ayuda del exterior procedente de la Monarquía Hispánica, entre ellos al célebre marino Álvaro de Bazán. La victoria cristiana sobre los otomanos fue considerada un hito para la historiografía occidental, si bien tuvo escasos efectos sobre la Sublime Puerta, al igual que la posterior batalla de Lepanto seis años después.

Batalla de Lepanto (1571) y adquisición otomana de Chipre (1570-1573)

El hijo de Solimán, Selim II, puso sus ojos en la isla de Chipre en 1570, la cual era propiedad de la República de Venecia. Ante la amenaza otomana que se cernía sobre Occidente, Pío V organizó la Liga Santa formada por la República de Venecia, la Monarquía Hispánica, los Estados Pontificios, la Orden de Malta, la República de Génova y el Ducado de Saboya. El 7 de octubre de 1571, tuvo lugar la batalla de Lepanto que se saldó con la destrucción de la flota turca de Alí Baja gracias a la actuación de comandantes como don Juan de Austria, Álvaro de Bazán y Luis de Requesens. Aunque en todo el mundo cristiano tuvo gran resonancia este singular acontecimiento, el Imperio otomano continuó expandiéndose por el Mediterráneo tomando Chipre (1573) y Túnez (1574).

Lepanto
Batalla de Lepanto 1571. Galera ‘La Real’. Óleo sobre lienzo, José Ferre-Clauzel

Conquista otomana de Túnez (1574)

Túnez había caído bajo control otomano en 1534 por Jeireddín Barbarroja, el legendario corsario a las órdenes de Solimán. Al año siguiente, Carlos V organizó una expedición que culminó con la adquisición de Túnez para la Monarquía Hispánica. No obstante, a pesar de la derrota en Lepanto, el Imperio otomano consiguió arrebatar esta plaza en 1574 a Felipe II asegurando de esta manera el dominio total sobre el norte de África, a excepción del territorio de Marruecos. Los planes de conquistar esta región costera para la cristiandad iniciados desde los tiempos de los Reyes Católicos, se habían desvanecido frente al poderío turco. De hecho, en 1575 la Monarquía Hispánica entró en bancarrota.

Batallas del cabo Corvo (1613) y del cabo Celidonia (1616)

Ya en el reinado de Felipe III, tuvieron lugar otros enfrentamientos navales entre la Monarquía de los Habsburgo y el Imperio otomano. En agosto de 1613 cerca de la isla griega de Samos, una escuadra española al mando de Octavio de Aragón y Tagliavia derrotó a una flota otomana dirigida por Sinari Bajá durante el reinado del sultán Ahmed I, tataranieto de Solimán. Esta victoria fue considerada como el mayor triunfo hispánico sobre los otomanos desde la batalla de Lepanto, con un gran número de galeras y prisioneros capturados, entre ellos el Bey de Alejandría. Tres años después, en julio de 1616 otra escuadra al mando de Francisco de Rivera fue atacada por una flota otomana mucho más numerosa durante un viaje por el Mediterráneo oriental. La batalla se saldó con una imponente victoria española.

Conquista otomana de Creta (1645-1669)

La isla de Creta había quedado como un pequeño reducto de la cristiandad bajo el dominio de Venecia en medio de todos los dominios del Imperio otomano que se extendían por tres continentes. En 1645, estalló la guerra por el control de la isla durante el reinado del sultán Ibrahim I. En pocos años, los otomanos lograron hacerse con el control casi total de la isla aunque su capital Heraclión resistió hasta su rendición final en 1669, ya con Mehmet IV en el trono. Con esta conquista, todo el mediterráneo oriental se hallaba ahora bajo la alargada sombra de la Sublime Puerta, si bien este imperio ya empezaba a mostrar ciertos problemas a la hora de mantener sus provincias más distantes.

El imperio de los tres continentes en el momento de su máxima extensión, 1683. Fuente: enciclopediadelahistoria

Declive de la Sublime Puerta, finales del siglo XVII

Después del fracasado segundo asedio de Viena de 1683 por parte de Mehmet IV (en 1529 tuvo lugar el primero a manos de Solimán), el Imperio otomano inició un lento declive que fue aprovechado por países como Rusia, Austria, Polonia y Hungría para ir recuperando poco a poco las tierras usurpadas. La firma del tratado de Karlowitz (1699) supuso la pérdida de vastos territorios que habían permanecido en manos de los turcos. Los enemigos del sultán eran cada vez más fuertes y su imperio se había visto obligado a combatir en múltiples frentes. Los numerosos conflictos contra las potencias europeas terminaron por desangrar a la Sublime Puerta irremediablemente.

Reconquista española de Orán y Mazalquivir (1732)

En 1708, durante el transcurso de la Guerra de sucesión española (1701-1715), el Imperio otomano aprovechó para conquistar las plazas españolas de Orán y Mazalquivir. Pero una vez terminado el conflicto, la monarquía borbónica en manos de Felipe V, preparó una campaña para recuperar sus posesiones. Entre el 15 junio y el 2 de julio de 1732, un ejército dirigido por José Carrillo de Albornoz, duque de Montemar, y Francisco Javier Cornejo derrotó al Bey Hassan logrando recuperar ambas plazas. Orán y Mazalquivir permanecieron bajo dominio español hasta 1792.

Invasión española de Argel (1775)

El monarca Carlos III organizó una gran expedición para conquistar Argel el 8 de julio de 1775 al mando de Alejandro O’Reilly, un oficial irlandés. Para esta campaña, se congregó a unos 50 navíos y a más de 20.000 hombres. A pesar de las amplias expectativas puestas en esta campaña, el resultado fue un sonoro fracaso para la monarquía borbónica. La falta de liderazgo mostrada por O’Reilly y la escasa preparación de las tropas españolas, compuestas en su mayoría por reclutas, fueron claves para la derrota.

Bombardeos de Argel (1783-1784)

Bajo las órdenes de Antonio Barceló, una imponente escuadra hispana formada por 70 naves bombardeó Argel entre los días 1 y 8 de agosto de 1783. El motivo fue la negación a firmar el tratado de paz por parte de la Regencia de Argel después de la fracasa expedición española de 1775. Tras un ‘festival de fuegos artificiales demasiado costoso y largo’, en palabras de los cortesanos de la corte de Madrid, tanto españoles como argelinos abandonaron la lucha sin demasiados resultados. Un segundo bombardeo tuvo lugar entre el 12 y el 21 de julio de 1784, esta vez bajo una coalición formada por España, Nápoles-Sicilia y la Orden de San Juan. Esta vez el Dey de Argel sí aceptó los términos de paz con España, que supuso el fin de la piratería berberisca hasta el estallido de las Guerras Napoleónicas.

Desintegración del Imperio otomano, siglos XIX y XX

Años más tarde, con la llegada de Napoleón Bonaparte a Egipto entre 1798-1801 tendría lugar la primera incursión europea a tierras musulmanas desde la lejana época de las Cruzadas. Entre 1821-1830 los griegos lucharon por la ansiada independencia de los otomanos. Por si fuera poco, en 1830 los franceses ocuparon Argelia. Posteriormente, en 1878 Chipre fue cedida a Gran Bretaña y Túnez a Francia tres años después. En 1882, Egipto quedó bajo influencia británica. En 1897, Creta alcanzó su autonomía tras una guerra contra Grecia. Entre 1911-1912 se perdieron las provincias de Trípoli y Bengasi a manos de los italianos. En 1912, estalló la Primera Guerra Balcánica entre el Imperio otomano contra Serbia, Grecia, Bulgaria y Montenegro, saldándose con graves pérdidas para el primero. La Sublime Puerta hacía tiempo que había pasado a ser considerada como el ‘enfermo de Europa’.

La decadente dinastía otomana permaneció en el poder hasta después de su derrota en la Primera Guerra Mundial, cuando se estableció la República de Turquía en 1923 de la mano de Kemal Atatürk. Mehmet VI fue el último sultán otomano. Se acababa así un legendario linaje que había empezado desde los lejanos tiempos de Osmán I y que había forjado uno de los imperios más poderosos y longevos de la historia, extendido por tres continentes. La nueva república había perdido todos sus territorios árabes y tan solo logró retener una pequeña franja de territorio en Europa, la Tracia Oriental. No obstante, el resurgimiento del nacionalismo turco en los últimos años ha vuelto a poner en el mapa sus viejas aspiraciones en el Mare Nostrum así como el aumento de la tensión existente con sus países vecinos Siria, Chipre y Grecia.

Napoleón ante la Gran Esfinge. Óleo de Jean-Léon Gérôme. Fuente: abc

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