En marzo del año 415 (o 416) Hipatia de Alejandría, filósofa neoplatónica y astrónoma, fue brutalmente asesinada. El trágico final de este fundamental personaje de la historia cultural ha repercutido en el recuerdo que de ella tenemos tanto o más que su labor estrictamente intelectual. Muchos aseguran que estos dos aspectos estuvieron relacionados, de modo que la genial Hipatia se ha convertido en símbolo de la tenacidad y perspicacia del intelecto y la investigación contra la intransigencia del dogmatismo.

Lo cierto es que la situación social, política y religiosa era particularmente convulsa en aquel momento de Alejandría y la historia no suele ser tan maniquea. Esto provocó el funesto término de la vida de la brillante filósofa pero la distancia histórica (alejada del horror de las muertes) nos permite ahora aproximarnos a un contexto verdaderamente fascinante.

La figura histórica de Hipatia representa a día de hoy la fidelidad al intelecto y la razón, la excepcional condición de mujer extraordinaria dedicada con éxito al pensamiento, y el linchamiento por parte de una turba cegada por el fanatismo religioso que encarna el declive de la civilización clásica. Sin duda alguna fue un personaje admirable y es manifiesto que el fanatismo religioso ha causado (y sigue causando) excesivos estragos, pero hay que alejarse del envoltorio romántico para poder poner verdaderamente en valor su labor y figura. La tendencia a reducir los procesos históricos a una radical oposición entre una postura esencialmente buena y otra esencialmente mala es siempre sugerente y atractiva por su simpleza y justificación de la posición propia. No obstante, es una visión de la que hay que distanciarse, investigando los siempre complicados matices plurales y heterogéneos propios de los desarrollos reales.

Hypatia. Ilustración de Joanna Smolarczyk. Poster for SPiN Day in EC1.

La muerte de Hipatia fue un producto de la prolongada lucha del paganismo por resistir al cristianismo en Egipto. El contexto es el conflicto entre el cristianismo y el mundo pagano, pero hay que poner el acento en sucesos más particulares como la tensión entre el obispo Cirilo y el prefecto augustal Orestes por el control de Alejandría, la actitud de los cristianos frente a Hipatia, la animosidad general de los alejandrinos hacia el Imperio romano y sus herederas autoridades bizantinas por la pérdida de la condición de capital helenística del reino de los Ptolomeos, o la hostilidad entre los alejandrinos, los judíos y los oriundos de Egipto (Fernández 1985).

La reconstrucción historiográfica de los hechos se fundamenta principalmente en cuatro fuentes: el libro séptimo de la Historia ecclesiastica de Sócrates de Constantinopla, el libro octavo de la Historia ecclesiastica de Filostorgio, el capítulo catorce de la Chronographia de Juan Malalas, y el texto dedicado a Hipatia de la Suda.

Para acotar la secuencia de los hechos, empezamos con la muerte del patriarca Teófilo de Alejandría en octubre de 412. Teófilo realizó una política de grandes construcciones con el acaudalado obispado de Alejandría. Los pretendientes a la sucesión fueron Timoteo y Cirilo. Tras la competición y la lucha de apoyos, Cirilo se hizo con el obispado de la ciudad a pesar de que Abundancio apoyara a Timoteo. Cirilo era cercano a Teófilo (Sócrates afirma que era su sobrino). Este último ya había mostrado hostilidad contra la sede de Constantinopla, por lo que la corte imperial quiso eludir a otro Teófilo. Ciertamente no se equivocaban en las intenciones de Cirilo contrarias a la administración imperial, pues al nombrarse obispo tomó medidas anticonstantinopolitanas. Por ejemplo, arremetió contra los novacianos, en contra de las disposiciones imperiales.

Cirilo de Alejandría

Así empezaron las tensiones de Cirilo con Orestes, con sus menosprecios hacia el poder imperial. Sócrates afirma que Orestes percibía la autoridad de los obispos como un menoscabo del gobierno imperial. Y este era el principio… la relación empeoró.

Sócrates de Constantinopla hace referencia a unos motines antijudaicos en Alejandría. Nos acercamos al asesinato de Hipatia, aunque aún de forma remota. Antes de los incidentes, Orestes intentó proteger a los judíos, pero Cirilo Cirilo consiguió expulsarlos. Orestes no aguantó más y se dispuso a disciplinar al obispo. Informó al emperador y demandó la deposición y destierro de Cirilo. Ante estas acciones Cirilo intentó reconciliarse con el prefecto augusto, pero ya era tarde. Orestes se negó a la propuesta. Para apoyar al obispo llegaron a Alejandría quinientos monjes del desierto de Nitria.

A partir de entonces el conflicto se precipitó y la tensión desencadenó una sedición por parte de los monjes. El levantamiento colectivo contra la autoridad imperial provocó la ruptura completa entre Orestes y Cirilo. En una ocasión Amonio, uno de los monjes, lanzó una pedrada a Orestes y lo hirió en la cabeza. Por este motivo Amonio fue ejecutado y Cirilo le rindió tributos de mártir.

Fotograma de Ágora. Muestra a Hipatia con sus discípulos.

En este punto aparece el nombre de Hipatia entre los rumores de los cristianos de Alejandría. Surgió la idea de que era ella la causa de la disconformidad entre el obispo y el prefecto. Cabe recordar que Hipatia era amiga de Orestes. La autoridad moral e intelectual de la filósofa ejercía gran influencia en la ciudad. Muchos alumnos suyos no sólo provenían de familias importantes, sino que posteriormente ocupaban posiciones altas tanto en el gobierno como en la jerarquía de la Iglesia.

Una agrupación de cristianos preparó un ataque contra Hipatia y la emboscaron mientras paseaba. Con golpes la condujeron al Cesareum (en aquel momento convertido en catedral). En el sagrado recinto la desnudaron y despedazaron su cuerpo a golpes usando tejas. Pero la infamia no se detuvo en esta vil y despreciable acción, puesto que a continuación pasearon por la ciudad su cuerpo troceado hasta llegar al Cinareo, donde lo quemaron. Así lo describe Sócrates, quien responsabiliza a Cirilo del crimen, aunque de un modo indirecto. Tanto Filostorgio como la Suda aluden al descuartizamiento de la filósofa. La enciclopedia bizantina se refiere, además, a la envidia de Cirilo y a la conflictividad de los alejandrinos.

Historiadores como Gibbon atribuyen la abyecta acción a los parabolanos, los cuales eran una hermandad cristiana que centraba su trabajo en el cuidado de los enfermos. La hermandad funcionaba bajo la autoridad del obispo de Alejandría y actuaba de guardia del mismo. A pesar de que ninguna fuente atestigua la presencia de parabolani en el linchamiento, el autor de la clásica Historia de la decadencia y caída del Imperio romano se basó en la disposición (recogida en el Codex Theodosianus) promulgada en octubre del 416 que trasladaba la autoridad sobre los parabolani al prefecto, prohibía sus reuniones y limitaba su cantidad a quinientos integrantes. La cuestión de la autoría del crimen sigue en discusión. Fernández (1985) sostiene la hipótesis según la cual se trató principalmente de marineros del puerto de Alejandría.

Hypatia. Pintura de Charles William Mitchell.

Sin embargo, casi todas las fuentes concuerdan en que Cirilo indujo el asesinato. Este punto tampoco se podrá esclarecer definitivamente. Quienes afirman su implicación aluden a la antipatía de la formación monacal de Cirilo hacia el paganismo de la Escuela de Alejandría, a la venganza por Amonio, y a que Hipatia fue hija de Teón, por lo que se enemistó con Teófilo al destruir el Serapeo.

Pese a la brutalidad, el linchamiento de la filósofa fue un hecho aislado. Según Sócrates, los alejandrinos apoyaron al prefecto durante la revuelta de los monjes de Nitra y los propios cristianos se opusieron la trato martirial que Cirilo quiso dar a Amonio, puesto que su muerte no se debió a la obligación de renegar de su fe sino a su temeridad. La rebelión de los monjes de Nitra y el asesinato de Hipatia, lejos de beneficiarle, comprometieron la situación del propio Cirilo y dañaron la el vínculo existente entre dichos monjes del desierto y los cristianos de Alejandría. Esta relación no era una cuestión menor, dado que en ella residía buena parte del poder del obispo y la extensión de su zona de influencia.

Es frecuente denominar Escuela de Alejandría a una facción del neoplatonismo formada por personalidades como Sinesio de Cirene (posteriormente elegido obispo de Ptolemaida), Hermeia de Alejandría (realizó un comentario del Fedro de Platón empleando la dialéctica de Jámblico), Ammonio Hermeiu (reflexionó sobre el concepto de destino), Esteban de Alejandría (realizó investigaciones astronómicas y comentó De interpretatione), Asclepio el joven (hizo un comentario de la Metafísica), Alejandro de Licópolis (defendió el neoplatonismo frente al maniqueísmo), Nemesio o Juan Lido (ambos articularon conceptos cristianos con ideas platónico-eclécticas). Siendo la figura más destacada Hipatia.

Hypatia of Alexandria. Ilustración de Olga Kolesnikova.

Una característica notable de esta escuela es el sincretismo filosófico-religioso con importantes contactos con el cristianismo (Ferrater Mora 2004), a pesar de los tumultuosos conflictos sociales. La Escuela de Alejandría sostuvo cercanas relaciones con la Escuela de Atenas. No obstante, la posición filosófica de Hipatia también está en discusión. La postura más aceptada es la raigambre neoplatónica plotiniana que destacan autores como Hoche, Zeller, Lacombrade o Praechter. Pero no faltan opiniones discordantes como la de Rits, que atisba una impronta cínica.

Bibliografía

Fernández Hernández, G. (1985). La muerte de Hipatia. Erytheia: Revista de estudios bizantinos y neogriegos. N.6, pp. 269-282.

Ferrater Mora, J. (2004). Diccionario de filosofía. Barcelona: Ariel.