Uno de los episodios más controvertidos de la Guerra Civil española es el asedio al Alcázar de Toledo, ocurrido entre el 21 de julio y el 27 de septiembre de 1936. Después del golpe de Estado fallido contra el gobierno de la Segunda República, un grupo de militares y civiles sublevados junto con el apoyo de miembros de la Guardia Civil lograron resistir en el Alcázar de Toledo durante dos meses hasta la llegada del Ejército de África. Si bien este hecho sirvió para apuntalar el liderazgo del general Francisco Franco dentro del bando sublevado, también retrasó por un tiempo la decisiva batalla de Madrid evitando así la caída de la capital. Pero, ¿que significado tuvo este acontecimiento?

Vista de la destrucción del Alcázar. Fuente: Revista Asambleadigital

Antecedentes: golpe de Estado e inicios de la Guerra Civil

A pesar de las esperanzas puestas en la Segunda República (1931-1936), el destino de España sufrió un brusco devenir de los acontecimientos. Entre el 17 y el 18 de julio de 1936, un grupo de militares sublevados encabezados por Emilio Mola (apodado “el Director”) protagonizó un golpe de Estado con el objetivo de derribar al gobierno republicano del Frente Popular. Aunque el golpe fracasó en Madrid y las principales ciudades, los rebeldes consiguieron hacerse con el control de buena parte del territorio español como las actuales Galicia, Castilla y León, Navarra, La Rioja, el sur del País Vasco, la región occidental de Aragón, el norte de Extremadura, las islas Baleares (a excepción de Menorca), las islas Canarias (excepto La Palma), Cádiz, el protectorado de Marruecos e importantes enclaves como Sevilla, Córdoba, Granada y Oviedo. El resto de la península, junto con algunas islas dispersas, permaneció bajo el control de la República.

Esta división desencadenó una cruenta guerra civil que se prolongaría durante casi tres años y cuyas secuelas continúan hasta nuestros días. Ello es debido, entre otros factores, a las acciones en la retaguardia por parte de los dos bandos con el propósito de desmantelar a las fuerzas consideradas enemigas. Por otro lado, este conflicto fue seguido de cerca por el resto de Europa, pues las tensiones entre las democracias y las dictaduras se hacían cada vez más patentes. A pesar de la organización del Comité de No Intervención, países como Alemania, Italia, Portugal e Irlanda apoyaron al bando sublevado, mientras que la Unión Soviética, México y las Brigadas Internacionales hicieron lo propio con el gobierno republicano. En los primeros compases del conflicto, aviones y barcos alemanes e italianos ayudaron a desembarcar al Ejército de África en la península, consiguiendo tomar posiciones en Andalucía occidental y Extremadura.

División de España tras el golpe de Estado de 1936. En marrón claro se representa la zona sublevada y en color rosa la zona fiel a la Segunda República.

Comienza el asedio

El 18 de julio de 1936, en Toledo los sublevados se parapetaron en la fortaleza medieval del Alcázar al mando del coronel Moscardó y el teniente coronel de la benemérita Pedro Romero Bassart. Tras varios días de vacilación por parte de Moscardó para no levantar sospechas de su apoyo al golpe de Estado, el 21 de julio dio comienzo el asedio. En total sumaban 1.100 combatientes entre guardias civiles, militares y voluntarios derechistas a los que se añadieron unos 600 civiles compuestos por mujeres, niños y ancianos. Este conglomerado disponía de víveres y municiones suficientes para aguantar un asedio de larga duración además de retener un centenar de prisioneros de izquierdas que serían utilizados como escudos humanos. Las cifras de los atacantes varían según las fuentes consultadas. Algunas estimaciones hablan de unos 5.000 milicianos, también llegados desde Madrid, que bajo las órdenes del general José Riquelme pusieron en asedio al Alcázar y hostigaron a sus defensores desde los edificios de alrededor con el apoyo de la artillería, algunos blindados y la aviación republicana. A pesar de sus esfuerzos, los sitiados lograron mantenerse estoicamente.

Muy pronto, la prensa internacional se hizo eco de este singular acontecimiento comparándolo con el ejemplo del fuerte El Álamo (Texas,1836). La resistencia a ultranza del Alcázar empezó a despertar las simpatías de las organizaciones católicas que apoyaban al bando sublevado. Debido a la proyección que estaba teniendo, para el gobierno republicano la conquista del Alcázar se convirtió en una cuestión de honor. La expectación llegó hasta tal punto que incluso el presidente del gobierno Largo Caballero se hizo unas fotos para la ocasión vestido de miliciano y armado con un fusil. A mediados del mes de agosto se intensificó el cerco sobre el Alcázar mediante alambres de espino y sacos terreros. Debido a las acciones de los atacantes y a los incesantes bombardeos, el Alcázar quedó seriamente dañado. Pero los sitiados no se daban por vencidos tan fácilmente. Incluso se llegó a editar durante el mismo asedio un diario titulado ‘El Alcázar‘ con el fin de informar de los pormenores del día a día y tratar de elevar la moral entre la tropa sublevada.

Cronología de la destrucción del Alcázar de Toledo

Aunque el coronel Moscardó recibió presiones de altas instancias para liberar a los rehenes, este se mantuvo firme pues no quería debilitar su posición. No obstante, sí solicitó la presencia de un sacerdote para bautizar a unos niños nacidos durante el asedio. Para doblegar a los sitiados, las fuerzas republicanas decidieron volar el Alcázar con minas explosivas colocadas en su subsuelo. Posteriormente, tras su derrumbamiento los milicianos tomarían la posición al asalto a través de las brechas abiertas. Esta táctica ya había sido utilizada en anteriores asedios como los de Viena de 1529 y de 1683 por las fuerzas otomanas. Para este cometido se emplearon mineros profesionales que trabajaron desde las casas vecinas. Los defensores del Alcázar pudieron escuchar el arduo trabajo subterráneo desde su refugio. Para el 17 de septiembre terminaron los ruidos y fueron colocadas dos minas con 2.500 kilos de trilita cada una con el fin de hacer volar por los aires una parte del Alcázar.

El mando republicano convocó a la prensa extranjera con el fin de hacer público el acontecimiento de su aplastante victoria, entre ellos a los corresponsales de guerra Endre Friedmann y Gerda Taro que trabajaban bajo el pseudónimo común de Robert Capa. El 18 de septiembre estallaron las minas provocando el desplome de casi toda la fachada oeste del Alcázar. Dos columnas de milicianos se lanzaron al ataque pero fueron rechazaron por los sitiados armados con ametralladoras. Después de feroces combates, los milicianos se batieron en retirada sufriendo 150 bajas por 72 de los sitiados. Mientras tanto, las tropas sublevadas tomaron la localidad toledana de Maqueda el 21 de septiembre en su avance desde el sur. En ese momento, el jefe del Ejército de África, Francisco Franco tomó la trascendental decisión de desviarse hacia Toledo en vez de proseguir el camino hacia Madrid en contra de la opinión de algunos de sus subordinados.

Milicianas republicanas durante el asedio al Alcázar de Toledo

Elección de Francisco Franco como generalísimo y ‘liberación’ del Alcázar

Para poder entender la decisión de Franco de socorrer al Alcázar, primero debemos analizar los acontecimientos posteriores al golpe de Estado. Después de la accidentada muerte del general Sanjurjo el 20 de julio de 1936, se había constituido una Junta de Defensa Nacional con sede en Burgos que asumía todos los poderes del Estado en la zona sublevada (llamada ‘nacional’ por los generales golpistas). Dicha Junta barajó la posibilidad de elegir a un nuevo jefe de la rebelión tras el vacío dejado por Sanjurjo, pero el empate técnico entre Emilio Mola y Francisco Franco postergó la elección. El 21 de septiembre de 1936, la Junta se reunió en el aeródromo de San Fernando en la finca de reses bravas de los Tabernero, en la provincia de Salamanca.

En esta reunión de significada trascendencia para la historia de España, se discutió la conveniencia de otorgar el mando único a un general. El presidente de la Junta, Miguel Cabanellas, propuso un directorio compuesto por varios generales, pero los demás se inclinaron por el mando único. Los aspirantes para ocupar este puesto eran el propio Cabanellas, Queipo de Llano, Emilio Mola y Francisco Franco. Este último empezó a acaparar importantes apoyos para su causa como los de Alfredo Kindelán, Juan Yagüe, Millán Astray, además de su hermano mayor Nicolás Franco. El general Kindelán redactó un informe en el que se concedía poderes ilimitados al cargo de generalísimo además de la jefatura del gobierno de Estado ‘mientras dure la guerra’.

Finalmente y tras más de dos meses de asedio, el 27 de septiembre de 1936 las tropas del Ejército de África al mando del general Varela llegaron a la ciudad de Toledo. El encuentro entre los sitiados y sus salvadores fue muy emotivo. El coronel Moscardó, con semblante serio y barba de varios días saludó a la comitiva para después sentenciar la frase que pasaría a la historia: “Sin novedad en el Alcázar, mi general“. El 28 de septiembre, Franco acudió a una nueva reunión de la Junta de Defensa en el aeródromo de Salamanca. Al mediodía, Kindelán leyó el decreto por el cual se le concedía a Franco la jefatura del Estado. Cabanellas se opuso de forma tajante a esta decisión arrastrando consigo a otros generales. A pesar de estos recelos, finalmente Franco se hizo con la ansiada jefatura del Estado.

Posteriormente, algunos generales lamentarían esta decisión, aunque debido a las tendencias republicanas tanto de Cabanellas (además de masón) como de Queipo de LLano así como el rango inferior de Mola (solo era general de brigada), la vacante quedó asignada a Franco. Los contactos monárquicos de Franco por medio de la intermediación de Alfonso XIII añadido a los éxitos militares del ejército africano, allanaron el camino para su candidatura. Nicolás Franco, auxiliado por José Yanguas Messía, se encargó de alterar el texto del decreto antes de ser enviado a la imprenta: donde ponía jefe de Gobierno de Estado, lo cambió por jefe de Estado además de suprimir la mención ‘mientras dure la guerra’. Una hábil jugada que marcó los designios de España durante las siguientes décadas.

Francisco Franco en una imagen utilizada para la propaganda

Consecuencias y legado

La ‘liberación’ del Alcázar de Toledo supuso el encumbramiento definitivo del general Francisco Franco sobre sus rivales. El día 30 de septiembre de 1936 se hizo público su nombramiento como generalísimo de las fuerzas de Tierra, Mar y Aire y Jefe de gobierno del Estado español. Se ha discutido largamente el error estratégico que supuso tomar Toledo antes que Madrid. No obstante, Franco quería aprovechar el golpe de efecto que supondría salvar a sus compañeros asediados en el Alcázar y así aumentar su prestigio en unos momentos en los que se todavía se debatía la conveniencia del mando único, aunque ello significara un serio retraso en la conquista de la capital.

Por otro lado, Toledo era consideraba la cuna de España al haber sido la antigua capital del reino visigodo y por ser su Alcázar residencia de los reyes castellanos desde su conquista en 1085 hasta su abandono por Felipe II. Aunque en términos propagandísticos la liberación del Alcázar supuso un triunfo para Franco, el gobierno republicano pudo reorganizar la defensa de Madrid con la llegada de los primeros refuerzos soviéticos junto con las Brigadas Internacionales y evitar su caída a finales de noviembre de 1936. Este fracaso por parte de las tropas sublevadas será determinante para el posterior devenir de la Guerra Civil española, pues la pérdida republicana de Madrid hubiera sido demoledora.

Durante mucho tiempo, existió lo que se conoció como la ‘leyenda del Alcázar de Toledo‘. Según esta curiosa leyenda, en el día 23 de julio el coronel Moscardó recibió una llamada del jefe de milicias encomiándole a rendir el Alcázar en 10 minutos si no quería ser testigo del fusilamiento de su hijo Luis Moscardó, preso de los republicanos. Se dice que incluso en un determinado momento, el propio Luis habló con su progenitor en la que sería la última conversación entre padre e hijo con grandes dosis de épica y dramatismo. Según la propaganda franquista, ante la negativa del coronel Moscardó de entregar el Alcázar al enemigo, su hijo fue fusilado nada más colgar el aparato.

De esta manera, se pretendía convertir al coronel en una especie de héroe emulando a Guzmán el Bueno durante el cerco de Tarifa en 1294. Se dice que Guzmán arrojó una daga desde el castillo de Tarifa emplazando a sus atacantes a asesinar a su hijo al negarse este a rendir la plaza. Sin embargo, pese a esta heroica comparación, Luis Moscardó sería asesinado más adelante durante una ‘saca’ de represalia en respuesta a un bombardeo enemigo. El régimen franquista dio su propia versión de los hechos enfatizando las duras condiciones sufridas por los defensores del Alcázar y escondiendo la fuerte represión que hubo tras la toma de Toledo así como la presencia de desertores durante el mismo asedio.

Visita de Himmler al Alcázar de Toledo acompañado por José Moscardó, octubre de 1940

El episodio del asedio del Alcázar de Toledo se convirtió en todo un mito para la propaganda franquista, exaltando la ‘heroicidad’ de los sitiados frente a la deshumanización de sus enemigos. En julio de 1940, se estrenó la película italiana Sin novedad en el Alcázar, que cuenta los hechos históricos narrados desde el punto de vista de los vencedores, omitiendo por completo la presencia de rehenes y mostrando el lado más malvado de los atacantes. Por otro lado, en esta película también aparece la ejecución de Luis Moscardó a manos de los milicianos aunque realmente esta tuvo lugar mucho más tarde del episodio de la famosa llamada telefónica.

En octubre de 1940, el dirigente nazi Heinrich Himmler visitó las ruinas del Alcázar durante su visita a España para estrechar lazos diplomáticos con el régimen franquista. Varios años después, en 1948 Moscardó fue condecorado por el mismo Franco con el título de I conde del Alcázar de Toledo con grandeza de España (anulado en 2022). Por otro lado, debido a su pasada heroicidad a ojos del régimen, ostentó la presidencia del Comité Olímpico Español entre otros cargos. Todavía se siguió conmemorando el heroico asedio del Alcázar en años posteriores, pues en 1961 fue inaugurado en Toledo el Monumento en honor de los defensores del Alcázar.

Cartel promocional de la película Sin novedad en el Alcázar

Bibliografía:

Galán, E. J. (2012). Historia del mundo contada para escépticos. Editorial Planeta, Barcelona.

Galán, E. J. (2005). Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie. Editorial Planeta, Barcelona.

Garrot, J. L. (2020). ‘El Alcázar de Toledo. Desmontando un mito franquista’. Asamblea Digital. https://asambleadigital.es/el-alcazar-de-toledo-desmontando-un-mito-franquista/

Preston, P. (2011). El holocausto español. Odio y exterminio en la Guerra Civil y después. Barcelona: Debate.

Villatoro, P. M. (2013) ‘La batalla del Alcázar de Toledo, el encarnizado asedio que forjó una leyenda’. ABC Historia militar. https://www.abc.es/historia-militar/20130914/abci-alcazar-toledo-asedio-201309132149.html

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