Durante la conquista española del Imperio mexica se enfrentaron dos mundos muy distintos. La cuestión militar en general y la armamentística en particular es especialmente interesante teniendo en cuenta el gran contraste entre las dos civilizaciones y el nuevo escenario de guerra para los conquistadores, así como la presencia de un enemigo nunca antes visto por ellos.

La primera apreciación es la constatación de que las armas que los españoles usaron no fueron de la misma categoría en todas las zonas del Nuevo Mundo. Las armas que los conquistadores trajeron fueron fabricadas en las zonas europeas controladas por el Imperio español y la idoneidad de cada tipo dependía de la zona de acción y las operaciones realizadas.

Por otro lado, tampoco había uniformidad. Por obvias razones económicas algunas armas eran de gran calidad mientras que otras estaban en malas condiciones. Las armas de los conquistadores se encuentran en una fase de transición entre el fin de la Edad Media y el inicio del Renacimiento. Asimismo, en ocasiones los españoles usaron armas de los adversarios. Del mismo modo, las tácticas tuvieron que ser adaptadas para combatir en el nuevo territorio y al nuevo enemigo. Mucho armamento de acero y hierro se tuvo que sustituir por razones climáticas y por la dificultad del terreno.

Repasamos las armas más importantes pero, naturalmente, no las únicas.

Batalla de Otumba. Pintura de Augusto Ferrer-Dalmau.

Una de las armas de los españoles más efectivas contra los mexicas fue la pica larga. Estos instrumentos bélicos eran usados por la infantería. Era un arma de asta con una extensión de entre 3 y 5 metros con una cuchilla en el extremo. En las guerras italianas ya se habían visto impresionantes luchas de “empuje de picas” y su eficiencia ya había sido probada en Europa. Eran instrumentos mucho más largos que las lanzas aztecas. También se usaron las alabardas, otra arma de asta que en la punta tenía un filo y una hoja transversal. Por su forma, los indígenas las llamaron “murciélagos”.

La primera arma de lanzamiento de proyectiles que trajeron los españoles fueron las ballestas. Al principio causó estragos, pero los indígenas aprendieron a protegerse contra sus poderosos proyectiles con paveses. Aunque más potente, el inconveniente de la ballesta era su lentitud en comparación a las flechas indígenas. Para un funcionamiento óptimo se necesitaban varias personas. Además, apuntar a los indígenas en constante movimiento no era sencillo. Las armas de fuego ya habían aparecido en Europa en el siglo XIV, se desarrollaron en el siglo XV y en el XVI se empezaron a generalizar, lo cual produjo un cambio en la forma de guerrear en su conjunto.

El arcabuz era un arma de fuego de corto alcance (50 metros) pero muy potente en comparación a los proyectiles indígenas. Esta arma acabó sustituyendo a la ballesta, ya que era más rápida, potente y exigía menos destreza. Los arcabuces, que tan eficaces serán en las operaciones de los tercios por Europa en combinación con las picas, no fueron tan útiles como temidos en el nuevo continente debido a su peso y las complicadas maniobras, a pesar de suponer un avance en manejabilidad respecto a la ballesta. Su uso suponía un tiempo excesivo para responder y defenderse en un territorio difícil. Los arcabuces eran armas de avancarga, esto es, que el proyectil y el propelente necesario para el disparo se cargaban por la boca del cañón.

Representación de un arcabucero.

La siguiente arma de fuego portátil en entrar fue el mosquete. No se utilizó en los primeros años de la conquista pero supuso una mejora respecto al arcabuz. Su calibre era mayor, al igual que su peso, de modo que necesitaba una horquilla para apoyarlo y apuntar (posteriormente se desarrollaron modelos más ligeros). No fue hasta 1540 aprox. cuando esta arma llegó al nuevo continente. Para entonces Tenochtitlan ya había caído (1521) y el poderoso Imperio azteca ya había sido vencido. No obstante, es un arma digna de mención. En un principio se usó como artillería menor para el asedio de ciudades siempre y cuando el terreno lo permitiera. También era un arma de avancarga y no se impuso su uso hasta el siglo XVIII cuando los diseños eran más efectivos y livianos.

La artillería con cañones se empleó en diversas ocasiones. Por lo general, las crónicas los denominan “tiros” sin especificar el tamaño y la categoría. A pesar de su presencia, su uso no fue tan frecuente como se suele decir. El motivo no fue otro más que la dificultad de su transporte por la espesa vegetación y los lagos y ríos. Esto acentuaba el riesgo de emboscada. En general, preparar las armas de fuego, portátiles o cañones, implicaba un proceso largo y laborioso. Mientras tanto, los españoles tenían que sufrir la lluvia de flechas de los aztecas.

Las armaduras de hierro y acero con las que los españoles llegaron eran las mismas que las que usaban en la península ibérica y Europa. Era un armamento propio de la época de los Reyes Católicos que ya habían usado en las guerras de Italia y la guerra de Granada. Sin embargo, Bruhn de Hoffmeyer (1986) explica que “el sol y el calor húmedo abrasaban a los conquistadores, encerrados en esta especie de «hornos» de hierro. Los cascos de hierro quemaban las cabezas, y las láminas de hierro en los hombros de la armadura les produjeron heridas y quemaduras dolorosas”. Así que “pronto aprendieron los conquistadores a cambiar estos  «hornos» defensivos por los vestidos ligeros y efectivos de los aztecas. Los escaupiles eran livianos si los comparamos con las armaduras de hierro, eran más airosos y además más baratos. Las flechas se quedaban en el grosor de canvas y algodón”. En efecto, los conquistadores españoles tuvieron que adoptar equipamiento bélico de los mexicas, pues estaban mejor adaptados al medio.

Matanza del Templo Mayor. Pintura contenida en el Códice Durán.

Por último, no hay que olvidar la relevancia psicológica de algunas armas. A este respecto destaca el uso de los caballos y los perros. Se dice que estas bestias provocaron verdadero terror en los indígenas. En el continente americano los caballos habitaron en tiempos prehistóricos, pero habían desaparecido a finales del Pleistoceno. Pasaría mucho tiempo hasta que los caballos regresaran a América y llegaron con el segundo viaje de Cristobal Colón. Años más tarde la expedición de Hernán Cortés trajo consigo algunos equinos al altiplano mexicano. Los nativos americanos que Cortés encontró jamás habían visto caballos, llegando a pensar, a veces, que jinete y caballo formaban parte de un mismo ser. El caballo montado otorgaba a su jinete una condición de poder, además de las evidentes ventajas militares. Los caballos eran elementos militares muy cuidados por los españoles. Los perros adiestrados, principalmente alanos, mastines y dogos, eran también muy temidos por los indígenas y muy efectivos en tareas como la de rastrear y detectar la presencia del enemigo o en guardar y proteger los campamentos.

“ASí huyen de un caballo aquellas nasciones, como el diablo de la cruz.”

Fernández de Oviedo

Las ballestas y las armas de fuego, principalmente el arcabuz de mecha (al que Cortés llamó “escopeta” en sus cartas), también tuvieron un importante efecto psicológico. La primera desapareció y en su lugar se fueron desarrollando las armas portátiles de fuego. No obstante, las armas más importantes fueron las espadas grandes, las lanzas y las picas. “Las armas de fuego, de todas formas, no tuvieron gran importancia militar y no contribuyeron mucho a la conquista; sin embargo, sí la tuvieron como instrumento psicológico. Así, estas armas, en las primeras épocas, producían en los indígenas una sorpresa enorme, casi divina, un terror grande por su llama, su detonación, su olor y su humo. Además causaron heridas hasta entonces desconocidas por ellos. Procuraban la muerte instantáneamente o con rapidez. Los embajadores de Moctezuma, en sus relatos al jefe azteca, le refirieron los horrores que presenciaron.” (Bruhn de Hoffmeyer 1986).

No te pierdas el artículo visto desde el otro bando, el de las armas de los mexicas.

Bibliografía

Bruhn de Hoffmeyer, A. (1986).Las armas de los conquistadores. Las armas de los Aztecas. Gladius: estudios sobre armas antiguas, armamento, arte militar y vida cultural en Oriente y Occidente. N. 17, pp. 5-56.