El mito de Ariadna, Teseo y el Minotauro tiene su origen en la mitología griega. No obstante, ha recorrido la trayectoria de la historia cultural, de modo que lo han empleado, recreado y comentado sucesivos autores de nuestra tradición. Hay que advertir que existen diversas versiones del mito.

“Yo te daré de oro un hilo, que a las puertas has de atar, por donde puedas tornar siguiendo aquel mismo estilo. Que no te podrás perder si con él vienes siguiendo la puerta, ya que al horrendo monstruo acabes de vencer”.

(Lope de Vega)

La historia da comienzo con el portentoso y formidable Toro de Creta. Esta extraordinaria bestia salió de las profundidades de las azules aguas del mar por designio del poderoso dios Poseidón. Un mayúsculo animal blanco que el dios de los mares hizo surgir a petición de Minos como señal a su favor en el derecho de gobernar Creta frente a sus hermanos Radamantis y Sarpedón. El prodigio realizado ante el público le valió a Minos el trono, convirtiéndose así en el legendario rey que la historia conoce.

Heracles capturando al Toro de Creta. Es el séptimo de sus “doce trabajos”. Ilustración de Peter Connolly.

Ahora bien, como es de esperar en la mitología griega, el primer infortunio y conflicto llegó tan pronto como el primer éxito. La condición que Poseidón impuso a Minos no fue otra más que sacrificar al milagroso Toro y se lo ofrendara en las festividades religiosas. Minos guardó a la bestia en sus establos con la intención de cumplir el mandato divino, pero quedó fascinado y completamente prendado de la belleza del esplendoroso animal. De este modo, al llegar el instante del sacrificio, el rey de Creta no satisfizo al dios que se había inclinado a su favor. Simplemente no pudo dar muerte al Toro y acabar no sólo con su hermosura, sino también con la prueba material de origen divino de su indiscutible posición y legitimidad como rey.

Pero Minos no podía negarse a su cumplimiento sin más, así que se dispuso a sustituir el sacrificio poniendo en el lugar del Toro de Creta al mejor espécimen de su palacio. No hace falta tener dotes adivinatorias para sospechar lo que ocurrió a continuación. En efecto, Poseidón descubrió el engaño y decidió castigar la codicia y la arrogancia del rey.

Estatua de Pasífae en el interior de la vaca de madera.

La pena no sólo fue cruel, sino que involucró a terceros, puesto que el dios introdujo en Pasífae, la esposa de Minos, una desenfrenada e irreprimible pasión por el grandioso Toro de Creta. A partir de entonces, la reina no pudo prestar atención a otra cosa más que a la gran bestia blanca, hasta que ocurrió lo inevitable. La reina Pasífae tuvo un enardecido encuentro carnal con el Toro. Sin embargo, la pasión no bastaba para que la reina pudiera satisfacer su avivado deseo, por lo que requirió el ingenio del genial artesano y arquitecto Dédalo, el cual construyó un artefacto hueco de madera con la forma de una vaca que permitía a Pasífae situarse en el interior tendida sobre su torso. El Toro se apareó con el animal de madera y, por consiguiente, con Pasífae.

El Minotauro. Pintura de George F. Watts.

Tras el encuentro sexual, para deshonra de Minos, Pasífae quedó encinta. El castigo de Poseidón se revelaba cada vez más tormentoso, pues nueve meses después se reveló que lo que crecía en el vientre de la reina no era un cándido niño. Lo que nació fue una terrible criatura con cuerpo de humano y cabeza de toro. Este es el trágico origen del temible Minotauro.

El Minotauro

En esta situación, Minos decidió ocultar la horrible ignominia sufrida. El rey acudió a la maravillosa mente de Dédalo para solucionar —más bien soterrar— el problema. Para cumplir la orden regia, el magnífico inventor diseñó un perspicaz e intrincado laberinto para esconder al Minotauro en su interior. Minos decidió mantener con vida al brutal monstruo, de modo que, para que no muriese en su sempiterno y laberíntico confinamiento, se arrojaban periódicamente tributos humanos en la insuperable construcción de Dédalo para que el Minotauro los devorase.

The Labyrinth. Ilustración de Jeff Miller.

Los tributos provenían de la ciudad de Atenas como castigo por la muerte del hijo de Minos, Androgeo. La ultrajante pena que Minos impuso a Atenas fue la obligación de ofrecer regularmente siete jóvenes varones y siete doncellas Minos para entregarlos ritualmente al Minotauro en el laberinto. El atroz compromiso se contrajo después de que Minos lanzara su flota, sitiara Atenas y la forzara a su rendición. Para que la guerra no concluyera con la destrucción de la ciudad, Atenas aceptó pagar el despiadado tributo que el rey cretense exigía. La acción bélica se desató cuando Minos se enteró de la muerte de su hijo Androgeo, quien era un notable atleta que había ido a Atenas por los juegos panatenienses. Tras ganar en diversas competiciones Androgeo murió, lo cual provocó la ira de su padre. Los relatos difieren sobre la causa de su muerte. Algunos dicen que Egeo, el rey de Atenas, lo retó por envidia a dar caza al Toro de Creta, pero murió en el intento. Otros aseguran que murió durante la guerra entre atenienses y cretenses, tampoco faltan quienes atribuyen la culpa a participantes perdedores celosos. No hay una versión unívoca.

No obstante, el castigo impuesto por Minos tenía premio: si alguien lograse matar al Minotauro y salir victorioso del laberinto, entonces Atenas quedaría liberada del tributo. Pero superar el laberinto de Dédalo era imposible y matar al Minotauro no era una tarea sencilla. Esta bestia era incontrolable y se alimentaba exclusivamente de pollo, leche de elefante y carne humana. A medida que crecía se hacía más feroz y brutal.

Theseus and the Minotaur in the Labyrinth. Pintura de Edward Burne-Jones.

Es en este punto de la legendaria historia cuando aparece la figura del héroe fundador Teseo. Este personaje era el hijo de Etra y el mencionado rey de Atenas Egeo, aunque hay relatos que cuentan que su verdadero padre era Poseidón. El impertérrito Teseo se presentó voluntario en el tercer envío de tributos de Atenas a Creta. Allí se encuentra por vez primera con la bella princesa Ariadna, hija de Minos y Pasífae y, por tanto, hermana del infeliz Minotauro. Ariadna quedó tan enamorada que quiso ayudar a Teseo en su heroica empresa. Así pues, según el relato más extendido, la princesa hizo entrega de un ovillo de hilo; un ingenio que, por recomendación de Dédalo, permitía salir del laberinto. El héroe ateniense sólo debía atar un extremo del hilo en la entrada del edificio de Dédalo y tras matar al Minotauro sólo tenía que enrollar el ovillo hasta llegar a la salida.

El arriesgado Teseo se adentró en el laberinto de Creta en busca del Minotauro. La bestia se encontraba en el centro de la edificación (otras versiones dicen que deambulaba por distintos sectores) y lanzaba escalofriantes rugidos que llegaban a hacer temblar la propia sala del trono. Después de recorrer las calles y pasadizos diseñados por Dédalo, Teseo se topó con destino. El terror que sintió Teseo al encontrarse frente a los ojos de la bestial criatura es inefable. Sin embargo dio cumplimiento a su tarea y mató al Minotauro con un acertado asesto en el corazón del monstruo con una espada que traía oculta. Otros relatos afirman que venció a la bestia con sus nudas manos, a puño limpio. Gracias al hilo de Ariadna Teseo salió triunfalmente del laberinto celebrando la acción que supuso la liberación de Atenas del yugo de Minos. Algunos relatos cuentan que lo que Teseo utilizó para salir del laberinto fue una corona luminosa.

Copa de Esón

Ariadna huyó de Creta con el héroe y Teseo se acabó convirtiendo en rey de Atenas. Sin embargo, la pareja no terminó felizmente unida. En el viaje de regreso Atenas con la princesa cretense, Teseo hizo una parada en la isla de Día (o Naxos) donde abandonó a Ariadna, quien se casó con el dios Dioniso. Existen muchos relatos y tradiciones diferentes sobre este suceso. El abandono se pudo dar por desprecio o por alguna estratagema de Dioniso. En la Odisea Homero declara que Artemisa la mató por “acusación” de Dioniso: “Artemisa la mató en Día, situada en medio de las olas, por la acusación de Dioniso”. Sea como fuere, posteriormente Teseo raptó a Fedra, hermana de Ariadna, y se casó con ella.

Dioniso y Ariadna. Pintura de Sebastiano Ricci.

Bibliografía

Domingo García, E. (1983). El mito de Teseo en la literatura. Archivum. N. 3, pp. 217-250.

Páez Casadiegos, Y. (2003). El Minotauro en su Laberinto. Aposta. N. 3.

Soriano García, M. V. (2008). El mito de Ariadna: literatura y música. Actas de las V y VI Jornadas de Humanidades Clásicas. Pp. 247-262.