Existen períodos en la historia en los que una hambruna cambia radicalmente la trayectoria de un país. Tal es el caso de la llamada ‘Ardua Marcha‘ ocurrida en la República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte). Se calcula que entre 1995 y 1998 perecieron por inanición entre 500.000 y 3 millones de personas, si bien las cifras oficiales del gobierno norcoreano las rebajaron a unas 220.000.

Población norcoreana en los años 90. Fuente: Elcomercio

Antecedentes

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial con la derrota de Japón en 1945, Corea quedó dividida entre las potencias vencedoras a ambos lados del paralelo 38. El norte quedó bajo el control de la Unión Soviética mientras que el sur estuvo controlado por los Estados Unidos. Más tarde, el 9 de septiembre de 1948 quedó proclamada la República Popular Democrática de Corea con Kim Il-Sung como líder supremo del país, mientras que en el sur Syngman Rhee se convirtió en el presidente de la República de Corea con el beneplácito de Estados Unidos. El enfrentamiento entre ambos parecía inevitable. Después de una cruenta guerra que se prolongó de 1950 a 1953, la península coreana volvió a quedar dividida a ambos lados del paralelo 38 con ligeras modificaciones en la frontera. Nunca se llegó a firmar un tratado de paz, por lo que técnicamente ambas naciones continúan en pie de guerra.

Guerra Corea
La Guerra de Corea entre Norte y Sur entre 1950-1953 escondía detrás un enfrentamiento mayor entre EEUU y la URSS

En el lado norte, Kim Il-Sung trató de buscar la alianza de la República Popular China y de la Unión Soviética para desplazar a sus posibles adversarios políticos. Ante los recelos de Mao Zedong hacia Kim Il-Sung, la Unión Soviética se convirtió en el principal aliado geoestratégico del régimen norcoreano. Gracias a su apoyo, Corea del Norte experimentó un extraordinario crecimiento en los años 50 y 60 que fue la envidia del resto de países con gobierno comunista superando incluso a su vecino, la República de Corea (Corea del Sur). Mientras que en el norte existía una aparente prosperidad económica, en el sur se sucedían interminables crisis políticas y golpes de Estado unidos a una fuerte represión contra sus ciudadanos. No obstante la situación de la península coreana cambió drásticamente en las décadas siguientes, debido a una serie de factores internos y externos.

Hacia mediados de los 70, las economías de las dos Coreas empezaron a diferenciarse. El férreo sistema estatal norcoreano establecido través de los sucesivos Planes Quinquenales produjo el estancamiento de todos sus indicadores económicos, que no lograban despegar. La situación se hizo todavía más agobiante para el gobierno norcoreano en la década posterior, pues su vecino del sur, la República de Corea, se convirtió en uno de los principales centros industriales y tecnológicos del mundo motivado en parte por las fuertes inversiones de sus aliados y el espíritu emprendedor de sus habitantes. Por otra parte, la nación surcoreana estaba iniciando la transición hacia la plena democracia, algo que conseguiría a principios de los 90. Las diferencias socio-económicas a ambos lados del paralelo 38 empezaban a acrecentarse sin remedio, significando una brecha muy difícil de superar.

El colofón final de esta competición entre las 2 Coreas llegó con la proclamación de los Juegos Olímpicos de Seúl de 1988, en los que Corea del Norte ejerció un fuerte boicot. Además, en un intento por demostrar la grandeza de su nación Kim Il-Sung organizó el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en Pyongyang en 1989. En estas fastuosas celebraciones se derrocharon enormes sumas de dinero con el fin de proyectar una imagen de poderío y prosperidad ante el resto del mundo. Para la ocasión, se habían iniciado dos años antes las obras del imponente hotel Ryugyong, proyectado para ser el más alto del mundo en su época. Pero la grave situación económica que se estaba gestando imposibilitó su apertura. Como curiosidad, a día de hoy esta faraónica estructura sigue esperando pacientemente su inauguración.

Imagen actual del hotel Ryugyong, en Pyongyang. Foto de Intriper

Sistema songbun

Para poder entender bien como se estructura el régimen norcoreano, hemos de analizar primero el llamado sistema songbun. Existen en Corea del Norte tres castas principales divididas en función de su lealtad al régimen: los leales, los vacilantes y los hostiles. Dicha ‘lealtad’ se establece en función de lo que hiciera la familia del padre de cada individuo antes, durante y después de la ocupación japonesa (1910-1945) y la Guerra de Corea (1950-1953). Por ejemplo, si uno de tus familiares había combatido del lado de las tropas de Kim Il-Sung, entonces se pertenecía a la casta de los leales. Por otro lado, si alguien de tu familia era sospechoso de haber colaborado con los japoneses durante la ocupación o posteriormente con los estadounidenses, entonces acababas engrosando las abultadas filas de los hostiles.

Cada casta tiene asignados unos roles en la sociedad, siendo los hostiles lo que llevan a cabo los trabajos más duros en las regiones más pobres (agricultura, ganadería, pesca, minería, etc). A su vez, en el escalafón más bajo de esta casta se encuentran los represaliados de los gulags o campos de concentración bajo unas condiciones infrahumanas. Los vacilantes ejercen puestos intermedios como maestros o funcionarios de bajo rango. Por contra, los leales disponen de mayores recursos de alimentación, vivienda, educación, trabajo y ocio a la vez que tienen derecho a residir en la impresionante capital Pyongyang. En este sistema es prácticamente imposible escalar a un puesto más alto, si bien es muy sencillo caer en desgracia a un nivel más bajo si se ha incurrido en alguna falta al líder supremo o al régimen, aún perteneciendo a la casta más privilegiada.

La ‘Ardua Marcha

En el año 1991, se produjo la desintegración de la Unión Soviética. Este acontecimiento de significancia mundial, impactó de lleno en sus antiguos aliados, incluida Corea del Norte. La economía norcoreana dependía en buena medida de los subsidios y préstamos soviéticos, como los fertilizantes para la agricultura. El campo norcoreano empezó a mostrar serios problemas, habiendo de recurrir incluso a los excrementos humanos para poder utilizarlos como abono. A principios de los años 90, la escasez de alimentos empezó a hacer mella en la población norcoreana. Ante las dificultades para el correcto abastecimiento, las autoridades estatales aconsejaron tomar solo dos comidas al día, por considerarlo más ‘saludable’ que tres. Para la casta de los hostiles, el día a día se empezó a convertir en una auténtica carrera de supervivencia. A causa de la alarmante escasez de productos básicos, el gobierno estimó adecuado desviarlos hacia las clases más pudientes olvidándose por completo de los más necesitados. Había empezado un auténtico infierno para Corea del Norte.

El dictador norcoreano Kim Il-Sung junto a su hijo Kim Jong-il

A partir de 1994, la inmensa mayoría de la población norcoreana sufría desnutrición severa. Además, por si fuera poco en este año falleció Kim Il-Sung, siendo sucedido por su hijo Kim Jong-il. Si la situación no podía ser peor, unas graves inundaciones asolaron las escasas cosechas. En un intento por no morir de hambre, muchos ciudadanos trataron desesperadamente de huir de Corea del Norte en dirección a China, aunque se considerara una traición al régimen. Debido a la situación generalizada de hambruna, se consumía cualquier cosa que fuera comestible, incluida la carne humana. En las principales ciudades del país se agolpaban muchedumbres de personas que trataban de conseguir algo que llevarse a la boca. Sin embargo, la situación en la capital era bien distinta. A pesar del desabastecimiento generalizado en el resto del país, los habitantes de Pyongyang todavía disfrutaban de una posición que les permitía mantener su nivel de bienestar. El acceso a la capital estaba fuertemente controlado para evitar posibles tumultos o revoluciones. Para el año 1997, la hambruna alcanzó su cenit cobrándose la vida de poblaciones enteras. Fue tal la magnitud del desastre que ni siquiera el gobierno norcoreano pudo ocultarlo.

Consecuencias de la hambruna

Las cifras oficiales que manejó el gobierno norcoreano hablan de unas 220.000 muertes provocadas por la Ardua Marcha entre 1995 y 1998. Por el contrario, diversos organismos internacionales estiman entre un mínimo de 500.000 y un máximo de 3 millones de víctimas. La cifra exacta de fallecidos es motivo de discusión debido al hermetismo que siempre ha caracterizado al régimen norcoreano. Es de destacar que la hambruna no afectó por igual a toda la nación, dependiendo del sistema songbun. Las zonas más afectadas se localizaron en el norte, coincidiendo con las más pobres del país. Por otro lado, la élite de Pyongyang resultó la menos perjudicada, al pertenecer sus habitantes a la casta de los leales, dotados con mayores recursos y privilegios que el resto de la población. Aún así, la tragedia llegó a tal nivel que incluso la élite se vio afectada.

Por otro lado, tras la “Ardua Marcha” el Sistema de Distribución nacional de alimentos colapsó por lo que los ciudadanos norcoreanos hubieron de recurrir a otras alternativas para asegurarse su supervivencia. Empezó a surgir entonces un comercio clandestino de productos de primera necesidad entre aquellos norcoreanos que se lo podían permitir. En este caso, fueron mayoritariamente las mujeres las que llevaron a cabo esta actividad con el fin de mantener a sus familias. Dicho comercio continúa hasta la actualidad, ya que las autoridades norcoreanas han permitido su coexistencia con los Planes Quinquenales si bien en teoría esta actividad no existe para la propaganda oficial del régimen. Aunque se aborrecía de los enemigos capitalistas, la situación generada en la Ardua Marcha ocasionó que la nación norcoreana tuviera que recurrir a la ayuda humanitaria de Corea del Sur, Japón y Estados Unidos.

A pesar de que el régimen de Corea del Norte estuvo a punto de desquebrajarse durante este período, a finales de los años 90 el dirigente Kim Jong-il pudo apuntalar su poder siendo un digno sucesor de Kim Il-Sung. Para su consolidación como líder supremo estrechó lazos con la República Popular China, el principal aliado de Corea del Norte en la actualidad. A su vez, entre el 13 y el 15 de junio del año 2000, tuvo lugar la Primera Cumbre Intercoreana entre los dirigentes de las dos Coreas. Entre otros acuerdos, se impulsó la creación del polígono industrial en la ciudad fronteriza de Kaesong de capital privado surcoreano y se favorecieron por primera vez los encuentros entre familias que habían quedado separadas por la Guerra de Corea. No obstante, del total de surcoreanos inscritos para poder ver algún día a sus allegados, tristemente tan sólo un porcentaje muy bajo lo ha conseguido. A la muerte de Kim Jong-il en 2011, le sucedió su hijo Kim Jong-un que continuó con la política armamentística de su padre mediante el desarrollo del arsenal nuclear en su particular pulso contra Occidente.

Imagen de un misil balístico norcoreano, Pyongyang

Bibliografía:

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Pitarch, B. (2012). Cerrado 24 horas. Crónica de un viaje a Corea del Norte. Barcelona: Laertes.

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