Antonio Gálvez Arce fue un agricultor, político y persistente revolucionario murciano, también conocido de forma popular como Antonete. Nació el 29 de junio de 1819, en la pedanía murciana de Torreagüera, que en la actualidad cuenta con más de ocho mil habitantes. Esta población se halla ubicada a unos siete kilómetros de la capital, entre la amplia huerta de Murcia y la montaña del Miravete, una serranía escabrosa, de coníferas y peñas negras.

Nuestro protagonista creció en el seno de una familia humilde de huertanos, como muchas otras de la zona que subsistían gracias al productivo vergel levantino, huertas bañadas por el río Segura. Vivió en una España de continuas revueltas, que no encontraba la paz ni la estabilidad política: un tiempo de conflictos, tanto internos como externos,  y cambios constantes de gobiernos y gobernantes. Y, como muchos otros personajes destacados de su época, y también anteriores y posteriores a él, fue héroe para algunos y villano para otros.

Antonete Gálvez participó en numerosas insurrecciones de la época, por lo que tuvo que exiliarse en más de una ocasión en el norte de África (Argel y Orán), Francia y Suiza. Fue condenado a muerte y perseguido por el Ejército, la Guardia Civil y hasta por el extinto Cuerpo de Carabineros. Estas fueron instituciones que lucharon activamente contra el insurrecto en distintas batallas localizadas en la montaña del Miravete (Torreagüera), en Orihuela y en Cartagena. Sin embargo, aun luchando contra la ley, nuestro revolucionario siempre defendió a las clases sociales más bajas y lidió contra la tiranía.

Montaña del Miravete (Torreagüera)

Ya proclamada la Primera República Española, Antonete Gálvez fue elegido como diputado a las Cortes por Murcia, decantándose desde el principio por el bando más extremista entre los mismos republicanos: el que defendía la creación de una especie de Estados autonómicos o federales: los Cantones. Paradojas de la vida, por patrocinar un estado con autogobiernos cantonales, parecido al mismo que hoy en día rige España, se convertiría en enemigo del gobierno central de la República.

El Cantonalismo defendía la instauración de divisiones territoriales o administrativas de autogobierno, así como la posterior unión de todos esos cantones formando el conjunto del Estado de la nación, o sea la República o la “Federal”, como también era llamada. El primer Cantón instaurado fue el Cantón de Cartagena o Cantón Murciano. Sin embargo, llegaron a constituirse también en Valencia y en varias poblaciones de Andalucía.

Pero la República se debilitó. La guerra en Cuba, las guerras Carlistas y la propia guerra Cantonal que surgiría a posteriori contribuyeron, entre otras desavenencias, a su prematuro final. Con ella murió el primer sueño liberal de muchos españoles; los políticos no supieron conservarla, como sucedió en otros países europeos. Por consiguiente, restablecida la monarquía de Alfonso XII, el hijo de Isabel II, Antonete Gálvez fue perseguido una vez más. No obstante, la Justicia lo acabaría indultando (Restauración de Alfonso XII).  Así pues, el revolucionario finalmente pudo volver a su casa de Torreagüera y hasta fue elegido concejal del Ayuntamiento de Murcia.

Casa de Antonete Gálvez (Torreagüera)

Antonete Gálvez vivió una vida agitada, fue diputado y preso, líder y exiliado. Protegido por el Marqués de Camachos en la ciudad de Murcia, llegó a ser amigo personal del general Prim y de Cánovas del Castillo, e incluso izó un trapo rojo como bandera en la cima del Miravete, enseña del Cantón de Murcia, donde hoy en día se alza una gran cruz. Se ocultó, con varios de sus hombres, en las peligrosas cuevas de las montañas, cuando los disparos de los mosquetones de las fuerzas gubernamentales sonaban estruendosos en las tardes cálidas de verano o desoladoras de invierno. También se cuenta que, perseguido en numerosas ocasiones por las mencionadas fuerzas y cuerpos de seguridad, escapaba por una cueva que comunicaba con su casa del Huerto San Blas. Más mito que verdad, la leyenda aún pervive entre los murcianos y, con más fuerza aún, entre los paisanos de su pueblo, Torreagüera.

En una conversación de Cánovas del Castillo con el escritor y periodista Gabriel Baleriola, el político le comentaría al literato: “Gálvez es un hombre honrado, un gran caudillo de sus ideas exageradas y un político, a mi juicio extraviado, pero muy puro y muy sincero, incapaz de hacer mal a sabiendas, valiente hasta la temeridad y dotado de sentimientos generosos” (Del libro, Antonete Gálvez, de Gabriel Baleriola, página 89, párrafo 4).

Nuestro hombre pasó los últimos años en su casa del Huerto San Blas de Torreagüera. Viudo y anciano, murió el 28 de diciembre de 1898. Fue héroe y villano, como todo revolucionario. Pero, sobre todo, defensor de su tierra murciana y hombre honesto e íntegro en sus ideales.

A su muerte, la diócesis de Cartagena prohibió su entierro en tierra bendecida. Hasta que, medio siglo después, fue trasladado al cementerio nuevo de Torreagüera, donde a día de hoy reposan sus restos en un panteón familiar.

CANCIÓN POPULAR

En el Huerto de San Blas nació Antonete
al final de junio que ya era verano
y luchó por los montes del Miravete
defendiendo el pan para todo huertano.

Hay Miravete que hermoso eres
donde Antonete supo luchar
y tus mujeres por ser tan bellas
por los muchachos están chalás.

Le gustaba el orden y no la violencia
que es lo que siempre hace todo hombre valiente
en todo rincón de España había alegría
cuando estaba el Tío Antonete con su gente.

Hay Miravete que hermoso eres
donde Antonete supo luchar
y tus mujeres por ser tan bellas
por los muchachos están chalás.

Cuando su esposa ya estaba en el ataúd
estas palabras las dijo el Tío Antonete:
―Hoy se acaba de marchitar esta rosa
la más bella del monte del Miravete.

Hay Miravete que hermoso eres
donde Antonete supo luchar
y tus mujeres por ser tan bellas
por los muchachos están chalás.

En el mil ochocientos noventa y ocho
abandonado y solo murió Antonete
y alguien debió de poner una bandera
en el pico más alto del Miravete.

Hay Miravete que hermoso eres
donde Antonete supo luchar
y tus mujeres por ser tan bellas
por los muchachos están chalás.

En la Cresta del Gallo y Miravete
alguien debe de poner una bandera
con un letrero que bien grande diga
que Antonete fue orgullo de Torreagüera.

Anónimo

A LA GESTA DE MIRAVETE

Sobre la peña encrespada
se eleva un hombre sencillo
de virtud acrisolada,
que anhela aumentar el brillo
de su patria acongojada.

Silban las balas rugientes;
la sangre corre en el suelo,
y un puñado de valientes
la vista dirige al cielo
entre plegarias ardientes.

No vacila; el amargoso
pan del destierro prefiere
a un perdón que es deshonroso
sin que la desgracia altere
su corazón generoso.

Anónimo

BIBLIOGRAFÍA

  • Gabriel Baleriola. Antonete Gálvez, Editora Regional de Murcia, 1982.
  • Gabriel Ibáñez Martínez. Torreagüera (Torreagüereños que dejaron huella), Librería Salvá, 1998.
  • Juan García Abellán. Genio y figura de Antonete Gálvez, Editorial Belmar, 1976.
  • Antonio Puig Campillo. El Cantón Murciano, Editora Regional de Murcia, 1986.

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Miguel Costa
Miguel Costa nació en Murcia (España) en 1975. Es amante de la Historia y desde muy joven aficionado a la lectura, sobre todo a la literatura fantástica, de terror y policíaca. Es seguidor empedernido de escritores como Stephen King, R. A. Salvatore, J.R.R. Tolkien, Gustavo Adolfo Bécquer o Edgar Allan Poe, entre otros. Es miembro fundador del grupo literario de escritores de genero fantástico Círculo de Fantasía, y autor de la saga de novelas de fantasía épica “Los Señores del Edén”, de los libros de relatos “El Pasaje del Diablo”, “El mercader y el samana”, “El sendero de la sangre”, “Las voces de la demencia” y “Cantos de Tierra Leyenda” y de los poemarios “Para Virginia” y “En tierras de penumbra”; y “La bruma del infierno”, “La morada de las sombras” y “La habitación de la bestia”, tres libros de relatos de terror con la escritora Virginia Alba Pagán, al igual que el poemario “Versos de Medianoche”. Y pertenece a la Asociación Literaria Cultural La Estación de las Palabras. En 2019 queda finalista en el V Concurso de Haikus de la Librería Haiku de Barcelona, siendo publicado su poema en un libro de la editorial Shinden Ediciones. También ha participado en las antologías de relatos “Dragones de Stygia I, II, III y IV” y en el poemario “Versos de Stygia I y II” del Círculo de Fantasía.