Logró encandilar al monarca Enrique VIII, hasta el punto de zanjar su antiguo matrimonio con Catalina de Aragón. Se erigió como reina al casarse con él, y acumuló un gran poder dentro de la corte. Sin embargo, su futuro se truncó repentinamente, y acabó siendo decapitada en la Torre de Londres.

Ana Bolena (1501) nació en el seno de una familia aristocrática. Recibió una exquisita y cuidada formación en la corte de Margarita de Austria y, posteriormente, en Francia. Allí ejerció como dama de honor de María Tudor.

No solo se desenvolvía con soltura dentro de los modales cortesanos, sino que además había adquirido una cultura notable. Se sabe de ella que fue una gran virtuosa en campos como la música, la danza y la poesía. Hablaba francés con gran soltura, vestía siempre con las mejores galas y su belleza e inteligencia son conocidas aún a día de hoy.

El camino al reinado

El monarca estaba casado con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos. Catalina no conseguía darle un hijo varón. Quedó embarazada al menos siete veces (por última vez en 1518), y solo uno de los hijos, María, sobrevivió a la infancia.

También hay que recordar que Enrique VIII ya había tenido un romance con su hermana María, que  también, según se dice, fue amante de su rival, el rey Francisco I de Francia. María se casó con William Carey, el 4 de febrero de 1520, un cortesano con buenos contactos, que había conseguido los favores del rey. Enrique VIII fue invitado a la ceremonia y probablemente poco después comenzó un romance con María.  Su padre y su tío materno, Thomas Howard, III duque de Norfolk, la utilizaron como un peón para obtener diversos favores. Thomas Howard también era tío de Catalina Howard (la que acabaría siendo la quinta esposa del autoritario monarca inglés).

En 1526, un año después de su regreso a la corte inglesa, el monarca le declaró oficialmente su amor a Ana, la hermana de María. Sin embargo, ella nunca estuvo dispuesta a ser la concubina de nadie, aunque ese alguien fuera el mismísimo rey, que acostumbraba a cansarse pronto de todas las mujeres que alguna vez le sirvieron como queridas.

Quizá fueron los dones anteriormente mencionados, o quizá su capacidad para la seducción y el cortejo lo que llevó al rey Enrique VIII a caer rendido a los pies de esta mujer.

Ana Bolena, mujer de grandes aspiraciones, no se conformaría con menos que el mismísimo trono. Aunque para ello, pasó gran parte de su tiempo dejándose querer por el rey. Enrique VIII llegó a escribir cartas a su amada en las que mencionaba la pasión que ésta le despertaba.

Ya en 1528 Ana había logrado comportarse como si realmente fuera la reina, y que la corte respetara tal rango. Se sentaba junto al rey en las celebraciones, lucía las mejores joyas y se vestía de color púrpura, color reservado en última instancia para la realiza.

Escena de la serie de televisión “Los Tudor” en la que Ana Bolena es representada por Natalie Dormer.

Pero de nuevo, para Ana no era suficiente. Una noche, tras descubrir que Enrique VIII había estado cenando con su esposa, Ana entró en cólera e hizo saber al rey sus requerimientos: deseaba la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón para poder convertirse en reina, y le amenazó con dejarle por estar malgastando su juventud inútilmente.

En 1532 Ana Bolena decidió acceder por fin a ser la amante del soberano, previendo la pronta nulidad de su matrimonio con Catalina. El rey, para agradecérselo, la cubrió con un manto carmesí y le otorgó la suma de 1.000 libras al año “para el mantenimiento de su dignidad”.

Durante la Navidad de ese año, Ana acudió al rey a comunicarle la noticia de que estaba embarazada, y que no iba a dejar que su hijo naciera fuera del matrimonio. A finales de enero de 1533 un capellán los desposó en secreto, aunque el rey continuaba unido en matrimonio a Catalina.

Como cabría esperar, el asunto de la nulidad matrimonial puso en pie de guerra a varias facciones dentro de la corte. Por un lado, los seguidores del cardenal Wolsey, que apoyaban la decisión del rey. Por otra parte, los conservadores, que secundaban a la reina Catalina. Y por último la facción de los Bolena, que pronto alcanzaría un gran poder.

El ascenso al trono

Ana Bolena estaba altamente comprometida con la causa de la Reforma protestante. Gracias al apoyo de su facción logró derrocar al cardenal Wolsey, cuya caída propició el ascenso de Thomas Cranmer,  quien favoreció la resolución del asunto del divorcio. Además, ayudó a Ana a legalizar la situación de su matrimonio secreto.

En septiembre de 1532, Ana Bolena y Enrique VIII viajaron a Francia buscando recabar el apoyo del rey Francisco I para la celebración de su matrimonio.

Finalmente, Ana logró su objetivo y el matrimonio se hizo efectivo y público.

Poco tiempo después se aprobaría en el Parlamento el Acta de Restricción de Apelaciones, la primera de las leyes que acabaría favoreciendo la creación de la Iglesia anglicana. De esta forma el Papa había perdido todo el derecho a involucrarse en el asunto del litigio matrimonial, y Catalina de Aragón perdía la oportunidad de apelar al Vaticano.

Una vez zanjado el conflicto del matrimonio, Ana Bolena fue coronada por todo lo alto en una fastuosa celebración que superaba con creces a la de sus predecesoras. El pueblo inglés estaba ansioso y emocionado con los futuros hijos varones que continuarían la dinastía Tudor.

La facción Bolena había alcanzado el máximo de su poder, y durante el reinado de Ana la religión, el arte y la cultura estuvieron a su disposición para enaltecer su figura.

La anulación de su poder

Se sabe de esta etapa que, en 1533, Ana descubrió un escarceo del rey con una joven dama de la corte; práctica que solía llevar a cabo cuando sus mujeres estaban embarazadas.

Al contrario de lo que acostumbraba a hacer Catalina, Ana no lo toleró y empleó un mal tono para recriminarle al rey su comportamiento.

Al monarca no le tembló el pulso a la hora de amenazarla con quitarle todo lo que él mismo le había dado.

Cuando el bebé que ambos esperaban por fin vio el mundo, y descubrieron que no se trataba del esperado varón, el rey despertó aún más rencor hacia su esposa.

La hija nacida del matrimonio se llamaba Isabel, quien posteriormente reinaría con gracia durante 45 años en Inglaterra.

Ana Bolena volvió a quedarse embarazada, pero sufriría un aborto. Esta situación comenzó a tensar todavía más su relación con el rey, que pronto se daría “a los bailes y las mujeres”.

En 1535, cuando la pasión por su esposa había desaparecido por completo, el rey inició una relación con Jane Seymour. Sin embargo, Ana seguía suponiendo un problema a nivel político y social. Especialmente para Thomas Cromwell, que buscaba el acercamiento entre Enrique y el emperador Carlos V.

En 1536 Cromwell le tendió una trampa a Ana, entregándole al rey unas supuestas pruebas de que la reina había seducido a varios miembros del Consejo Privado, incluido su hermano.

Un gran número de historiadores considera a día de hoy que aquellas pruebas no tenían ningún tipo de fundamento. Sin embargo, su reputación favoreció que la corte la considerara culpable, incluido el rey.

Finalmente, un tribunal presidido por su tío y del que su padre era parte, la condenó a muerte.

La Torre de Londres, fortaleza que acogía a prisioneros de alto rango.

Ana pasó sus últimos días en la Torre de Londres, donde finalmente sería decapitada antes de cumplir los treinta años.

No hubo un gran funeral, sus restos mortales se envolvieron y la enterraron en una tumba común en la capilla de San Pedro ad Vincula.

Diez días después, el monarca volvería a desposarse, esta vez con Jane Seymour.

 

Bibliografía:

  • Historia, National Geographic. Edición especial: Grandes Mujeres. Las reinas que cambiaron la Historia. “De Reina de Inglaterra al Patíbulo. Ana Bolena”.