De la misma manera que nosotros los humanos hemos colonizado infinidad de ecosistemas, nuestro cuerpo ha sido colonizado también por otros organismos. Hablamos de microorganismos, por su puesto.

No solo somos el hábitat de muchas bacterias, sino también de virus, arqueas, hongos o incluso nematodos. La cantidad de microorganismos que viven en nuestro cuerpo es tal, que se estima que puede alcanzar los dos kilos en un adulto, y este conjunto de organismos se conoce como microbiota o flora intestinal.

La microbiota es vital para el ser humano. Hemos co-evolucionado con muchas bacterias y ahora dependemos de ellas para, por ejemplo, adquirir ciertos nutrientes que nuestro cuerpo es incapaz de producir. Pero la microbiota tiene otro papel crucial en el funcionamiento de nuestro cuerpo. El microbioma, que es el genoma de la microbiota, se ha relacionado con comportamientos depresivos en varios mamíferos y también con otras enfermedades. Es decir, la microbiota interactúa con nuestro cerebro a través de los sistemas neuroinmune y neuroendocrino. Parece entonces que nuestras vidas están muy condicionadas a los microorganismos.

Representación de una bacteria tipo bacilo

Intestino

En el ser humano encontramos microbiota en la piel, la boca, los genitales, el intestino, etc. Esta última, microbiota intestinal, es la más conocida de todas. Estos microorganismos interactúan con el hospedador a nivel nutricional y metabólico y, además, están relacionados con su estado de salud.

Para el ser humano es esencial la presencia de microbiota intestinal porque esta produce ciertas vitaminas necesarias y digiere alimentos que nosotros no podemos asimilar. Asimismo, existen estudios que relacionan la microbiota intestinal con obesidad. Es por ello que la microbiota intestinal merece una atención especial.

La epigenética explica la estrecha interacción entre la microbiota y el hospedador. Todas nuestras células, y las de cualquier hospedador, contienen el mismo ADN. Una célula epitelial tiene el mismo material genético que una célula renal. Sin embargo, los genes no se expresan de la misma manera en todas las células (porque si no, todas serían iguales) debido a la regulación ambiental entre otros factores. Esta regulación ambiental permite que haya diferentes tipos celulares, pero al mismo tiempo es susceptible a los metabolitos -productos del metabolismo- de la microbiota, ya que estos forman parte del ambiente celular. Por lo tanto, la microbiota intestinal afecta la regulación epigenética de las células humanas.

Entre otros factores, la dieta afecta directamente a la microbiota intestinal, cuyos metabolitos alteran epigenéticamente el desarrollo del cuerpo y esto puedo conllevar alteraciones en la salud.

Las implicaciones fisiológicas de la epigenética son muchas, sobre todo durante la etapa de desarrollo. Los órganos que han estado expuestos a determinados metabolitos microbianos pueden presentar alteraciones, pues las células que los forman han expresado o dejado de expresar determinados genes esenciales para el correcto funcionamiento corporal. Obviamente este tema es muy complejo y requiere mucha investigación porque hay miles de microorganismos diferentes habitando en el cuerpo humano.

Tipos de microbiota y beneficios

Pese a que ciertos microorganismos pueden causar enfermedades y/o alergias, otros son importantes para mantener una buena salud. Como es lógico, la microbiota intestinal tiene como principal función sobrevivir. Y como resultado, realiza ciertas tareas que nos benefician enormemente: producen vitaminas y ácidos grasos de cadena corta (usados por las células como fuente de energía), detoxifican, regulan el metabolismo del colesterol y participan en la desconjugación de los ácidos biliares.

Bacteriodetes y Firmicutes son los dos filos bacterianos dominantes en nuestro intestino, aunque también hay otros filos con una presencia significativa. Estas bacterias eligen una región específica del intestino – llamada nicho- acorde con sus necesidades, y crecen ahí compitiendo con las comunidades microbianas vecinas. Esto nos lleva al concepto de enterotipo, que es el grupo bacteriano predominante en cada persona.

Parece que existen al menos tres enteropitos (Bacteroides, Prevotella y Ruminococcus) en los seres humanos. Es decir, podemos clasificarnos en función del grupo bacteriano predominante en nuestro intestino. Tener un enterotipo u otro se debe a nuestra dieta a largo plazo puesto que la microbiota depende de lo que comemos.

La dieta es el principal factor que determina la flora intestinal.

Por ejemplo, las personas con una dieta omnívora, como en Europa noroccidental, presentan Clostridium como género bacteriano dominante. En las regiones donde la dieta es muy rica en fibra y pobre en productos animales, los géneros dominantes son Prevotella y Dialister-Veillonella. El género Bacteroides domina los intestinos de las personas con dietas muy ricas en productos animales, como en occidente. Podemos hablar de un cuarto grupo de personas cuya microbiota está desequilibrada (disbiosis).

Microbiota sana in corpore sano

Una microbiota intestinal sana es necesaria para un cuerpo sano, mientras que una microbiota aberrante causa enfermedades de diferente naturaleza. En cualquier caso, la mayoría de las personas con un estilo de vida saludable tiene una microbiota sana. Pero aún existen muchas cuestiones por responder, como ¿qué es una microbiota sana?, ¿qué es una dieta saludable? O ¿cómo afecta exactamente la microbiota en nuestra salud?

 

 

 

 

Lecturas recomendadas para ampliar información

Arumugam, Manimozhiyan, et al. “Enterotypes of the human gut microbiome.” Nature 473.7346 (2011): 174.

Duncan SH et al (2008) Human colonic microbiota associated with diet, obesity and weight loss. Int J Obes (Lond) 32(11):1720–1724.

Jumpertz R et al (2011) Energy-balance studies reveal associations between gut microbes, caloric load, and nutrient absorption in humans. Am J Clin Nutr 94(1):58–65

Ley RE et al (2006) Microbial ecology: human gut microbes associated with obesity. Nature 444(7122):1022–1023

Referencias

Schwiertz, A. (Ed.). (2016). Microbiota of the human body: Implications in health and disease (Vol. 902). Springer.

Winter, G., Hart, R. A., Charlesworth, R. P., & Sharpley, C. F. (2018). Gut microbiome and depression: what we know and what we need to know. Reviews in the Neurosciences, 29(6), 629-643.