A partir del año 340 a. C., Filipo asignó a Alejandro tareas de Estado, recibiendo a los embajadores extranjeros en ausencia del rey. Fue así como Alejandro recopiló informaciones sobre Oriente cuando se entrevistaba con los emisarios, entre ellos persas. Esta información le será muy provechosa en el futuro.

Pero será dos años después, en el 338 a. C., con apenas 18 años, cuando su padre le concede el mando de la caballería del flanco izquierdo de su ejército, mientras que Parmenión se encargaría de los batallones centrales de infantería y el rey Filipo lideraría la caballería del flanco derecho. Después diversas batallas en suelo griego contra los foceos, la polis de Atenas apoyó una nueva insurrección contra Macedonia, provocando la ira de Filipo y la declaración de la guerra por parte este. Atenas y Tebas formaron una alianza militar para detener el avance de los macedonios, que amenazaban con invadir el Ática. El enfrentamiento entre la coalición de ejércitos griegos y los de Filipo y Alejandro tuvo lugar en Queronea en el 338 a. C., en donde Macedonia consiguió una decisiva y aplastante victoria utilizando la táctica del “yunque y el martillo”, que consistía en desplazar a la caballería de ambos flancos por detrás de las filas enemigas para que, unido al ataque frontal de la infantería hoplítica, asfixiaran al enemigo por todas partes.[1]

Táctica del “Yunque y el Martillo”

La victoria en Queronea representó el sometimiento definitivo de Grecia a Filipo —a excepción de Esparta—, el cual estableció guarniciones de soldados y creó la Liga de Corinto, una asamblea federal formada por los representantes de todas las polis griegas en la que se trataron tres objetivos principalmente: por un lado, los asuntos tributarios de Grecia; por otro, la paz común entre las polis griegas; y, por último, la creación de una alianza militar panhelénica. Filipo II fue proclamado Strategós autokrator —equivalente al título de Imperator latino— y se le entregó el hegemón (comandancia) de la Liga, la cual utilizó para declarar la guerra al Imperio Persa Aqueménida, bajo el pretexto de vengar a los griegos por los ataques cometidos por los persas en las Guerras Médicas. Por su parte, Alejandro fue proclamado gobernador de Tracia ese mismo año.

Pero, a partir de este momento, la relación entre Filipo y Olimpia se truncó, ya que éste deseaba casarse con una noble macedonia, Cleopatra Eurídice, sobrina Átalo, uno de sus generales. Durante la boda, embriagados por el vino, Átalo sugirió que por fin Macedonia tendría un rey legítimo, ya que ambos cónyuges eran de origen macedonio, siendo Alejandro mitad epirota por parte de madre. Esto provocó la cólera de Alejandro el cual, arrojándole la copa a la cabeza, le espetó: «Necio, ¿es que a mi me tienes por bastardo?». A lo que el rey Filipo, indignado por la actuación de su hijo, desenvainó la espada y avanzó amenazante hacia él, pero, embriagado por el vino, tropezó y cayó al suelo. Alejandro miró la escena con desprecio y dijo: «Amigos, ahí tenéis al hombre que se disponía a pasar de Europa a Asia y no puede pasar de un lecho a otro sin acabar por los suelos».[2]

Filipo II de Macedonia

Después del enfrentamiento con su padre, Alejandro decidió establecerse en el Epiro llevando a Olimpia consigo. Fue conversando con Demárato, hombre de confianza del rey, cuando Filipo le preguntó si Grecia estaría realmente apaciguada y este lo contestó que mucho se preocupaba por los asuntos de Estado cuando era en el seno familiar donde se encontraban sus auténticos males. Al oír esto, Filipo rectificó y mando traer de vuelta a Alejandro de nuevo.

Pero toda historia griega no puede existir sin un episodio de tragedia. Filipo tenía una hija llamada Cleopatra (no confundir con Cleopatra Eurídice, la reciente esposa de Filipo), la cual ofreció en matrimonio a Alejandro I del Epiro el Moloso, hermano de Olimpíade. Llegaron a un acuerdo y se celebró la boda. Pero tiempo atrás, Filipo había tenido un amante llamado Pausanias de Orestis, con el cual el rey terminó la relación para comenzarla con otro hombre también llamado Pausanias, amigo del general Átalo. Pausanias de Orestis, ultrajado, humilló en público al nuevo amante del rey, haciendo que llegara a suicidarse. Átalo, amigo del recién fallecido, se vengó de él abusando sexualmente de Pausanias de Orestis. El rey Filipo al enterarse del suceso, no condenó de ningún modo la actuación de Átalo, tan solo ascendió a Pausanias de Orestis al puesto de la Guardia real. Considerándolo insuficiente Pausanias conspiró para vengarse de Filipo.[3]

Asesinato de Filipo II, 336 a. C. Grabado de Andre Castaigne.

El día de la boda entre Cleopatra de Macedonia —hija de Filipo— y Alejandro I de Epiro —hermano de Olimpia—, Pausanias de Orestis asesinó a Filipo II cuando iba a realizar un discurso de bienvenida, huyendo tras ello de la boda. Pero la mala fortuna se apoderó del ex amante del rey cuando, de improvisto, se tropezó con una rama de parra y cayó al suelo, siendo asesinado por los soldados de Filipo.

No se puede obviar una posible implicación de Olimpíade, ya que esta había sido relegada en su papel de reina consorte y ya no sería su hijo Alejandro quien ostentaría el trono de Macedonia. Se ha cuestionado incluso que Alejandro pudiera estar involucrado como hijo desheredado en el que se había convertido. Sea como fuere, Filipo fue enterrado en octubre del 336 a. C. con los honores de un rey y el luto oficial se extendió a toda Macedonia. Moría así un rey cuyo reinado —de veintitrés años— había cambiado radicalmente el país, introduciendo reformas decisivas en el ejército que expandieron las fronteras macedónicas.

Macedonia a la muerte de Filipo II

En Macedonia el trono en no era hereditario, sino que, cuando el rey moría, la corona pasaba al ejército y era este quien proclamaba al futuro rey. Por tanto, las sentencias hechas por el anterior monarca podían revocarse o no darse por válidas a la muerte de este. Alejandro había alcanzado fama, no solo por su participación en la batalla de Queronea, sino por su astucia e inteligencia a la hora de tomar decisiones. Fue, por tanto, nombrado rey por el ejército macedónico con abundantes vítores. Alejandro se convertía en rey de Macedonia, en el 336 a. C., con apenas 20 años.

El nuevo rey se encontró con diversos problemas que afectaban al reino: por un lado, una facción de nobles macedonios liderados por Átalo, se rebelaron contra la proclamación de Alejandro apoyando en su lugar al hijo nacido del matrimonio de Cleopatra Eurídice y Filipo II, es decir, el hermanastro de Alejandro. El nuevo rey incautó a los nobles macedonios insurrectos y los ajustició, ejecutando a Átalo ese mismo año.

Por otro lado, las tribus bárbaras de Tracia acosaban las fronteras del reino por el Noreste. Alejandro marchó contra ellos en una serie de campañas: primero, contra los llamados tracios independientes, que estaban apostados en la cima del monte Hemo, impidiéndole el avance. Estos lanzaron sus carros de combate con el objetivo de desorientar a las falanges de Alejandro, pero éste les instó a que se agacharan con sus escudos cuando los carros cayeran colina abajo. De esta forma, los carros se deslizaban por encima de sus escudos. Cuando la infantería alcanzó la cima, y ayudada por los arqueros macedonios, masacraron a la tribu rebelde. Seguidamente, Alejandro se enfrentó a la tribu de los tríbalos, derrotándolos en campo abierto y dejando cerca de 3.000 cadáveres enemigos. Por último, se enfrentó a las tribus tracias de los taulancios y de los getas, obteniendo de igual modo la victoria, apoyado por la tribu de los agríanos.

Campaña de Alejandro en Tracia, 336 a. C.

Fue entonces cuando Alejandro recibió la noticia de que algunos Estados helenos se habían rebelado argumentando que, tras la muerte del rey Filipo, los tratados firmados con él eran inválidos con el nuevo monarca y, por tanto, no tenían por qué acatarlos. Una de las ciudades que se rebeló fue Tebas, la cual fue apoyada por los atenienses.

Al enterarse de esto, Alejandro marchó desde los Balcanes hasta Tebas. Llegó a Tesalia y, cruzando las Termópilas, alcanzó Beocia —región natural de Tebas—, estableciendo su campamento en la ciudad de Onquesto. Se había extendido el rumor de que Alejandro había muerto en Tracia y, desde Atenas, el orador Demóstenes alentaba a los tebanos a la insurrección tachando al macedonio de “niño” o “muchacho”. Alejandro estaba dispuesto a demostrarle que era todo un hombre. Tras serle rechazadas numerosas propuestas de paz, estableció parte de su ejército en una de las siete puertas de Tebas, la puerta Cadmea, en donde los generales Pérdicas y Amintas, sin haber dado Alejandro la orden, marcharon al ataque con sus respectivos efectivos.[4] Tras ello, el joven rey atacó con el resto del ejército y cuando los tebanos se batían en retirada hacia la ciudad, la puerta no quedó cerrada, lo que hizo que los macedonios penetraran sin dificultad en Tebas. Alejandro, decretó la orden de aniquilación y destrucción total de la ciudad, a excepción de la casa del poeta Píndaro, al cual admiraba el macedonio.

Destrucción de Tebas, 335 a. C.

Fueron los aliados griegos —platenses y beocios— del ejército de Alejandro los que más se encarnizaron con los habitantes de la ciudad, ya que Tebas había estado sometiendo durante siglos a las pequeñas ciudades griegas de su alrededor.[5] Se cuenta que saquearon la casa de una noble tebana llamada Timoclea y, tras violarla, su comandante le obligó a que le revelase dónde guardaba su oro. Ella le indicó que lo había escondido en un pozo, al cual le guió. Al asomarse, Timoclea lo empujó, haciéndolo caer al fondo y le arrojó grandes piedras que acabaron con su vida. Al llevarla ante la presencia de Alejandro, el cual le preguntó quién era, ella le respondió que era la mujer de un general que había muerto en la batalla de Queronea por defender la libertad de los griegos. Ante esta contestación, Alejandro se quedó tan impresionado por su valentía que la dejó marchar.[6]

Timoclea matando al capitán de Alejandro Magno. Pintura de Elisabetta Sirani.

La destrucción de Tebas tenía una finalidad ejemplarizante para con las demás polis griegas. No actuó así, sin embargo, con Atenas, ya que Alejandro sabía que necesitaba su flota para la incursión en Asia, por lo que perdonó a la ciudad. El resto de polis griegas —a excepción de Esparta—, se sometieron al nuevo rey de Macedonia.

Tras su paso por Corinto para recibir el hegemón de la Liga, Alejandro quiso entrevistarse con el filósofo Diógenes el Perro, de quien había oído hablar a Aristóteles sobre su filosofía, el cinismo, la cual admiraba. Tras rehusar Diógenes de acudir ante Alejandro dada su apatía por cualquier dirigente político, fue él mismo a visitarlo. El filósofo vivía en una gran tinaja —la cual hacía rodar para ir de un sitio a otro— en el Craneo, un arrabal de Corinto. Alejandro se acercó a él con su escolta y le congració a que le pidiera cualquier cosa que quisiera. Diógenes le miró y le dijo: «que te apartes un poco del sol». Sorprendido, Alejandro se marchó del lugar y, mientras que sus soldados se burlaban del pensador, él les dijo: «Pues por lo que a mi hace, si no fuese Alejandro, de buena gana sería Diógenes».[7]

Diógenes de Sinope y Alejandro Magno. Pintura de Sebastiano Ricci.

Se dice que, de regreso a Macedonia, Alejandro fue a Delfos para que le presagiaran su futuro en Asia. Cuando llegó, se dio la circunstancia de que no era día para emitir oráculos —sólo se celebraba el día siete de cada mes, fecha del nacimiento de Apolo—. Iracundo, arrastró por la fuerza a la pitonisa hasta el templo, a lo que ella le dijo: «Eres invencible, hijo». Satisfecho, abandonó el santuario. Era todo lo que necesitaba escuchar.[8]

Alejandro arrastra a la pitonisa al oráculo de Apolo en Delfos.

Alejandro pasó entonces por la ciudad de Libetra, en la región de Piera, a las faldas del monte Olimpo, en donde se decía que una estatua de Orfeo había empezado a sudar intensamente. Extrañado, preguntó a su adivino privado, Aristandro de Telmeso, qué podría significar aquello. Él afirmó que «para los poetas, tanto épicos como líricos, y para cuantos compusiesen odas, iba a ser una costosa tarea hacer composiciones y celebrar las hazañas de Alejando».[9]

 

 

[1] ARRIANO, Anábasis de Alejandro Magno, Ed. Biblioteca Clásica Gredos.

[2] PLUTARCO, Vidas Paralelas, Libro VI, Vida de Alejandro Magno, Ed. Biblioteca Clásica Gredos.

[3] La versión más detallada sobre las razones que llevaron a Pausanias de Orestis a asesinar al rey Filipo II la da DIODORO SÍCULO en su obra Biblioteca Histórica, Libros XV-XVII, Ed. Biblioteca Clásica Gredos.

[4] ARRIANO, Anábasis de Alejandro Magno, Ed. Biblioteca Clásica Gredos.

[5] R. LANE FOX, Alejandro Magno, conquistador del mundo, Ed. Acantilado.

[6] PLUTARCO, Vidas Paralelas, Libro VI: Vida de Alejandro Magno, Ed. Biblioteca Clásica Gredos.

[7] Anécdota recogida por PLUTARCO en Vidas Paralelas, Libro VI, Vida de Alejandro Magno, Ed. Biblioteca Clásica Gredos.

[8] PLUTARCO, Vidas Paralelas, Libro VI: Vida de Alejandro Magno, Ed. Biblioteca Clásica Gredos.

[9] ARRIANO, Anábasis de Alejandro Magno, Ed. Biblioteca Clásica Gredos.

 

Bibliografía

  • PLUTARCO, Vidas Paralelas, Libro VI, Vida de Alejandro Magno, Ed. Gredos.
  • ARRIANO, Anábasis de Alejandro Magno, Ed. Gredos.
  • PSEUDO CALÍSTENES, Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia, Ed. Gredos.
  • Q. CURCIO RUFO, Historia de Alejandro Magno de Macedonia, Ed. Gredos.
  • DIODORO SÍCULO, Biblioteca Histórica, Libro XVI, Ed. Gredos.
  • LANE FOX, Alejandro Magno, conquistador del mundo, Ed. Acantilado.

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