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La trayectoria de Lutero y la de la Reforma protestante determinaron el desarrollo religioso y político de la historia occidental. Han pasado ya 500 años desde la simbólica acción en la que Lutero colgó en la puerta de la iglesia de Wittenberg sus 95 tesis con las que cuestionaba a la Iglesia Romana “el poder y la eficacia de las indulgencias”. Es comúnmente aceptado que con este acto da comienzo la Reforma protestante.

Texto de las 95 tesis.

Martín Lutero fue un fraile agustino que protestó ante la corrupción eclesiástica, especialmente contra la venta de indulgencias, y pretendió reformar puntos doctrinales fundamentales de la teología católica. Una indulgencia consiste en una “remisión ante Dios de la pena temporal correspondiente a los pecados ya perdonados, que se obtiene por mediación de la Iglesia”[1]. En lo que respecta a la doctrina de la Salvación, Lutero consideraba a las indulgencias como una farsa fomentada por la corrupción moral del clero. Expuso públicamente 95 tesis que criticaban las indulgencias y se perfilaba un planteamiento de la salvación por la fe, restando peso a las obras. Esta cuestión doctrinal excede al mero repudio de la venta de las indulgencias.

El luteranismo propugna, además de la salvación por la fe, el rechazo de la adoración de imágenes y la imposibilidad de la intercesión de los santos. A su vez, es central la negación de la autoridad del Papa. Entre otras cosas, también se opone a la existencia del purgatorio y se defiende el libre examen de las Sagradas Escrituras. Son célebres las “cinco solas” para sintetizar las creencias fundamentales: sólo Cristo, sólo la gracia (para la salvación), sólo la Escritura, sólo la fe y gloria sólo a Dios. El luteranismo mantuvo sólo dos sacramentos: el Bautismo y la Eucaristía (esta última con un carácter distinto al de la católica). Asimismo, el clero luterano puede contraer matrimonio.

Hay que resaltar otras figuras importantes en la Reforma como Ulrico Zuinglio y Juan Calvino. En el protestantismo se desarrollaron una pluralidad de iglesias cristianas independientes de la Iglesia católica con concepciones teológicas diversas. Incluso se habla de diversas iglesias luteranas.

El reconocimiento del papel de Lutero y la Reforma protestante a día de hoy sigue en disputa. En este año se conmemora el 500 aniversario de las 95 tesis (que no está demostrado que se clavaran, pudieron haber sido enviadas) y las reacciones no se han hecho esperar[2]. Unos lo consideran como un cisma y desviación de la fe, y otros como un proceso de regeneración de las creencias y las prácticas religiosas.

Recreación de Lutero clavando las 95 tesis.

Es común comprender a la revolución teológico-intelectual del protestantismo como uno de los elementos en los que se fragua el origen de la civilización moderna, lo cual se encuentra conectado con una transformación en la cultura política, que unos celebran y ortos impugnan. Resulta evidente que la influencia del protestantismo va más allá de los dogmas de fe, pues propició grandes cambios en las relaciones sociopolíticas[3].

Por un lado, según la visión tradicional, Lutero lucho a favor de la libertad religiosa contra las injusticias de las instituciones eclesiásticas. La lucha de Lutero sería la del valor de un mero fraile que se enfrentó a la imponente Iglesia romana. A esta lucha –tal como se mantiene en esta posición- le debemos la libertad de conciencia, el libre examen individual y una fe más depurada, al renunciar al reconocimiento de la autoridad clerical, rechazando con especial virulencia la jurisdicción del Papa. Lutero estaría liberando, por tanto, a las personas de la condición servil del entorno cultural católico. Ahora bien ¿es esto cierto?

Por otro lado, se considera que lo que impulsó Lutero fue la quiebra de la cristiandad y la intolerancia entre sus partes disgregadas que propiciaron conflictos políticos y enfrentamientos nacionalistas. Lutero fue realmente agresivo contra las posiciones discrepantes. Lo que en principio pareciera un llamamiento a la libertad religiosa, se cristalizó en intransigencia contra las demás expresiones religiosas, y no sólo hacia las católicas. Esta posición también sostiene que Lutero favoreció el nacionalismo servil a los príncipes protestantes y un fervoroso antisemitismo superior al de los reinos católicos.

¿Las demandas de Lutero se limitaban a denunciar la corrupción? Esta postura crítica mantiene que el propósito de Lutero no radicaba meramente en el combate contra los excesos de la Iglesia de la época como la venta de indulgencias. No se trataba de la restauración de la fe de una vida en la gracia (en términos teológicos). Por el contrario, Lutero implantó concepciones radicalmente distintas (no meras reformas) en las creencias religiosas y en su consiguiente comprensión del mundo, con consecuencias políticas perniciosas.

Dieta de Worms convocada en 1521 para la retractación de Lutero. Lutero defendió su postura protestante ante las autoridades presididas por el emperador Carlos V.

La autoridad religiosa es lo que mantiene la unidad orgánica de la comunidad cristiana, y sería sierva del orden moral. Cierta comprensión secularizada de la autoridad, como capacidad de imposición de la voluntad por prestigio, costumbre o coacción, no se correspondería con la que la Iglesia católica mantiene, al menos doctrinalmente. La anulación de la autoridad conlleva al traslado del fundamento de legitimidad al individuo y la disolución de los lazos comunitarios cristianos.

En el plano espiritual, esta postura crítica con la Reforma entiende que la libertad de conciencia, en última instancia, no puede ser más que la intención de actuar de forma autónoma sin atender a ley externa alguna. Esto se enfrentaría a la libertad de las conciencias en su actuación por reflejar la ley moral guiada por la gracia divina. La libertad de conciencia no sólo tendría consecuencias prácticas dañinas, sino que además se trataría de un contrasentido que desemboca en el idealismo moderno.

También hay que esclarecer que los impulsos políticos para la implantación del luteranismo y de los distintos grupos protestantes fueron más prosaicos que las grandes reformas teológicas que avalaban una corrección de la vida del creyente. Los poderes fácticos, como no es de sorprender, respondían a los intereses geopolíticos de su contexto histórico. De este modo, lo que ofrecía Lutero al sustituir la dirección papal, era un sistema de iglesias nacionales, cada una de las cuales estaría regida por el gobernante. Lutero encontró su apoyo al brindar el mando de la religión de un territorio a su correspondiente dirigente político. Además, por esta vía se llevaron a cabo sustanciosas incautaciones de bienes de la Iglesia.

Con el luteranismo se abre un nuevo tipo de relación entre el poder político y la religión: Dios estaría concediendo poder a los gobernantes para dirigir su iglesia. En los reyes reside el poder de gobierno de la iglesia de su territorio y de su reino, por derecho divino[4]. Esta condición atrajo a gran cantidad de príncipes y territorios (con sus diversas particularidades) que vieron la oportunidad de adquirir poder propio al margen de la Iglesia sin prescindir del elemento social de la religión cristiana[5]. El protestantismo se fue disgregando en diversas ramas y concepciones, por virtud del principio de la libre interpretación de las Sagradas Escrituras según la libertad de conciencia y la renuncia de la autoridad.

Todo esto deja claro que la consecuencia de la supuesta libertad religiosa no fue real para los individuos, sino que empoderó a los diversos gobernantes para determinar las creencias en sus territorios, en muchos casos con persecuciones atroces para las demás confesiones. Se implantó el principio “cuius regio eius religio”, por el cual cada señorío sigue la religión de su correspondiente regente, y no la que cada persona pretenda seguir. Esto se pactó en la Paz de Augsburgo en 1555, que fue el resultado de diversos enfrentamientos que no tuvieron un claro vencedor.  Este sistema que se podría denominar de confesionalidad estatal, se consolidó con la Paz de Westfalia en 1648 que concluyó la Guerra de los Treinta Años (que no era solamente religiosa). Dicho estatu quo hizo que se extendiese el principio “cuius regio eius religio” por toda la cristiandad, incluso en los territorios católicos, que lo aplicaron limitando los poderes religiosos de la jerarquía eclesiástica, lo cual se denominó Regalismo y dominó en los siglos XVII y XVIII. Como consecuencia, se aplicó la regla por la que adoptar una confesión diferente a la oficial del territorio supone un delito político.

Lutero era un teólogo y no un teórico político, sin embargo, sus planteamientos religiosos tienen consecuencias en las concepciones políticas. En particular, la comprensión de la autoridad es de especial importancia en el pensamiento protestante luterano. El reformador se oponía a la transformación del orden establecido y, en lo concerniente a la autoridad, sólo podían ejercerla los que ya disponían de ella. Así pues, los príncipes protestantes debían rebelarse contra el emperador y el papado, pero los súbditos de estos príncipes debían respetar su autoridad.

Grabado de Gabriel Salmon, Batalla contra los campesinos.

De este modo, se ha interpretado la resolución de la Guerra de los Campesinos como una de las consecuencias doctrinales de Lutero. El apoyo sería para los nobles y no para la sublevación campesina. Estas revueltas populares se dieron entre 1524 y 1525 con especial intensidad en el sur y el oeste del Sacro Imperio Romano Germánico[6]. Los campesinos fueron abatidos por los nobles defendidos por Lutero (aquí cobra importancia la Liga de Suabia), y se desencadenó una férrea represión ¿Es esto libertad individual?

Las relaciones sociopolíticas que produjo la reforma luterana no supusieron un cambio en la sumisión ideológica y económica de los individuos y de los grupos sociales mayoritarios, sólo empoderó a los príncipes protestantes. La proliferación de ramas protestantes hizo que, finalmente, el luteranismo quedase como una más de las propuestas reformistas.

Rosa de Lutero, diseñado por Lutero y símbolo del luteranismo.

En conclusión, hay remarcar que se trata de fenómenos muy complejos que tienen diversas dimensiones a tener en cuenta. ¿Hay que buscar la reconciliación? Por supuesto, pero sin dejar al margen la verdad y procurando alejarse de la visión de la historia como la lucha de los “buenos” por la libertad de conciencia contra los “malos” de la autoridad religiosa.

 

 

 

Fuentes

Amores Bonilla, P. A. “Martín Lutero y su contexto”. Clío. N. 39, 2013.

García, B. El Pensamiento Político de Martín Lutero”. Iberian. N. 6, 2013.

Lágrmias en la Lluvia. Programa dedicado a la Conciencia. Intereconomía, 26/2/2012. (Online: https://www.youtube.com/watch?v=zaELt-S9jng).

Roca Barea, M. E. Martín Lutero: mitos y realidades. El País, 23/7/2012 (Online: https://elpais.com/internacional/2017/07/21/actualidad/1500642089_505462.html).

Simiele, J. “Lutero y la Política”. Enfoques. N. 1, 2010.

Villacañas, J. L. 500 años de Lutero. Levante-EMV, 25/7/2017. (Online: http://www.levante-emv.com/opinion/2017/07/25/500-anos-lutero/1597360.html).

VVAA. “Historia de las relaciones entre los Estados y las confesiones religiosas”. Derecho Eclesiástico del Estado. Ed. Tirant Lo Blanch. 2016: Valencia.

 

[1] RAE.

[2] Véanse el artículo de Roca Barea en el País, la respuesta de José Luis Villacañas en el Levante, las consideraciones del cardenal Gerhard Müller o la carta del superior de los agustinos sobre Lutero.

[3] Véase como ejemplo el estudio de Max Weber La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo.

[4] Cabe diferenciar esta concepción de la teocracia, pues no se diviniza a los reyes, y del cesaropapismo.

[5] Un caso especialmente particular es el del rey de Inglaterra Enrique VIII que, aun oponiéndose y atacando al luteranismo, optó por una solución de tipo luterana para poder divorciarse de la hija de los reyes católicos, Catalina de Aragón, por sus consecuencias eminentemente políticas. Esta ruptura con la Santa Sede abrió paso al Anglicanismo, que no está tan alejado de la doctrina católica (aparte del evidente distanciamiento con el papado) como el luteranismo.

[6] No se verá una rebelión tan grande como esta hasta la Revolución francesa.