Es bien conocido el carácter legendario y misterioso de la ciudad de Toledo, localizada a tan solo una hora de Madrid. En este artículo se quieren narrar siete leyendas de diferente temática que ayudan a conocer un poco más acerca de este enigmático lugar.

Imagen nocturna de Toledo. Fuente: abcblogs.abc.es

1. La Cueva de San Gil

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Fotografía de Juan Luis Alonso. Fuente: Leyendasdetoledo.com

La primera de las leyendas de la ciudad de Toledo que va a ser tratada en este artículo tiene su origen en la especulación que siempre ha habido sobre la existencia, en esta ciudad, de un templo de nigromancia y magia oscura durante la Edad Media.

Se decía que ese lugar estaba ubicado dentro de una cueva. A él se desplazaban muchos personajes importantes de la época con el fin de conocer ese tipo de magia y, así, conseguir ser los más ricos, los más guapos o aquellos capaces de vencer a sus enemigos.

Sin embargo, el protagonista de esta historia no va a ser un hombre poderoso, sino un sacerdote llamado Fray Egidio Gil el cual, a pesar de ser de origen portugués, siempre se había sentido atraído por las historias que los viajeros contaban sobre esta escuela de nigromancia de la ciudad de Toledo. Por ello y, con el fin de saber si era cierto lo que se contaba, hizo un extraño pacto con Satán, el cual le dijo las siguientes palabras: Y si queréis, yo os haré tan buen amistad que iré con Vos hasta poneros en Toledo donde se enseña. Esto es, que le llevaría a conocer esta cueva a cambio de que Fray Gil le diera su alma. El religioso aceptó esta propuesta y, así, se dirigió hacia la ciudad de Toledo.

Una vez llegaron a la cueva, Fray Gil fue informado de las leyes y condiciones impuestas antes de ser admitido como discípulo. La primera de ellas consistía en renegar de la verdad cristiana. La segunda era reconocer al Diablo como el único y verdadero señor. La última se basaba en llevar a cabo y por escrito un pacto de amistad con el demonio. Este documento, además, debía firmarse con la propia sangre del religioso. Sin embargo, una vez que Fray Gil salió de la cueva y, por lo tanto, ya pudo ver todo lo que en ella había, este rompió el pacto con el diablo haciendo como que nada de lo anterior había ocurrido. Acabó arrepintiéndose de todo esto hasta el fin de sus días.

Fue, como consecuencia de ese arrepentimiento y de otros milagros realizados, que fue nombrado Santo y a esa cueva se la llamó Cueva de San Gil, como bien se indica en el nombre de esta leyenda. Se cree que estaría ubicada en los sótanos del Palacio de Enrique de Villena.

2. Un Convite y una Dávida

La segunda de las leyendas está relacionada con los propios Reyes Católicos y la cena que estos tuvieron con los frailes de la Orden de los Franciscanos.

La razón de tan extraño convite se debía a que hacía poco que había terminado la construcción del templo de San Juan de los Reyes y eran varias las ideas que habían tenido los Reyes sobre a qué dedicar este espacio. Finalmente, decidieron donarlo a la Orden religiosa de los Franciscanos.

Así y, sin conocer las intenciones de los Reyes Católicos, los frailes se dirigieron hacia el nuevo monasterio en el que fueron recibidos por Isabel y Fernando. Unos asistieron con ilusión y otros con temor ante el desconocimiento. Tras la cena, los frailes pidieron permiso para retirarse a orar, pero este se les fue denegado, lo cual creo aún más expectación. Así, les llevaron a recorrer el claustro de la iglesia para preguntarles si este era de su agrado. Finalmente, les informaron de que el monasterio sería cedido a la Orden Franciscana.

Desde entonces, es la Orden de los Franciscanos la que gobierna el monasterio de San Juan de los Reyes.

3. El Puente de San Martín

Nuestra tercera leyenda trata de algo tan desdichado como feliz: el amor. Además, tiene como protagonista a uno de los puentes más emblemáticos de Toledo, el Puente de San Martín.

En el año 1380, Toledo era ya una ciudad importante y poderosa. Una tarde estaba Alvar Gómez, alarife (arquitecto o maestro de obras), repasando los planos del Puente de San Martín. Alvar llevaba tiempo triste y raro. Su mujer, Águeda, le preguntaba que qué era lo que le pasaba, pero el arquitecto respondía siempre que nada.

Al final, un día admitió que la razón de su tristeza era un fallo en la construcción de este puente. Ese error haría que, en el momento en el que se pusiera la última pieza sobre él, este caería matando, así, a numerosos obreros y acabando con el prestigio del alarife.

Águeda no podía consentir que eso ocurriera y es por ello que aprovechó que su esposo se durmió para burlar la vigilancia de la obra y prenderla fuego haciendo que la construcción se derrumbe.

En el momento en el que las campanas de Toledo alertaron del suceso y los toledanos (incluyendo el propio Alvar Gómez) despertaron, Águeda había regresado a la cama para fingir sorpresa ante lo ocurrido. Todo Toledo pensó que la razón de tal desdichado incendio se debería a un rayo.

Don Alvar pudo volver a realizar sus planos evitando ese error y, así, salvando su prestigio. Por tanto, en el Puente de San Martín puede verse el rostro de una mujer, es Águeda. Su rostro fue mandado esculpir por su marido en el momento en el que este se enteró de lo que ella había hecho. La finalidad de esto era que, durante siglos, todo aquel que pasara por ese lugar, fuera testigo de hasta dónde puede llegar el amor.

Si durante alguna noche en la ciudad de Toledo ves pasar una extraña sombra, debe ser alguien que quizá busque alguna prueba de amor, o quizá no…

4. La Fuente Misteriosa

Para contar la siguiente leyenda debemos desplazarnos al Toledo del año 1809, es decir, un Toledo en plena Guerra de la Independencia. Un Toledo que no tenía armas ni forma de defenderse y que, por lo tanto, tuvo que ser víctima de más de una humillación por parte de los franceses. Esto provocó la antipatía de los toledanos.

Fue el Barrio de San Miguel uno de los primeros lugares en los que se extendió ese odio iniciando, así, una especie de guerra psicológica contra los enemigos.

Ahora hay que hablar de la denominada por los propios toledanos como “Fuente de Cabrahigos”, localizada enfrente de lo que actualmente es la estación de AVE. Hasta aquí llegaron cierta tarde un capitán francés y una moza de la ciudad. Pero, al caer la noche, se levantó un viento tormentoso que producía sonidos misteriosos e intranquilos. Sin embargo, el problema no era solo el viento, sino que lo que realmente empezó a incomodar a los jóvenes fue que el chapoteo de las ramas al caer de la fuente, junto al sonido del vendaval, parecía una voz que repetía sin parar “Vale más un migueleño que todos los de la Plaza”. El chico y la chica salieron despavoridos de ese lugar.

Este suceso fue contado por ambos a sus respectivos amigos y conocidos, los cuales no dudaron a la hora de acercarse a esa fuente con el fin de comprobar si lo relatado era cierto. Pronto pudieron constatar que lo que les habían contado era verdad. Así, mucha gente pudo escuchar también esa sobrecogedora voz.

Es por esta razón que a esta fuente se la llamó la Fuente Misteriosa. Además, se dice que la joven toledana que primeramente escuchó esas voces acabó loca.

A día de hoy se sigue afirmando que, si pasas por esta fuente y acercas tu oído al agua, escucharás la melodía referida.

5. El Prado de los Ahorcados

Se dice que la venganza es un plato que se sirve frío y es de esta temática de lo que trata la quinta de las leyendas aquí narradas. Su nombre es “El Prado de los Ahorcados” y se desarrolla en el Toledo del año 1500 en el que el caballero Agustín Moreto y Cabañas busca espacio en uno de los soportales cercanos al Arco de la Sangre con el fin de protegerse de la lluvia que en ese instante azotaba la ciudad. En un momento dado, un desconocido apareció y desapareció en un abrir y cerrar de ojos tras haberle puesto un sobre cerrado en las manos. Desconcertado, leyó el mensaje que había en ese sobre y que decía:

“Si sois hombre, si os tenéis por caballero, esta noche a las doce en el Prado de los Ahorcados. Os espero”.

Agustín pensó que esto podía ser alguna broma. No obstante, decidió acudir a la cita con capa, espada y daga. Iba muy nervioso, por lo que antes de las doce estaba ya en el lugar señalado. Sin embargo, el silencio y el viento era lo único que se oía.

Finalmente y, según se iba acercando más al sitio, vio a un hombre prendido de una soga, ahorcado, en las ramas de un árbol. Ante esta situación, Agustín decidió rezar, pero su oración se partió en dos en el momento que el reloj marcó la medianoche. Levantó los ojos y lo vio. El cuerpo ahorcado movió el dedo señalando un lugar específico.

Al amanecer, Don Agustín fue encontrado por los alguaciles. Su pelo estaba blanco, sus ojos no tenían mirada y sus manos no podrían nunca más sostener ni pluma ni espada.

Tiempo hacía que retó Don Agustín al poeta Elisio de Medinilla sabiendo este primero que era muy fácil ganarle y así lo hizo. Esa noche hacía dos años de ese momento. Dos años en el que el poeta fue cruelmente asesinado a manos de Agustín y, además, fue en ese mismo lugar. En el Prado de los Ahorcados.

6. El Arroyo de la Flor

Son bastante las historias sobre milagros y apariciones relacionadas con la ciudad de Toledo. En este artículo se quiere narrar una leyenda denominada “El Arroyo de la Flor”. En ella, el protagonista va a ser Silúk, el joyero más famoso de Toledo, el cual guardaba dos grandes tesoros. El primero de ellos era su enorme fortuna, y el segundo, su esposa, Sara.

Era bien conocida en toda la ciudad la belleza de Sara y quiso el monarca Pedro I comprobar hasta dónde llegaba dicha belleza. Para ello, se presentó en la casa del joven joyero con la excusa de ir a comprarle joyas. Tan solo pudo ver a Sara un par de segundos, pero estos fueron suficientes para que el rey se quedara completamente prendado de ella. Se encaprichó con ella afirmando que Sara debía ser suya. Se dirigió hacia ella con el fin de hacerla mil promesas que tan solo se llevaron una respuesta negativa por parte de la joven.

Esta situación enfadó mucho al monarca, por lo que decidió amenazarla afirmando que, si no era enviada directamente a la corte, la mataría. Ante eso, tanto el joyero como Sara, decidieron abandonar Toledo para siempre.

Sin embargo, no es sencillo engañar a un monarca ya que un espía contratado por el propio rey les estaba escuchando desde el jardín.

Al llegar la noche, Sara y Silúk salieron de su casa rumbo a la barca que debía llevarles a la otra orilla. En cambio, se dieron cuenta de que algo no iba bien en el momento en el que el barquero, en lugar de atravesar el río hacia el frente, enfiló hacia abajo y es que el barquero no era otro que el mismo rey Pedro.

Comenzó una batalla entre el joyero y el rey, la cual terminó con el joven matrimonio apuñalado por el rey. Al llegar a la orilla, Sara que aún continuaba con vida, corrió despavorida a la vez que tapaba su herida y, entre zarzas y arbustos, consiguió llegar a un pequeño arroyo donde, finalmente, falleció.

La leyenda dice que la sangre de Sara hizo brotar una flor de pétalos rojos (como la sangre) al instante y cuenta que, a día de hoy, cuando la luna ilumina Toledo, la blanca sombra de Sara sale del tronco de la flor y se adentra en el río, justo en el punto donde falleció su amado al cual llama entre gritos y sollozos. Es en ese momento en el que sobre las aguas aparece flotando un reguero de jazmines, perlas y diamantes.

Este arroyo en el que murió Sara es conocido por los toledanos como el “Arroyo de la Flor”.

7. El Pastor del Muradal

La última de las leyendas que en este artículo van a tratarse tiene como protagonista al rey Alfonso VIII el cual estaba desesperado como consecuencia de los múltiples intentos sin éxito de cruzar Despeñaperros, justo antes de entablar la famosa batalla de las Navas de Tolosa. El ejército musulmán tenía tomado el desfiladero y la entrada de las tropas cristianas era imposible.

Sin embargo, el rey no pensaba empequeñecerse ante esta situación y pensó “antes la muerte que la deshonra”. Por ello, mandó marchar a todos sus ejércitos hacia una batalla que sabía perdida.

Don Alfonso se retiró a su dormitorio a orar y descansar cuando le llegó la noticia de un campesino que decía conocer la solución a esta problemática guerra. Dicho campesino afirmó ante el monarca que conocía un desfiladero por el que el ejército cristiano podría pasar sin ser visto. Tras comprobar que lo afirmado era cierto, el rey prometió a este humilde señor que sería recompensado con el real tesoro por su colaboración.

Los soldados se prepararon para atravesar este desfiladero y, así, sorprender a los ejércitos musulmanes en el momento en el que salieran los primeros rayos de sol. La confusión y miedo de los musulmanes fue aprovechada por los cristianos para atacarles por todos los flancos.

Algunas crónicas hablan de doscientos mil musulmanes y treinta y cinco mil cristianos fallecidos, si bien estas cifras son algo exageradas. El rey, triunfante, mandó llamar al joven campesino. Nunca lo encontró. Nadie volvió a saber de él. No se sabe si murió en la batalla o si regresó a su casa sin saber lo que su información había supuesto. No obstante, en algunas crónicas se ha llegado a afirmar que este pastor podría haber sido el propio San Isidro.

Ante esa enorme muestra de humildad y generosidad, Alfonso VIII mandó esculpir la imagen de ese misterioso campesino cerca de la suya, en un lugar privilegiado de la Catedral de Toledo con el fin de que nadie se olvidase de la entrega de aquel hombre. Desde entonces se le conoce como el “pastor del muradal”.

Bibliografía:

Javier Mateo y Álvarez de Toledo, Luis Rodríguez Bausá. (2007). La Vuelta a Toledo en 80 leyendas: Ediciones B.

Ángel Santos Vaquero. (2008). Historia, mitos y leyendas de Toledo: Ediciones Covarrubias.