Todo el mundo puede querer aprender un nuevo idioma. Las razones por las que lo haga son indiferentes y variables. Habrá ocasiones en las que se deba a necesidades u oportunidades laborales, y otras en las que se haga por puro placer.

No obstante, y sea cual sea el motivo, siempre hay un camino a seguir que facilita notablemente el aprendizaje.

Todos conocemos las opciones que existen para mejorar la gramática, la escucha y el habla. Desde tomar clases particulares hasta la inmersión. Independientemente del camino que quieras tomar, para aprender un nuevo idioma es importante integrarlo en el día a día, hacerlo parte de la rutina.

El objetivo de aprender cualquier lengua es poder comunicarnos con ella. Para eso, hay que atender a todas las variables que posee el idioma. Prestaremos atención a la morfología de las palabras que aprendamos, a la composición sintáctica de las frases, a la pronunciación del vocabulario que conozcamos, y a las posibles variaciones.

Para ello, veamos cinco consejos básicos estructurados por etapas que podemos convertir en hábitos y que facilitan el aprendizaje del idioma.

Todos los idiomas tienen en torno a cien palabras básicas imprescindibles. Haz una búsqueda en internet para conocer cuáles son las cien palabras más útiles del idioma que quieres aprender y memorízalas. Es importante que, a la vez que las memorizas, aprendas la pronunciación correcta de todas ellas; puedes usar Google Translate para ello. En pocos días habrás aprendido todas.

Repite este paso con los veinticinco verbos más importantes, los veinticinco adjetivos, sustantivos y preposiciones. En total, serán otras cien palabras a memorizar. Repite el mismo proceso que con las cien anteriores, muchas de las palabras serán iguales en ambos bloques.

Con un buen dominio de este vocabulario, estarás listo para empezar a componer frases y hacerte entender entre los hablantes.

Utiliza todo lo que tengas a tu alrededor para mejorar el idioma. Empieza por cambiar el idioma de los aparatos electrónicos que usas en tu día a día: el smartphone, la tablet o el ordenador. Poco a poco irás interiorizando vocabulario común que te será muy útil, y no te habrá supuesto ningún esfuerzo.

Aprovecha el tiempo de ocio en el que escuches música o veas películas y series para hacerlo en el nuevo idioma. Empieza incluyendo subtítulos si te es necesario, y poco a poco ve eliminándolos. Es una forma genial de ampliar vocabulario, entender los contextos conversacionales, y asimilar la pronunciación de las nuevas palabras.

Se dice que se conoce un idioma cuando se es capaz de pensar en él. Una vez hayas cambiado el idioma de tu entorno cercano, y hayas asimilado las primeras doscientas palabras, es el momento de empezar a estructurar frases y contenido. Intenta traducir al nuevo idioma todos los pensamientos, conversaciones y situaciones que ronden tu mente.

Si tienes ocasión, piensa en voz alta, y podrás mejorar al mismo tiempo la pronunciación. Intenta estar atento a los posibles errores de conjugación y fonética, y anótalos todos junto con las dudas en un cuaderno o en tu smartphone.

Dedica un día o dos a la semana a consultar tus dudas en internet o cualquier otra fuente, para reforzar el conocimiento positivo que ya has adquirido y mejorar los posibles fallos que estés cometiendo.

Internet es una gran fuente de conocimiento y contacto. Existen múltiples páginas de idiomas en las que nativos de todos los lugares del mundo se encuentran para aprender nuevos idiomas.

Aprovecha este entorno para consultar dudas, aportar conocimientos, y conocer gente nueva. Intenta entablar amistad con hablantes del idioma que estás practicando, y proponles mantener conversaciones en vivo. Tendrás la oportunidad de mejorar tu pronunciación y tu capacidad de escucha y entendimiento.

Una vez vas aumentando tu vocabulario, y mejorando tu capacidad de estructurar y componer frases, es el momento de focalizarse más en la pronunciación. El objetivo principal de aprender un nuevo idioma es poder comunicarnos con hablantes del mismo, y para ello es importante hacernos entender.

Coge canciones en el idioma y repítelas, imitando meticulosamente la pronunciación de cada una de las palabras.

Atiende también a las posibles variaciones de la pronunciación propias de cada cultura o zona. Lo óptimo es intentar alcanzar una pronunciación lo más neutra posible, y para ello debes saber de dónde es y qué estilo lingüístico posee la persona a la que estás imitando.

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