1. Los griegos transformaron su forma de guerrear en el siglo VIII a. C. La forma de combatir en la que cada soldado hacía la guerra por cuenta propia se sustituyó por un disciplinado sistema de formación de batalla. Se dejaron atrás los heroicos actos individuales, pues éstos rompían la formación, y apareció la célebre falange griega phálanx (φάλαγξ).

2. La falange se consolidó de forma gradual y sufrió diversas modificaciones en sus primeras etapas. El nuevo tipo de guerrero de infantería pesada se denominó hoplita (que quería decir “hombre acorazado”), y se identificaba por su equipamiento. Eran ciudadanos-soldados de las polis de la Antigua Grecia. El sistema hoplítico comportaba una estructura compacta en una batalla cerrada.

Athenian Hoplites. Ilustración de chen shuhan.

3. La estructura de la falange ya estaba establecida en la época del poeta espartano Tirteo. Este poeta explicaba que el deber de los soldados era mantenerse hombro con hombro con sus compañeros evitando las hazañas individuales que perjudicaran a la formación. El exceso de valentía podía poner en riesgo al conjunto. Es muy difícil inquirir los desarrollos anteriores a ese momento. El documento más importante que contiene una explicación detallada de la falange es La Constitución de los lacedemonios de Jenofonte. Esta obra describe la sociedad de Esparta y es por este motivo que aborda la descripción del ejército espartano.

4. Connolly (2016) afirma que la aguerrida falange espartana (y acaso la de las otras ciudades griegas) se desarrolló sobre la base de una primitiva formación de columnas de ocho soldados. La formación básica de esta falange temprana estaría compuesta de lochoi de cien hombres divididos en dos pentekostyes, los cuales estaban a su vez repartidos en dos enomotias, constituidas por 23 hoplitas, el enomotrarco (el oficial) y el ouragos (el oficial de retaguardia). Cada enomotia contaba con tres columnas de ocho soldados, por lo que en total hacían doce por lochos. El mando militar que dirigía el lochos era el lochagos, que se situaba al frente de la columna extrema derecha. En la mitad de la formación se colocaba el pentecóntero, que luchaba y comandaba la sección izquierda desde la columna derecha de su unidad.

Spartan hoplites. Ilustración de daniele spezzani.

5. Esta disposición de batalla se ordenaba en distintas líneas de profundidad de tal modo que los soldados de las hileras traseras podían cubrir a los de la primera línea si caían. El orden es simple: se trata de una mera sucesión de columnas cuya estructura permitía mayor y contundencia efectividad en las acciones bélicas. El sistema estaba compuesto por muchas columnas cortas de hombres y no largas hileras escasas. Cada una de esas columnas constituía una unidad.

6. Esta organización táctica de la Antigua Grecia permitía operar en formación abierta y concentrarse en una disposición más cerrada. A principios del siglo VII a. C. aproximadamente se introdujo el escudo argivo, con el cual la estructura de la falange quedaba reforzada. El arma defensiva tenía una forma circular y se fijaba al brazo izquierdo (ya no tenía manilla central). Se ubicaba frente al pecho y, por sus grandes dimensiones, cubría a su portador desde la barbilla hasta las rodillas. Además, la anchura de este elemento también permitía proteger el costado descubierto del soldado situado a la izquierda en la formación. Las lanzas arrojadizas también se sustituyeron por lanzas largas y espadas cortas con las que podían luchar en formación cerrada. Otros elementos típicos eran la coraza, el casco y las grebas.

7. El ejército ateniense mantuvo la estructura básica pero se dividía en diez taxeis lideradas cada una por un taxiarca. Las taxis contenían lochoi. El strategos (el general) era elegido por las instituciones democráticas para desempeñar el cargo durante un año y ejercía de comandante en jefe. Se elegían diez strategos pero sólo tres partían con el ejército y uno tenía el papel preponderante. No obstante, el conocimiento que se tiene del sistema militar ateniense no es muy abundante.

8. El caso de Esparta es muy particular, tanto por su condición de estado militar como por la descripción de la organización de su ejército hecha por Jenofonte. Todos los hombres cuya edad estuviera comprendida entre los veinte y sesenta años tenían la obligación de servir militarmente a Esparta. Los hoplitas espartanos se armaban de igual forma que los otros griegos, pero con el elemento distintivo de la capa escarlata.

9. En el tiempo de Jenofonte un lochos espartano se constituía de 144 soldados distribuidos en cuatro enomotias con 36 hombres cada una, de este modo, la profundidad de la falange se acentuaba. Hasta finales del siglo los espartanos mantuvieron el lochos primitivo. En las formaciones espartanas los ouragoroi (oficiales de retaguardia) no eran unidades que excedían el número establecido, sino que la última hilera estaba compuesta enteramente de ellos. La estructura de la enomotia era la siguiente: tres columnas subdivididas en seis medias columnas, en las que cada una tenían al mejor soldado como líder y al segundo mejor en la retaguardia.

10. Las enomotias espartanas se organizaban por pares formando un pentekostyes comandado por un pentecóntero. A su vez, dos pentekostyes conformaban un lochos dirigido por un lochagos. Cuatro lochoi constituían una mora comandada por un polemarca. Las morai eran las divisiones del ejército espartano, el cual estaba formado por seis de las mismas. Durante la Guerra del Peloponeso se creó una unidad de caballería unida a cada mora, a la que también se la denominaba mora y se componía aproximadamente de sesenta jinetes. Además, la primera mora tenía una unidad llamada hippeis con los mejores 300 hoplitas del ejército.

Fotograma de 300

11. Los movimientos básicos de los hoplitas en la falange eran: la posición de descanso, en la que el hoplita apoya el casquillo del extremo inferior de su lanza y se yergue arrimando el contra su muslo. En la segunda posición se levanta la lanza en vertical sobre el hombro derecho y se cubría el torso con el escudo. Desde esta postura se pasaba a la tercera posición en la que el hoplita se ponía en guardia extendiendo el brazo derecho de modo que se adelantaba la lanza y quedaba en horizontal, paralela al suelo al nivel de la cintura. Desde esta posición se avanzaba hacia la batalla. Sin embargo, no era la postura óptima en una formación cerrada, puesto que sería necesario abrir la hilera de escudos y se corría el peligro de herir a los soldados de la hilera trasera con los regatones. La posición de ataque es la cuarta. En ella se elevaba la lanza en horizontal sobre el hombro derecho. El ataque se realizaba con un ángulo que hacía apuntar ligeramente hacia abajo. De esta forma, por la inclinación la lanza no golpeaba a los soldados de detrás y la punta pasaba por delante a través del espacio entre los escudos circulares. Las órdenes dadas mediante palabra se anunciaban con el toque de una trompeta. Es menester mencionar que estas posturas son hipotéticas, se basan en la representación sistemática de estas posiciones en restos arqueológicos como los vasos griegos.

Representación de un hoplita en la tercera y la cuarta posición

12. Los soldados estaban entrenados para hacer los movimientos de la formación con efectividad y uniformidad. Tanto las enomotias como el lochos podían desplegarse desde una fila india a un frente. Además, también estaban preparadas pare ejecutar movimientos de flanqueo estirando las alas para envolver la formación enemiga. Una mora espartana se desplegaba desde una columna de a tres a una falange de doce soldados de profundidad.

13. En la falange espartana, antes de iniciar la marcha el rey ofrecía sacrificios y si los presagios eran benignos se transportaba con una antorcha el fuego del altar a las fronteras de Laconia, donde se ofrecía otro sacrificio. Si volvía a haber buen augurio, entonces el ejército podía marchar portando el fuego. La disposición de cada lochos permitía tanto una marcha en fila por caminos estrechos, como una marcha con soldados en fondo si el camino era abierto. Es decir, el cuadro se podía contraer y expandir según las condiciones a las que se enfrentaba.

14. La movilización de la falange en campaña implicaba que cada soldado llevaba sus propias provisiones y era acompañado por un ilota. Su dieta era principalmente cebada y si se preveía una campaña de quince días, entonces se llevaban víveres para veinte. También llevaban cebollas, queso, carne salada y podían llevar vino. Además, contaban equipamiento médico, herramientas, cierto número de carros determinado por los éforos, artesanos y adivinos.

15. A diferencia de los romanos, los griegos no tenían un campamento tan normado y se adaptaba a las circunstancias. Sin embargo, fueron mejorando y sistematizando los métodos de castrametación. Existe la creencia de que los griegos no le dieron importancia a los campamentos fortificados, pero dicha afirmación proviene de un error interpretativo de un texto de Polibio (VI, 42). Jenofonte, por su parte, indica que el campamento espartano tenía forma redonda y se entiende que no estaba fortificado.

Vaso griego que representa hoplitas en batalla

16. Antes de que el ejército espartano entrara en batalla, el rey sacrificaba un cabrito a la vista de su adversario, mientras se tocaban las flautas. Un adivino interpretaba las señales para emitir un presagio que el rey atendía. El rey y los polemarcas formaban un consejo de guerra en la que se decidían las órdenes de la batalla, las cuales se transmitían por la cadena de mando. El ejército empezaba avanzar entonando el peán tradicional mientras se tocaban las trompetas y flautas.

17. Al aproximarse al enemigo los cánticos cesaban para atender a las órdenes. Al entrar en contacto con los adversarios los hoplitas adoptaban la posición de ataque y las trompetas volvían a sonar mientras los oficiales alentaban a sus soldados para que no desertaran. La falange empujaba con los escudos y realizaba golpes de lanza.

18. Los hoplitas también pusieron en venta sus servicios militares. Los griegos ejercieron de mercenarios para fuerzas extranjeras y, en ocasiones, actuaban de guardias personales de los tiranos griegos. Muchos hoplitas fueron contratados como tropas de élite por gobernadores persas. Las propias ciudades griegas contrataron otros hoplitas a partir de la guerra entre Atenas y Esparta.

19. Uno de los puntos débiles de la falange era su ineficiencia al operar en laderas, colinas o terrenos accidentados. Además, las tácticas de guerrilla por parte de infantería ligera o la caballería hacían mucho daño a la falange. Por este motivo se adoptaron tropas auxiliares. Los atenienses ya en el siglo VI a. C. se sirvieron de arqueros escitas y cretenses. Sin embargo, fue a partir de la repercusión de las Guerras Médicas cuando las ciudades griegas consideraron el uso de tropas con armamento ligero. El infante ligero estándar era el peltasta. También se usaron honderos.

Mounted Hoplites. Ilustración de chen shuhan.

20. Es destacable el caso de la táctica de la falange tebana. Las innovaciones tácticas tebanas concedieron la victoria frente a la tradicional falange hoplítica espartana en la batalla de Leuctra por el control de la región de Beocia en el año 371 a. C. Con esta victoria de las tropas de Tebas comandadas por Epaminondas empezó la hegemonía tebana. El primer detalle consiste en la profundidad de la falange tebana, que era mayor. El ejército tebano también tenía una unidad de los 300 mejores guerreros a la que se llamó Batallón Sagrado.

Las innovaciones griegas consistían en sistemas de protección de la falange para que la batalla se resolviera en el centro del terreno de combate. Sin embargo, Epaminondas concibió una estrategia de ataque invirtiendo el orden de las posiciones fuertes. En el ejército espartano el lado potente era el ala derecha, pues ahí se encontraba la unidad de los 300 soldados de élite y los soldados tendían a inclinarse hacia la derecha para quedar protegidos por el escudo de su compañero. Si dos ejércitos están enfrentados, entonces el ala derecha incide sobre la izquierda de su contrario. Ante esta situación, Epaminondas colocó a sus tropas fuertes en la izquierda junto a la caballería y al Batallón Sagrado para destruir el flanco derecho espartano. Además, Epaminondas no sólo invirtió el orden de la batalla, sino que estableció una disposición oblicua en la que las tropas débiles se retrasaban de forma escalonada para desestabilizar la línea enemiga y concentrarse en un punto que rompía la falange contraria y envolvía a sus unidades. En la batalla de Leuctra Epaminondas destrozó el ala derecha de falange de Esparta, aplastó a los hippeis y el rey acabó muriendo. A partir de ese momento, el ejército espartano colapsó.

La disposición de las falanges tebana y espartana en la batalla de Leuctra.

 

 

Bibliografía

Connolly, P. (2016). La guerra en Grecia y Roma. Madrid: Desperta Ferro Ediciones.