Existen pocas figuras que causen tanta impresión como la de los proverbiales gladiadores. Aún a día de hoy, los gladiadores de Roma siguen generando una enorme fascinación, lo cual ha provocado que parte de la historia de estos combatientes se convirtiera en mito. Un mito escrito sobre sangre y arena, alimentado por héroes, atletas, esclavos y guerreros, que eran aclamados en los mismos anfiteatros en los que previamente habían sido arrojados hacia una lucha de vida o muerte. El espectáculo estaba asegurado.

El alto grado de fascinación ha generado tanto un genuino interés histórico por los gladiadores como una deformación por exageración en las seductoras proyecciones pictóricas y en las trepidantes estructuras narrativas cinematográficas y literarias. Han sido representados en todo tipo de artes y, por tanto, el rigor histórico se ha subordinado (como es normal e irreprochable) a los fines propios de los creadores.

En esta línea, Juan Eslava Galán expresó lo siguiente: “He visto por segunda vez la película Gladiator. La historia me parece estupenda, aunque su realización no acaba de convencerme. ¿Qué necesidad tenía nuestro venerado Ridley Scott de introducir esa estética prestada de Star Wars en las armaduras de los gldiadores, especialmente en los cascos? Los originales eran mucho más impresionantes”. Es cierto que los cascos de los gladiadores eran especialmente llamativos con sus distinguidas formas, sus puntas alargadas, sus crestas y su plumaje. Los yelmos ofrecían protección pero su combinación con los golpes también proporcionaba importantes heridas faciales a su portador.

Pollice Verso. Pintura de Jean-Léon Gérôme.

A continuación ofrecemos 20 curiosos datos sobre los gladiadores que, esperamos, puedan servir al lector para adentrarse en el deslumbrante mundo de estos afamados guerreros. No se trata de un repaso exhaustivo, sino de una invitación al tema a través de aclaraciones históricas verdaderamente llamativas.

1. No decían la memorable y sobrecogedora frase “Ave, Caesar, morituri te salutant” (“Salve, César, los que van a morir te saludan”). Esta expresión imprime en la actitud de los gladiadores una nobleza propia del que acepta con dignidad y templanza su letal destino, lo cual hiela la sangra de cualquier admirador que a continuación verá muertes y sangre en directo. Sin embargo, esta visión romántica del pasado no es más que una distorsión histórica. No hay registros históricos que documenten esta costumbre o norma. La frase la recogió Suetonio en De vita Caesarum en relación a un suceso muy particular: la naumaquia del lago Fucino organizada por el emperador Claudio. Los naumachiarii (los combatientes de la naumaquia) saludaron al emperador diciendo “Ave, Caesar, morituri te salutant” antes de la batalla naval. Posteriormente se creó una tradición errónea sobre los gladiadores y esta forma ritual.

Ave Caesar Morituri te Salutant. Pintura de Jean-Léon Gérôme.

2. El término “gladiador” proviene del nombre de la característica espada de la Antigua Roma: gladius. El gladius o gladio era un arma utilizada especialmente por las legiones romanas y tenía un tamaño corto (aproximadamente medio metro). Con una hoja ancha, recta y de doble filo. A diferencia de otros modelos de espada, el diseño del gladio equipaba al soldado para rápidos y cortos ataques de estocada. Su forma permitía que el arma se alinease con el codo. Con el tiempo, los legionarios sustituyeron el gladio por la spatha, de mayor tamaño y utilizable por la caballería. La spatha ya no se empleaba para el apuñalamiento a corta distancia, sino para golpear dando tajos.

3. Es una cuestión controvertida y existe debate sobre el origen exacto de los gladiadores. No obstante, en lo que parece haber unanimidad es en el primitivo carácter ritual funerario de las luchas entre guerreros y otros actos como sacrificar prisioneros. Un antecedente destacado es la influencia de los juegos fúnebres etruscos durante el reinado de Lucio Tarquinio Prisco. Los combates gladiatorios llegaron a Roma en el siglo III a. C., siendo celebrada la primera lucha, según Tito Livio, en el Forum Boarium para rendir homenaje a Junio Bruto Pera en sus funerales. El munus gladiatorium fue organizado por los hijos del finado, Marco Junio Pera y Décimo Junio Pera. Los juegos fúnebres pasaron a convertirse en componentes de la vida festiva romana y cualquier político debía tener la capacidad de organizar grandes juegos. La ostentosidad cargó de deudas a muchos gobernantes y funcionarios.

4. En el siglo I de nuestra era un gladiador tenía alrededor del noventa por ciento de posibilidades de salvar la vida. Incluso si perdía se salvaría más o menos cuatro de cada cinco veces. Con el tiempo, se fue convirtiendo en un juego más sangriento, pero en el siglo II sólo la mitad de los combates terminaban con la muerte de al menos alguno de los luchadores. No todos los gladiadores morían, antes bien, muchos lograban una carrera que se extendía durante años. Y algunos conseguían la fama y muchas riquezas gracias a la arena, llevando una vida de gloria. Mientras muchos perdían la vida, otros se convirtieron en verdaderos ídolos de masas.

5. Los gladiadores eran profesionales. Estaban entrenados en su arte: entrenaban en escuelas parecidas a cuarteles donde vivían en internamiento. Estas escuelas eran de carácter privado al comienzo, siendo propiedad del lanista, que era un contratista. En la época del Imperio el Estado se hizo cargo de las escuelas más importantes, entre las que destacan las que estuvieron en Capua: la ludus gladiatorius Iulanius, de César, y la Neronianus, de Nerón. Los llamados doctores eran los encargados de instruir a los gladiadores, y normalmente eran viejas glorias ya retiradas de la arena que transmitían toda la experiencia de sus cicatrices a los jóvenes reclutas.

6. Para que los combates tuviesen lugar el editor (el cargo político encargado de organizar los juegos públicos) firmaba un contrato con el lanista y se fijaban los combates, los cuales se anunciaban en detallados carteles por los lugares más concurridos de la ciudad. Ya en la arena del anfiteatro los gladiadores hacían un simulacro en una actuación con armas inocuas. Después daba comienzo el combate real.

7. En 1993 un grupo de arqueólogos examinó restos de 120 personas de un cementerio de gladiadores en Éfeso. El análisis de las lesiones fue revelador y sorprendente. Se hallaron muestras de terribles heridas. Uno de los gladiadores encontrados murió por un doble traumatismo craneoencefálico agudo provocado por el poderoso tridente de un temible gladiador retiarius. Sin embargo, la muerte en la arena no era tan frecuente como se suele pensar.

8. El prestigio de los campeones de la arena creció tanto que incluso ciudadanos de las clases económicamente pudientes y políticamente bien situadas decidieron participar en los combates. Cómodo llegó a luchar en duelos de gladiadores, que muchos entienden que fueron amañados, y en espectáculos con animales. Por su parte, Nerón hizo combatir a équites y senadores.

9. Si se dictaminaba la muerte del perdedor, éste debía aceptarla con dignidad. En estos casos las dos formas principales de dar muerte (evidenciadas por las lesiones encontradas en los restos arqueológicos) eran una puñalada en el cuello que recibía el vencido arrodillado delante de su verdugo con la frente en alto, y una cuchillada en el corazón infligida a través del omóplato del derrotado colocado boca abajo.

El Coliseo. Ilustración de Jean-Claude Golvin.

10. Los espléndidos anfiteatros fueron las instalaciones públicas que albergaban los espectáculos y juegos, entre los que destacaban las venationes (donde intervenían animales) y los apreciados munus gladiatorium. El anfiteatro romano era un edificio con forma circular u ovalada, a diferencia del teatro y del circo que tenían forma semicircular y elíptica, respectivamente.

11. Existe una tipología de gladiadores. Cada clase tenía una forma propia de combate con su correspondiente equipamiento armamentístico. Los primeros en aparecer fueron los samnitas, cuyo nombre procede de la antigua tribu itálica homónima. Los gladiadores samnitas se caracterizaban por tener un gran escudo con forma oblonga, el gladius como única arma, un casco crestado con plumas y visera, una protección en la pierna izquierda y en el brazo derecho que cubría hasta el hombro.

Murmillo contra tracio

12. Otro tipo destacado de gladiador era el murmillo. También portaba el gladius romano. Los gladiadores de esta clase llevaban unos característicos cascos cuyas crestas y amplios bordes le conferían una apariencia de pez. A su vez, vestían una túnica corta y un ancho cinturón. Estaban protegidos por una greba en la pierna izquierda, un brazalete en la extremidad superior derecha y un escudo rectangular legionario.

13. El secutor era un tipo de gladiador que derivó del murmillo y eran destinados principalmente a luchar contra los retiarii. Tenía el mismo equipamiento que el murmillo pero con un casco esférico y liso para no quedar atrapado en las redes de los reciarios.

14. Los temibles reciarios (lat. sg. retiarius o pl. retiarii) luchaba sin casco, en el brazo izquierdo tenían un brazalete (lorica manica), una protección en el hombro (galerus o spongia) y llevaban un pugio (un puñal romano). Pero lo más característico era su peligroso tridente (fuscina o tridens) y su red lastrada.

15. La clase de los gladiadores tracios se distinguía en mayor medida de las anteriormente mencionadas. Estos gladiadores portaban un parmula (pequeño escudo rectangular) y una sica (una espada corta con el filo curvo). El objetivo principal de la sica era atacar la espalda del contrincante. Tenían las dos piernas cubiertas, pues el escudo era pequeño, y protección en el hombro y en el brazo que sujetaba la sica. Además, vestía un cinturón ancho y una túnica corta. Su vistoso casco tenía cresta alta.

Fotograma de la serie Spartacus.

16. Otro tipo de gladiador muy llamativo es el dimachaerus. Los dimachaeri (en plural) combatían con dos espadas y tenían las dos piernas cubiertas con grebas. Las fuentes pictóricas de esta clase de gladiador son indeterminadas y variadas. De hecho, pude ser que no constituyera una clase completamente independiente de las demás.

17. El fascinante hoplomachus era un tipo de gladiador cuya imagen procedía del hoplita griego. Por este motivo estaba equipado con armadura pesada completa, casco, un gran escudo redondo, una lanza y una espada.

18. La clase de los provocatores cubría su cabeza con un peculiar casco de dos viseras y sin alas. Otro rasgo distintivo era la protección que llevaba en el pecho llamada cardiophylax. Además, tenían cubierto el brazo de la espada y las piernas. También un cinturón de metal y cintas de cuero que se cruzaban en su espalda y se sujetaban en ese punto con una anilla de hierro. Se defendían con un escudo alargado rectangular ligeramente más pequeño que el de los legionarios y atacaban con un gladius. Era frecuente que el espectáculo diera comienzo con estos gladiadores.

19. Los combatientes también podían ir montados. Existían dos clases que lo hacían sobre caballos y sobre carros. Los que combatían a caballo se defendían con un escudo pequeño y atacaban con un venablo llamado spiculum.

20. Los gladiadores tenían su contrapartida femenina llamada gladiatrix. La lucha contra otros humanos (y también animales) para el entretenimiento de los espectadores no era exclusiva de los hombres. A pesar de haber tenido una presencia escasa, existen pruebas tanto arqueológicas como historiográficas de mujeres gladiadoras. Tácito y Dion Casio mencionan participación femenina bajo el gobierno de Nerón y Suetonio bajo el de Domiciano. Hay que aclarar que del término “gladiatrix” no se tiene registro histórico, es más bien de acuñación posterior.

 

 

Bibliografía

Auguet, R. (1994). Cruelty and Civilization: The Roman Games. Nueva York: Routledge.

Eslava Galán, J. (2017). Enciclopedia Eslava. Barcelona: Espasa Libros.

Köhne, E., Ewigleben, C. y Jackson, R. (2000). Gladiators and Caesars: The Power of Spectacle in Ancient Rome. California: University of California Press.

Kyle, D. G. (2001). Spectacles of Death in Ancient Rome. Londres: Routledge.

Wiedemann, T. (1995). Emperors and Gladiators. Londres: Routledge.