La Segunda Guerra Mundial es el conflicto militar más analizado, estudiado, cuestionado y llevado a la gran pantalla de todos cuantos han existido. No obstante, algunos expertos y no tan expertos siguen repitiendo ciertos tópicos hasta la saciedad que es necesario desmentir con el objetivo de arrojar un poco más de luz sobre esta contienda tan devastadora para la historia mundial. Aquí resumiremos diez de ellos:

Segunda Guerra Mundial

1º El milagro de Dunkerque salvó a Reino Unido de la invasión alemana

La Operación Dinamo supuso el rescate de más de 300.000 soldados aliados, entre británicos, franceses, belgas y holandeses de las costas de Francia entre el 26 de mayo y el 4 de junio de 1940. A pesar de la apabullante derrota ante el ejército alemán, el éxito de esta empresa fue fundamental para el Reino Unido, pues supuso ganar algo de tiempo y renovar el espíritu de resistencia, que no era asunto de poca importancia. El emotivo mensaje de Winston Churchill trasmitido al pueblo británico tras la triunfante evacuación permaneció en los anales de la historia:

“Llegaremos hasta el final. Lucharemos en Francia. Lucharemos en los mares y océanos, lucharemos con confianza creciente y fuerza creciente en el aire. Defenderemos nuestra isla, al precio que sea. Lucharemos en las playas, lucharemos en los aeródromos, lucharemos en los campos y en las calles. Lucharemos en las colinas. No nos rendiremos jamás”.

Discurso de Chuchill pronunciado el 4 de junio de 1940

Desde luego, una acción memorable, sí. Pero, ¿hasta qué punto este hecho produjo la salvación del Reino Unido? Se ha llegado a barajar la posibilidad de que Hitler permitió la evacuación de Dunkerque como un acto de ‘deportividad’ ante el Reino Unido para posteriormente llegar a una paz honrosa con el país insular y así cerrar por el momento el frente occidental. Lo que sí parece claro es que Adolf Hitler no tenía especial interés en invadir la isla de Gran Bretaña, operación por otro lado harto compleja, dada la superioridad incontestable de la Royal Navy frente a la Kriegsmarine.

La verdadera obsesión del führer constituía el gigantesco territorio de la Unión Soviética, que pretendía convertir en una gran colonia de poblamiento alemán según la teoría del espacio vital o Lebensraum. Incluso en el hipotético caso de la completa destrucción del ejército aliado en Dunkerque, las opciones para invadir el Reino Unido por parte de Alemania eran más bien escasas si bien esto hubiera supuesto un contragolpe a la moral británica muy alto. Otro asunto es que los británicos sean expertos en convertir sus derrotas en auténticas victorias de cara a la opinión pública.

Imagen de los soldados evacuados procedentes de Dunkerque

2º Los británicos combatieron solos contra el III Reich de 1940 a 1941

Volvamos al Reino Unido. Tras la rendición de Francia, los orgullosos hijos de su Majestad se habían quedado más solos que la una ante la amenaza del III Reich. O tal vez no tanto, pues contaban con todos los recursos de su vasto imperio y de la Commonwealth: Canadá, Australia, Nueva Zelanda, la India, la Unión Sudafricana, Nigeria y un largo etcétera. Todos estos territorios proveyeron a Reino Unido de cuanto necesitaba durante la contienda: alimentos, materias primas, tropas,… Por otro lado, como los británicos seguían oponiéndose tercamente a la firma de un tratado de paz, Hitler preparó la Operación León Marino con el objetivo efectuar una invasión anfibia contra el Reino Unido. Esta operación contemplaba una serie de pasos previos antes del traslado de tropas alemanas a Gran Bretaña por vía marítima.

El primer paso para la consecución de este plan era lograr la supremacía aérea sobre los cielos para facilitar el posterior transporte de la flota. Entre verano y otoño de 1940, tuvo lugar la memorable batalla de Inglaterra, que supuso el primer enfrentamiento librado exclusivamente en el aire, entre la Royal Air Force (RAF) contra la Luftwaffe. Los británicos la han vendido como la mayor batalla aérea de todos los tiempos. Además de las fuerzas británicas, la RAF también recibió pilotos procedentes de todos los rincones del Imperio británico, de naciones ocupadas como Bélgica, Francia, Checoslovaquia o Polonia o incluso voluntarios de Irlanda y Estados Unidos. un aporte claramente significativo. Otra inspiradora frase que nos dejó Winston Churchill durante el desarrollo de esta singular batalla y que permaneció en la memoria colectiva, fue la siguiente:

“Jamás en la historia de los conflictos humanos, tantos debieron tanto a tan pocos”

En este caso, a pesar de estas elocuentes palabras, los británicos también debieron mucho a los territorios de su imperio, a la Commonwealth, a la resistencia de los países ocupados y a las naciones amigas que le prestaron su apoyo.

Recreación de la Batalla de Inglaterra

3º La Resistencia francesa hizo la vida imposible a los alemanes durante todo el período de ocupación

El 22 de junio de 1940, quedó firmado el Armisticio entre Francia y el III Reich en el mismo vagón de tren donde se había firmado la rendición de Alemania en la Primera Guerra Mundial. Una vez desarticulado el ejército francés, se dividió el país galo en dos zonas principales, una zona bajo el control directo de Alemania (la parte más rica) y la Francia de Vichy al sur, la cual se constituyó como un gobierno títere bajo el mando del célebre mariscal Philippe Pétain. Pese a los defensores de este personaje histórico, el gobierno de Vichy colaboró en todo momento con las autoridades del III Reich, como por ejemplo en la deportación de la población judía francesa hacia los terribles campos de exterminio.

La propaganda popular ha hecho pensar que la Resistencia francesa organizada en la clandestinidad, hizo la vida imposible a los alemanes desde 1940 hasta la liberación de Francia por las tropas anglo-norteamericanas en 1944. No obstante, es necesario señalar que la verdadera hostilidad hacia los alemanes ocupantes empezó a partir de 1944, existiendo además muchos casos de colaboracionismo por parte de algunos ciudadanos franceses. De hecho, Francia y especialmente su capital París, era uno de los destinos favoritos de las tropas nazis. Sin quitar mérito a las heroicas acciones de la Resistencia francesa, por lo general los alemanes no se encontraron con demasiados problemas hasta 1944.

Fotografía de la Resistencia francesa, en la que también participaron mujeres, como Simone Segouin (centro de la imagen). Fuente: elpaís

4º El general Francisco Franco siempre mantuvo a España fuera de los planes del III Reich

Durante la Guerra civil española, tanto Alemania como Italia ayudaron al bando sublevado en contra del gobierno republicano. El 1 de abril de 1939, quedaba finalizado el conflicto con la victoria del general Francisco Franco. Una de las mayores defensas que algunos hacen de este general, fue su pretendida neutralidad ante el conflicto mundial que se estaba desarrollando en el continente europeo. No obstante, sí hubo varias tentativas por parte del régimen franquista de entrar del lado de las Potencias del Eje con la esperanza de conseguir suculentas ganancias territoriales a costa de los dominios coloniales franceses. El 3 de junio de 1940, ante la inminente rendición de Francia, el general Franco ofreció sus servicios al führer como podemos observar en parte de su correspondencia entregada por el general Juan Vigón:

«Querido Führer: en el momento en que los ejércitos alemanes bajo su dirección están conduciendo la mayor batalla de la historia a un final victorioso, me gustaría expresarle mi admiración y entusiasmo. No necesito asegurarle lo grande que es mi deseo de no permanecer al margen de sus cuitas y lo grande que es mi satisfacción al prestarle en toda ocasión servicios que usted estima como valiosos».

A pesar de estos ofrecimientos, Hitler rechazó la oferta del caudillo. Las cosas empezaron a torcerse cuando la batalla de Inglaterra entre Alemania y Reino Unido se prolongaba más de lo necesario. Por otro parte, a Franco le llegó un crucial informe procedente de la marina en el cual se exponían las carencias materiales y logísticas de las Potencias del Eje para sostener una guerra de larga duración. Por esta razón, al caudillo ya no le pareció tan buena idea participar en la guerra del lado de los “vencedores”. También ayudaron los astronómicos sobornos por parte del Reino Unido a generales cercanos a Franco para convencerlo de permanecer estrictamente neutral. Estos pagos se llevaron a cabo por intermediación del multimillonario Juan March.

Así pues, llegamos a la fallida entrevista de Hendaya el 23 de octubre de 1940, donde se produjo un diálogo de sordos entre Franco y Hitler. El führer quería la inmediata participación de España para dejar a su ejército avanzar hasta Gibraltar y cerrar el Mediterráneo occidental al Reino Unido (Operación Félix). Por otro lado, Franco argumentó que las condiciones no eran las más favorables y a cambio quería suministros y compensaciones territoriales para los cuales Alemania no podía comprometerse, como el Marruecos francés, el Oranesado y la ampliación de las posesiones españolas en Guinea. Hitler necesitaba el apoyo de la Francia de Vichy, por lo que se hacía imposible ceder parte de su extenso imperio colonial a España sino quería enemistarse con Pétain.

Por suerte para Franco, el aplazamiento sine die de la Operación Félix debido a la torpe actuación de Mussolini en el Mediterráneo oriental provocó que no tuviese que intervenir en contra del Reino Unido, país que por otro lado, le permitía el abastecimiento de cereales y petróleo desde América, esencial para el sostenimiento de la economía nacional. La oportunidad real para el caudillo llegaría con el comienzo de la Operación Barbarroja el 22 de junio de 1941, para la cual preparó un cuerpo de voluntarios civiles y de militares (también de represaliados republicanos) que se conocería con el nombre de ‘División Azul‘. Más tarde, el 14 de febrero de 1942 Franco dio una emotiva arenga a sus oficiales en el Alcázar de Sevilla:

“Si el camino a Berlín estuviera despejado, no solo participaría en la lucha una división de españoles, sino que además ofreceríamos la ayuda de un millón de españoles”.

El destacamento de la División Azul tendría un papel simbólico en el Frente oriental, si bien se ensalzó su participación en la batalla de Krasni Bor durante el sitio de Leningrado. A tenor de las derrotas alemanas y presionado por los aliados, Franco ordenó la retirada de la División Azul en octubre de 1943. Por otro lado, además de este cuerpo de voluntarios, el régimen franquista suministró wolframio al III Reich y había permitido el repostaje de submarinos alemanes en bases españolas. Si bien Franco no ocultó su cercanía ideológica con las Potencias del Eje, la precaria situación económica y material de España tras la Guerra Civil española, los desastres de Mussolini, la habilidad de la diplomacia británica, así como el desprecio de Hitler hacia el caudillo, impidieron una mayor participación de España en el conflicto.

Franco y Hitler en Hendaya
Franco y Hitler en Hendaya, 23 de octubre de 1940.

5º El desastre italiano en la invasión de Grecia obligó a retrasar la Operación Barbarroja

Benito Mussolini se convirtió en el principal aliado del III Reich en Europa tras su intervención en el conflicto en junio de 1940. Sin embargo, su supuesta ayuda ha sido ampliamente cuestionada pues sus múltiples desastres conllevaron la apertura de otros frentes imprevistos para Alemania. Se ha dicho reiteradamente que los reveses sufridos por las tropas italianas en territorio griego entre octubre de 1940 y abril de 1941, ocasionaron un retraso crucial en la Operación Barbarroja, prevista para mayo de 1941 y efectuada finalmente el 22 de junio de ese año.

Ante el descalabro italiano, el III Reich se vio obligado a intervenir tanto en Grecia como en Yugoslavia en abril de 1941, pues además en este último país había tenido lugar un golpe de Estado a favor de los aliados. No obstante, a pesar de lo que se suele pensar, lo que influyó verdaderamente en el retraso de la Operación Barbarroja no fue la estrepitosa derrota de Mussolini, sino las condiciones climatológicas desfavorables debido a las intensas lluvias de primavera que habían dejado un inmenso lodazal de barro impracticable para las unidades motorizadas encargadas de la invasión.

fascismo
En el centro de la imagen, observamos a Mussolini rodeado de sus compinches. Sus sucesivas derrotas causaron un gran quebradero de cabeza al führer

6º La Unión Soviética y el III Reich fueron enemigos irreconciliables de principio a fin

El inicio de la Operación Barbarroja el 22 de junio de 1941 supuso la apertura de un frente que se extendió miles de kilómetros a lo largo y ancho del vasto territorio de la Unión Soviética. Muchos analistas consideran esta acción como el mayor error que Hitler cometió durante todo el desarrollo del conflicto. Pero antes de este hecho que cambió el curso de la guerra por completo, cabría preguntarse cuáles eran las relaciones existentes entre el III Reich y la Unión Soviética. Pues bien, a pesar de los recelos que se profesaban en secreto Hitler y Stalin, ambos países mantuvieron una relación estrecha de cooperación y asistencia mutua aunque muchos interesados traten de ocultarlo deliberadamente.

La firma del Pacto Ribbentrop-Mólotov el 23 de agosto de 1939, supuso la concreción de dos esferas de influencia en Europa del este, una para el III Reich y otra para la Unión Soviética. Hay quienes justifican a Stalin argumentando que lo que pretendía realmente era proteger a su país de una posible agresión alemana. Aunque habría que cuestionarse porque entonces Stalin efectuó la invasión a otros países como Polonia oriental, Finlandia (del cual salió bastante escaldado en la llamada Guerra de Invierno), Estonia, Letonia, Lituania y la región de Besarabia (Rumania). Además, antes de la invasión de la Unión Soviética, el III Reich recibía de este país cientos de miles de toneladas en forma de alimentos y de materias primas como petróleo, fosfatos, cromo, hierro, acero, algodón, platino y manganeso.

De derecha a izquierda: Joachim von Ribbentrop, Viacheslav Mólotov y Iósif Stalin. 23 de agosto de 1939

7º Estados Unidos fue el principal actor que liberó a Europa del nazismo

Son ampliamente comunes las proyecciones cinematográficas sobre el Desembarco de Normandía, además de otras operaciones de los aliados en el frente occidental. El avance imparable de las tropas anglo-norteamericanas por el oeste hacia el corazón del III Reich, ha sido motivo de inspiración para una gran variedad de medios. Pero, ¿hasta que punto estos hechos influyeron en la derrota nazi? Puestos a analizar concienzudamente, el 80% de las bajas alemanas se produjeron en el Frente Oriental contra la Unión Soviética, por lo que fue este país y no Estados Unidos el que más recursos humanos y militares tuvo que movilizar para vencer a la Alemania nazi, a pesar de lo que nos haya querido mostrar la todopoderosa industria de Hollywood.

Ahora bien, sin desmerecer el esfuerzo y sacrificio de millones de soldados, el Desembarco de Normandía, al igual que los desembarcos que tuvieron lugar en Italia y sur de Francia sí que ayudaron a acelerar la derrota alemana al tener que combatir en múltiples frentes de forma simultánea. Por otro lado, al mismo tiempo Estados Unidos combatía contra Japón en el Frente del Pacífico. La participación estadounidense en el teatro occidental fue fundamental para la posterior reconfiguración de Europa en torno a dos zonas de influencia, una para los estadounidenses y otra para los soviéticos, lo que posteriormente dará lugar a la Guerra Fría. Cabe mencionar que en los países que quedaron bajo la influencia soviética, se instauraron regímenes dictatoriales comunistas vigentes durante más de 40 años.

Desembarco de Normandía
Imagen del Día D, 6 de junio de 1944

8º La Ley de Préstamo y Arriendo, ¿decisiva para la Unión Soviética?

La Ley de Préstamo y Arriendo (Lend-Lease) fue aprobada por el gobierno de Franklin D. Roosevelt el 11 de marzo de 1941 mediante la cual se suministró toneladas de alimentos, materias primas y material bélico (aviones, tanques, destructores,…) a países como el Reino Unido, la Unión Soviética, el gobierno de la Francia Libre y la China nacionalista, entre otros. El país más beneficiado por esta ayuda fue el Reino Unido y en segundo lugar, la Unión Soviética. A través de esta política, Estados Unidos salía de su anterior aislamiento para intervenir de forma directa en favor de los aliados.

Se ha dicho reiteradamente, entre otras cuestiones, que esta ley fue crucial para salvar a la Unión Soviética del exterminio total del III Reich. Si bien es verdad que Estados Unidos contribuyó sobremanera con su potente industria al esfuerzo de la guerra, la mayor parte del material bélico utilizado contra el III Reich procedía de las propias fábricas soviéticas. Aun así, la ayuda estadounidense sí supuso un cierto respiro para Stalin sobre todo en otras clases de suministros (alimentos, camiones, petróleo, etc). Ante el gran desafío de su nación, el líder soviético cual no dudó en calificar el conflicto como la ‘Gran Guerra Patria‘.

El presidente Roosevelt firmando la Ley de Préstamo y Arriendo, marzo de 1941

9º ¿Las bombas atómicas sobre Japón evitaron millones de muertes?

Según la versión oficial de los gobiernos estadounidense y británico, los ataques nucleares sobre las ciudades Hiroshima y Nagasaki evitaron una operación anfibia a gran escala contra el Imperio japonés que hubiera costado millones de vidas entre civiles y militares. En las cruentas batallas de Iwo Jima y Okinawa de 1945, habían perecido la práctica totalidad de los efectivos japoneses causando cuantiosas bajas al ejército estadounidense. Esto hizo presagiar una resistencia extrema en caso de efectuar una invasión convencional del territorio japonés. La rendición era considerada un deshonor para el soldado convencional japonés, siendo preferible la lucha hasta la muerte o el suicidio ritualizado a través de la técnica del seppuku.

La ‘Operación Downfall’ había contemplado una hipotética invasión anfibia al Imperio japonés. Dicha operación se dividía a su vez en dos partes: ‘Olympic’ para ocupar la isla de Kyushu en noviembre de 1945 y ‘Coronet’ para conquistar la isla de Honshu (la principal del país) en la primavera de 1946. El gobierno de Estados Unidos había estimado entre 100.000 y 1 millón de bajas estadounidenses hasta la ocupación definitiva de Japón en 1948, según diversos cálculos. Esto significaba un esfuerzo mucho mayor que el realizado durante el desembarco de Normandía, por lo que el gabinete del presidente Truman estimó oportuno utilizar las bombas atómicas contra varios objetivos japoneses y de esta manera, forzar de una vez por todas la rendición incondicional japonesa.

No obstante, el Alto Mando Japonés trataba de buscar una salida negociada de la guerra que respetara al menos el carácter divino del emperador. Por otro lado, la declaración de guerra por parte de la Unión Soviética el 8 de agosto de 1945 pilló desprevenido al Alto Mando Japonés, ya que esperaba que los soviéticos ejercieran como mediadores en las negociaciones de paz. Esta repentina declaración de guerra hizo temer al ejército japonés un destino similar para su emblemático emperador Hirohito al ocurrido al zar Nicolás II, en caso de una hipotética ocupación soviética. Según la opinión de algunos autores, fue la rápida victoria soviética en el territorio de Manchukuo (China) lo que más influyó en la posterior rendición japonesa. Otros alegan la asfixia económica que arrastraba Japón como consecuencia del insufrible esfuerzo bélico desde 1937. No obstante, en este punto existe todavía gran diversidad de opiniones como la de Rubén Villamor, que quita importancia al papel ejercido por la Unión Soviética.

Imagen de la explosión atómica de Hiroshima

10º Holocausto, ¿exclusivamente contra el pueblo judío?

Los campos de concentración significaron la mayor muestra de barbarie y deshumanización perpetrada por el III Reich alemán. Las imágenes de los hornos crematorios y de las cámaras de gas han permanecido en la memoria de la humanidad hasta nuestros días. El pueblo judío fue uno de los principales objetivos de las autoridades nazis obsesionadas por alcanzar la pureza de la raza aria, provocando de esta manera el exterminio de más de 6 millones de personas pertenecientes a este colectivo. Hoy en día, se hace necesario más que nunca recordar este genocidio ante la negación de ciertos individuos.

No obstante, aparte del pueblo judío también existieron otras minorías no menos importantes que sufrieron los devastadores efectos del Holocausto tales como gitanos, testigos de Jehová, personas con discapacidad física o psíquica, homosexuales, prisioneros políticos, alemanes de ascendencia africana, polacos, serbios, entre otros. Otro grupo que corrió la misma suerte fueron los prisioneros de guerra soviéticos, estimados en 3’3 millones de víctimas de un total de 5’7. En total, se calcula que murieron más de 18 millones de personas víctimas del Holocausto, según datos del Museo del Holocausto de Washington.

Prisioneros en el campo de concentración de Auschwitz

Bibliografía:

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